La Conferencia Episcopal de Honduras tiene al frente, desde 2023, al español José Vicente Nácher Tatay. El arzobispo de Tegucigalpa, que sustituyó al cardenal Oscar Andrés Rodríguez Maradiaga como pastor de la capital del país, ha participado en la cumbre ‘Amoris laetitia’ en el Vaticano, que ha tenido lugar justo unos días después de que los obispos hondureños se encontraran con el papa León XIV en el marco de su visita ad limina.
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Nacido en Valencia, Nácher fue ordenado sacerdote en 1991 tras licenciarse en Sociología por la Universidad de Alicante, y en Filosofía y Teología por la Facultad de Teología de Cataluña. El misionero paúl lleva más de dos décadas en Honduras, donde ha llegado a ser el provincial de su congregación, hasta que Francisco se fijó en él para tomar el timón de la diócesis más importante del país en enero de 2023.
En medio de un descanso de las sesiones plenarias del encuentro, el religioso atiende a ‘Vida Nueva’ para abordar los desafíos abiertos por la exhortación y a los que, diez años después, toca dar respuesta.
PREGUNTA.- ¿Cómo ha vivido este encuentro al que les ha llamado el Papa para reflexionar ante el décimo aniversario de la exhortación de Francisco?
RESPUESTA.- Con mucha ilusión porque, ciertamente, las familias no solamente son el objeto de la evangelización, sino también el sujeto. Hay que evangelizar a las familias, pero también evangelizar con las familias y desde las familias. Esta es una propuesta que ha salido durante el encuentro y que es muy interesante.
Aunque es evidente que hay realidades de familias diversas en todo el mundo, cada vez hay más cuestiones que son muy comunes. Por ejemplo, el tema de la telefonía móvil, que tanto ha marcado los hogares, pero también la migración, la pobreza o la violencia, todas ellas problemáticas que tanto marcan y condicionan la realidad familiar.
‘Familiaris consortio’
P.- ¿Queda algo por aterrizar en la pastoral familiar diez años después de la publicación de ‘Amoris laetitia’?
R.- Creo que sí, o, mejor dicho, creemos que sí. ‘Familiaris consortio’, de Juan Pablo II, hizo gran énfasis para que existiera en cada parroquia y en cada diócesis una pastoral de familia. ‘Amoris laetitia’ profundizó en nuevas metodologías de acompañamiento, acogida, discernimiento e integración de las parejas y esta es, precisamente, una cuestión que todavía necesita mucho mayor desarrollo.
P.- El papa León XIV, cuando abría el encuentro el pasado 7 de octubre, dejaba una pregunta en el aire para todos los presentes: “¿Qué tipo de Iglesia encuentran las familias más frágiles?” No sé si en estos días le ha dado a usted tiempo a responder esta pregunta…
R.- La Iglesia y la familia son las dos instituciones históricas que están extendidas en todo el mundo y que perduran. La primera es por vínculos de sangre. La segunda, por otros vínculos, pero ambas son las que constituyen criterios de pertenencia y dotan de significado la vida. Las familias sin la Iglesia pierden y la Iglesia sin las familias queda como vacía, queda como artificial y desencarnada: son dos realidades muy interconectadas.
Entonces, el Santo Padre, cuando preguntaba qué Iglesia van a encontrar las familias, efectivamente la respuesta que se está construyendo es que cada vez más la Iglesia tiene que, no solamente prestar atención a las familias y dar buenos consejos, sino ceder el protagonismo a las familias dentro de ella y cuanto más en lo que refiere a la pastoral familiar.
