Tribuna

¡Somos plegaria… somos santos! Oramos con vos, hermano León XIV

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1.     Pedido de oración

El domingo pasado (11/10) recibimos la noticia que el obispo de Roma comunicaba al mundo su operación de un “nódulo pulmonar” … y a partir de ese momento hasta las últimas publicaciones, luego de su operación del lóbulo inferior, comenzaron a circular oraciones, imágenes, “cadenas”, etc., para suplicar por la salud de León XIV…



Esta noticia es la más popular para los medios, diplomacias, comunidades cristianas, etc., pero en lo cotidiano de nuestra vida nos encontramos con situaciones que nos llevan como a “rezar más”.

Y es en esos momentos en que descubrimos que la vida es plegaria.

2.     Oración es …

Al ver estados o historias de “oración por el obispo de Roma”, pudimos percibir algunas cuestiones que pueden ayudarnos a hacer catequesis en este momento y con esta situación. Como la catequesis parte de los interrogantes que nos planteamos (De Vos, Frans, 2019), es que nos preguntamos ¿qué es una plegaria? Y seguramente habrá muchas respuestas valiosas…

  • a.  relación libre

Una primera respuesta podría ir por el lado de que la oración es la común-unión entre dos libertades (CDF – Sobre la oración, 1989), porque la Trinidad quiere comunicarse y entrar en diálogo con las personas (Concilio Vaticano II – DV, 1965) llamándonos y considerándonos “amigos” (DV #2, 6, 11 – 12). Esta relación vive en plenitud porque “la verdadera dignidad del amigo se mide por la intensidad con que ama. Además, la amistad es operadora del bien de la virtud: los amigos se hacen cotidianamente mejores por la convivencia virtuosa” (Pironio, Eduardo Francisco, 1971).

A su vez, el ser humano quiere vincularse con Dios y en la oración busca compartir, con quienes amamos y nos aman, la vida con nuestras alegrías, angustias, tristezas, esperanzas, búsquedas, frustraciones, emociones, etc.

¡Lo más hermoso del encuentro entre personas libres, es que ninguna está obligada a responder a la otra, sino que ambas quieren, desean, buscan la manera de encontrarse y comunicarse en profundidad!

Vivir así a la oración, es romper la relación tóxica del recurso que busca “cambiar a Dios o su voluntad” o quiere un beneficio personal ante una necesidad.

  • b. actitud humana

Una segunda dimensión que nos parece oportuno reafirmar es a la oración como una actitud de las personas que quieren entrar en la comunión trinitaria. Insistimos en que es un “talante”, es decir, un modo interior y exterior de vivir que lo expresamos en manera de plegaria con quien orienta la vida y la historia hasta su plenitud, viviendo que ya la existencia está redimida con la acción salvífica del Mesías nacido en Palestina. Por lo tanto, no es una acción o actividad de algún momento cotidiano que se inicia con un rito o iteración de frases, ni un medio para “alcanzar la redención”.

Dicho talante humano, tiene dos facetas fundamentales. La primera, es la personal donde la vivencia de cada sujeto “inter – locuta” con la Trinidad para expresarle aquello que sale de lo profundo del corazón. La segunda es la comunitaria/social, en donde se comparten o elevan oraciones que quieren manifestar la unión de la asamblea convocada o en donde se tienen en cuenta situaciones vitales que requieren de nuestra acción. Dos “caras de la misma moneda” que han de estar equilibradas para no caer en alguna desviación peligrosa: una el individualismo o yoismo (León XIV – Jubileo con Influencers, 2025) y la otra, el populismo religioso que solo se enfoca en actos y mera recepción de sacramentales y sacramentos, transformando a la evangelización eclesial en la expresión de una ONG piadosa y asistencial (Francisco – Primera Homilía, 2013).

Los seguidores de Jesús, el mesías de Palestina, oramos con todo nuestro ser y nada queda alejado ni relegado. Desde lo teológico, el Verbo asumió la naturaleza humana. Desde el punto de vista antropológico, comunicarnos con Dios requiere de nuestra corporeidad, emociones, expresiones verbales, silencios, posturas, gestos, melodías, etc. Desde el punto de vista sociológico, la dimensión comunicacional y relacional requiere de códigos, ritos, fórmulas, periodicidad, etc., por ser personas encarnadas en múltiples dimensiones.

Somos Plegaria

  • c. un Dios que ora en nosotros

Por la maravillosa experiencia bíblica compartida por Pablo, confesamos que en Dios “vivimos, nos movemos y existimos” (Hchs. 17, 28), y que por momentos es difícil expresar con tanta profundidad la vivencia abisal a la que un hermano teólogo de España expresara oportunamente (Torres Queiruga, Andrés, 1992). Es por ello que a menudo buscamos compartir una profundidad que el lenguaje no logra expresarlo acabadamente. Una expresión humana que intenta manifestar esta experiencia es “Dios está dentro de cada uno”. Nosotros en él, él en nosotros… dimensiones hondas de la revelación manifestada por el Verbo hecho carne y nacido en Palestina: siendo Dios, y sin dejar de serlo, se hizo uno de nosotros, viviendo con otros y siendo “Dios con nosotros” (Mt. 1, 23).

La Trinidad al revelarse y hacernos partícipes de su naturaleza (DV #2), se transforma en una vivencia tan honda que nuestros vocablos, por momentos, pueden expresar algo de su misterio. A la vez, cuando pronunciamos su “palabra”, ella hace eco (catequesis) en nuestra existencia. Dios habla, se comunica y al hacerlo suscita vida… y el lenguaje humano balbucea esa hondura también en manera de plegaria.

Quizás por esa vivencia, Pablo hace memoria de la acción de Dios cuando afirma: “el mismo Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad porque no sabemos orar como es debido; pero el Espíritu intercede por nosotros con gemidos inefables” (Rom. 8, 26). Y ahí nuevamente vivimos la hermosa conmoción que nos “anuda el corazón y la garganta” (Misioneras Diocesanas, 2021), porque quedamos desbordados de amor al percibir que hay un Dios que está siempre, que actúa y que por la presencia del Espíritu “ora en nosotros y con nosotros” (Rahner, Karl, 2010, pág. 38).

Cuando oramos vivimos la hermosa experiencia de “dialogar” con quien, amándonos, tomó la iniciativa en “interlocutar”. La oración expresa la anchura y profundidad de la santidad ontológica que se hace conversación con quien nos considera y trata como amigos (Concilio Vaticano II – GS, 1965)(#22).

Por la acción del Espíritu, la oración se hace coloquio entre personas libres que quieren comunicarse. La ruah divina, como aliento vital, intercede por nosotros con “respiros inefables”. En la cita de Pablo en la carta a los romanos que hemos citado, el vocablo “gemidos” es la traducción del sustantivo stenagmos que se podría traducir “por suspirar, suspiro, gemido, lamento” (Biblia de estudio – gemidos, 2026). Desde ahí, podríamos contemplar a la oración como esa respiración en la que la Trinidad va inspirando y comunicándose, como ese aire fresco que va alentando y sosteniendo la existencia.

Nuevamente la pedagogía de Dios nos sorprende, porque dialogar, respirar, pronunciar, expresar, conversar, etc., es a la vez método y contenido (Curia, Christian – Somos catequistas III, 2026). Por lo tanto, orar o rezar, no solo es una actividad humana, sino que por medio de ella vamos profundizando nuestra adhesión al Dios que se ha revelado.

Cuando oramos:

“Dejamos al Espíritu hablar. Y en estremecida reverencia y en suave amor, hacemos eco de sus palabras. Hablamos con él y como él. Oramos” (Rahner, Karl, 2010, pág. 52).

Quizás por tal motivo, en la oración se hace patente que, la voz de Dios: “Es una realidad teándrica, en la cual lo humano, la letra, envuelve lo divino, el mensaje de Dios. La palabra humana contiene y expresa la palabra divina” (Torres Queiruga, Andrés, 1992, pág. 281).

  • d.    es educadora

La oración es pedagogía porque nos ayuda a descubrir al misterio que adoramos, agradeciendo su presencia en el mundo, en la vida de tantos hermanos y nos exhorta a ahondar en nuestro propio ser para revalorizar nuestra humanidad y vínculo con la Trinidad: “Dios no nos viene ni se nos va en la oración. Vino y se nos dio de una vez por todas. Lo que, en la oración, por tanto, puede y debe venirnos es la toma de conciencia de lo que acontece cuando se tiene y cuando no se tiene conciencia de ello, cuando se ve y cuando no se ve ni se siente: la presencia amorosa y permanente de Dios en nuestras vidas” (Domínguez Morano, Carlos, 1994).

3.     Cambio necesario

Una de las maneras de elevar nuestras plegarias, es la súplica como esa petición ante la necesidad, angustia, tristeza, etc. Esta herramienta más que informar a Dios de lo que nos sucede, quiere ayudarnos en el desahogo y desconsuelo, haciendo evidente la conmoción interna ante el dolor propio y ajeno que nos invita a pedir no “para cambiarlo a él, sino para excitar en nosotros la confianza de pedir” y actuar (de Aquino, Tomás – STh II – II, 1998) (q. 83, a 3 ad 5). Dado que lo vivido y percibido en la realidad nos conmueve es que suplicamos que lo contemplado (La Trinidad) nos impulse a obrar. Por lo tanto, la petición más que decirle a Dios que intervenga desde fuera, es una apertura existencial a la caridad. Suplicar a Dios que realice algo por nosotros, en el fondo, no es haber comprendido que él nos creó sumamente libres para construir y contribuir al bien común. Quizás más que pedir que pase una determinada acción, la petición es acogida de su invitación a realizar algo en bien de las personas y de nosotros mismos.

Una pequeña y sustancial transformación nos puede ayudar a zambullirnos en la dinámica de la oración:

  • pasar del “Te pedimos por el Papa León y los enfermos para que, tu mano, los cure” (a modo de ejemplo)
  • a “Padre fiel, estamos conmovidos por tantos hermanos que están enfermos, especialmente por nuestro hermano León, te pedimos que tu acción nos impulse a orar con él para descubrir que en vos nos sostenemos, para que los médicos y enfermeros, los ayuden a transitar de la mejor manera este momento y a seguir percibiendo que estás ahí junto a ellos y junto a nosotros”.

Quizás parezca una extensión de palabras para decir lo mismo. Evidentemente no lo es. La primera opción hace responsable a Dios de lo que pasa. La segunda, la comunidad orante asume el protagonismo en la historia y el rol que a ella le cabe ante la situación percibida.

Que el Dios del amor, nos siga impulsando a vivir la oración como una manifestación que él ora en nosotros, para que nosotros continuemos orando con los que sufren, especialmente, con nuestro hermano León y ser capaces de descubrir que la integralidad de la persona está por encima de sus funciones pastorales.

#catequesisrenovada #pensarlacatequesis #fransdevos #christiancuria #leonxiv

Bibliografía

Biblia de estudio – gemidos (2026).  Obtenido de https://online.bibliadeestudio.org/
CDF – Sobre la oración. (1989). https://www.vatican.va/. Obtenido de https://goo.su/atCKX
Concilio Vaticano II – Dei Verbum (1965). Obtenido de https://www.vatican.va/
Concilio Vaticano II – Gaudium Et Spes (1965). Obtenido de https://www.vatican.va/
Curia, Christian – Somos catequistas III. (2026). Obtenido de https://www.vidanuevadigital.com/
de Aquino, Tomás – STh II – II. (1998). Suma Teológica. CABA: BAC.
De Vos, Frans. (2019). Metodología Catequística. CABA: Claretiana.
Domínguez Morano, Carlos. (1994). Orar después de Freud. Madrid: Sal Terrae. Obtenido de https://mercaba.org/ARTICULOS/
Francisco – Primera Homilía (14 de marzo de 2013). Obtenido de https://www.vatican.va/
León XIV – Jubileo con Influencers (2025). Obtenido de https://www.vatican.va/
Misioneras Diocesanas (2021). ¿De quién esa voz? Obtenido de https://goo.su/9lEQATx
Pironio, Eduardo Francisco. (1971). Reflexiones sobre la amistad. Cuadernos Monásticos(19), 19-43.
Rahner, Karl. (2010). De la necesidad y don de la oración. CABA: Ágape.
Torres Queiruga, Andrés. (1992). 10 Palabras clave en religión. Navarra: Verbo Divino.