Durante estos últimos días de la habitual “rentrée” de septiembre, diversos sacerdotes franceses han empezado a notar un volumen de peticiones de bautismo ligeramente superior al habitual. Este fenómeno en los despachos parroquiales ha llevado a muchos clérigos a plantearse si la Iglesia gala está asistiendo a un incipiente efecto derivado de la reciente Jornada Mundial de la Juventud de Lisboa.
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El empujón definitivo
Y es que, según publicó La Croix, la multitudinaria cita, que congregó a medio millón de participantes, parece haber dejado un poso que ahora empieza a traducirse en nuevas llegadas a las comunidades cristianas.
Aunque todavía resulta prematuro medir con exactitud la verdadera magnitud de este fenómeno a nivel nacional, varios párrocos confirman haber detectado una tendencia muy significativa. Desde el sector de Vincennes y Saint-Mandé hasta diversas parroquias de París, como Sainte-Bernadette o zonas del distrito XV, los responsables pastorales apuntan que han recibido solicitudes de sacramentos, tanto de bautismo como de confirmación, por parte de jóvenes adultos e incluso de personas de mayor edad.
Lejos de tratarse de conversiones repentinas, los sacerdotes precisan que la experiencia de las jornadas de Lisboa ha actuado como un claro catalizador para quienes ya albergaban un deseo latente, animándoles de manera decisiva a dar ese último paso que les faltaba para comprometerse. Algo que ha reforzado la visita al país del papa León XIV.
Esta oleada de interés no surge de la nada, sino que viene a reforzar una dinámica de crecimiento que la Iglesia francesa ya venía experimentando con antelación. Diócesis como la de Yvelines observan cómo este impulso posterior al verano se suma al notable incremento de bautismos de adultos registrados en celebraciones pasadas, recordando que la cifra de adultos bautizados en la Pascua de 2023 consolidó una tendencia que ha llegado a triplicarse en los últimos tiempos.
Ahora, tras el fulgor de los grandes encuentros, como la JMJ o el viaje papal, el verdadero reto para las comunidades católicas reside en saber sostener y acompañar todo este entusiasmo inicial a lo largo del prolongado y sosegado tiempo que requiere la preparación catecumenal.
