José Francisco Gómez Hinojosa, vicario general de la Arquidiócesis de Monterrey (México)
Ex vicario general de la Arquidiócesis de Monterrey (México)

No a los estereotipos de familias


Si con algo ha batallado la Iglesia Católica para adaptarse a los cambios del mundo actual es con su concepción de familia. En muchas instituciones y encumbrados clérigos prevalece la idea de la familia tradicional: padre proveedor, madre encargada de las tareas del hogar, hijos -casi siempre más que dos- estudiantes mientras se preparan para formar sus propias familias, con las mismas características.



Sin embargo, hoy asistimos a nuevas conformaciones familiares: además de la nuclear clásica, las monoparentales, las reconstituidas, las extendidas, las virtuales, las sin hijos, las que tienen ‘mascotashijos’, etc. Tenemos cambios culturales y sociales que afectan a las familias: las migraciones, la movilidad laboral, los cambios en los roles de género, el impacto de la tecnología, los nuevos horarios de diversión, la excesiva atención a las pantallas, el aislamiento de las personas mayores de edad, etc.

Me llama la atención, entonces, que en el marco de la cumbre vaticana convocada por el papa León XIV en días pasados, para conmemorar los diez años de la ‘Amoris Laetitia’, y en la que han sido requeridos pastores, expertos y matrimonios, con el objetivo de compartir experiencias sobre la recepción de tal documento, el cardenal Filipe Neri Ferrao, arzobispo de Gea y Damán, y presidente de la Conferencia Episcopal Católica de la India, haya dicho algo que parecería impensable en un purpurado: “No existe un único modelo estereotipado de familia ideal, sino más bien un complejo mosaico de realidades diversas, marcadas por alegrías, esperanzas, dificultades y heridas”.

Por si no fuera atrevida esa reflexión, el arzobispo de Perth, Australia, Timothy Costelloe, ha ido todavía más lejos. En la misma asamblea acaba de sostener, centrándose en las parejas jóvenes que conviven -imagino que sexualmente- antes del matrimonio: “Aunque no estén a la altura del ideal del matrimonio cristiano, eso no significa que no haya nada bueno en sus relaciones“.

Encuentro Amoris laetitia

Encuentro por los 10 años de Amoris laetitia en el Vaticano. Foto: Vatican Media

Y el obispo auxiliar de Bombay, India, Stephen Fernándes, invitando al acompañamiento de las parejas que ya conviven, señaló en la misma dirección: “Sus situaciones son diversas y debemos evitar tanto la indiferencia como la condena”.

No dudo que, quienes recibieron con hostilidad a la ‘Amoris Laetitia’, hace una década, acusándola de relativismo moral y subjetivismo, de ambigüedad doctrinal, sobre todo en su capítulo octavo, en el que se mostraba ‘demasiado condescendiente’ con divorciados vueltos a casar, se rasgarán nuevamente las vestiduras ante lo dicho por Ferrao y Costelloe: los acusarán de abaratar el sacramento del matrimonio y desvirtuar la gracia.

Yo celebro, en cambio, el que nuestra Iglesia Católica busque acercar a quienes se han alejado, a quienes hemos alejado. Urge una atención diferenciada a los diferentes tipos de familias.

Pro-vocación

Del cuatro al seis de agosto de este año, el secretario de Estado del Vaticano, Pietro Parolin, visitó México. Sorprendió al preguntar por las personas desaparecidas, dando a entender que estaba al tanto de ese flagelo nacional. Esta semana, los obispos mexicanos le entregaron al papa León XIV un texto-album titulado ‘Un nombre, mil voces’, que reúne testimonios y memorias de familias buscadoras de sus seres queridos desaparecidos -mi amigo Rodolfo García reunió la información de Nuevo León-. Bien por esta iniciativa, porque, como lo he dicho en varias ocasiones: este tipo de terribles fenómenos, si no se visibilizan no se concientizan.