Cobo, en la cumbre de la familia: “Hemos preparado más para la boda que para el matrimonio”

El cardenal de Madrid, elegido por León XIV para pronunciar una de las ponencias claves del encuentro para revalidar la pastoral de ‘Amoris Laetitia’

José Cobo, con León XIV. Foto: Vatican Media
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Durante la sesión de esta mañana del encuentro “Diez años después de Amoris laetitia: anunicar el evangelio con las familias de hoy”, el cardenal Kevin Farrell introdujo el tema del día centrado en los primeros años de vida matrimonial. El purpurado reconoció ante la cita que reúne al papa León XIV con los jefes de las Iglesias orientales católicas y los presidentes de las conferencias episcopales que se celebra en el Vaticano del 7 al 14 de octubre, si bien desde el Vaticano II se han llevado a cabo importantes esfuerzos pastorales para enriquecer la preparación al matrimonio, en la actualidad “constatamos que esto no siempre es suficiente para ayudar a las parejas de recién casados a comprender y profundizar el amor conyugal”.



Asimismo, advirtió que las dificultades surgen con eventos como el nacimiento de los hijos y aclaró que “un período de convivencia antes del matrimonio no necesariamente hace que las parejas estén mejor preparadas”. Ante esta realidad, Farrell hizo un llamamiento a la conversión pastoral de la Iglesia. Subrayó que es imperativo “ponernos a la escucha atenta de la experiencia de las parejas jóvenes casadas”.

Según detalló en su introducción, la Iglesia necesita comprender “cómo cuentan lo que están aprendiendo juntos”, identificar los recursos que extraen del sacramento, descubrir “lo que esperan de las comunidades cristianas” y entender cómo asumen su propia responsabilidad misionera.

Los primeros años

Por su parte, el cardenal José Cobo Cano, arzobispo de Madrid, articuló una reflexión sobre los retos pastorales, planteando desde el inicio una duda fundamental: “¿comprendemos de verdad, desde el inicio, la realidad de las parejas que queremos acompañar?”. El arzobispo advirtió sobre el peligro de haber preparado a las parejas “más para la boda que para el matrimonio”.

Para Cobo, el verdadero desafío radica en transitar de una “pastoral de momentos, concentrada especialmente en la preparación del sacramento, a una pastoral capaz de acompañar procesos que abarcan toda la vida”. Al analizar las diferentes etapas, Cobo desgranó las necesidades desde antes del noviazgo hasta los primeros años de casados, donde el objetivo es “construir un ‘nosotros’ sin borrar el ‘yo’ y el ‘tú’”.

Encuentro por los diez años de Amoris laetitia. Foto: EFE

Destacó experiencias concretas que se ensayan en Madrid, como la propuesta denominada “El reloj de los novios”, basada en la intuición de que “una pareja necesita regalarse tiempo de calidad para hablar, revisar su historia, reconocer fortalezas y fragilidades, rezar y discernir”. Enfatizó que a lo largo de la vida conyugal surgen transiciones como problemas económicos o desgaste, por lo que es vital “ofrecer espacios de revisión antes de que las dificultades deterioren profundamente el vínculo”.

Acompañar la soledad

Finalmente, Cobo situó a la comunidad como el eje central de este proceso. Lamentó que “en una sociedad cada vez más individualizada, no pocas parejas viven su matrimonio con bastante soledad”, recordando que el matrimonio es “una vocación eclesial, llamada a crecer y a desplegarse dentro de una comunidad”.

Propuso, por tanto, potenciar la figura de matrimonios que acompañan a otros, “no como expertos, sino desde una experiencia vivida”, logrando así “generar comunidades capaces de acoger, acompañar y sostener la vida conyugal”. Cobo, en este sentido, pidió potenciar las comunidades de apoyo conyugal. “¿Cómo hacer normal que un matrimonio pida ayuda sin esperar al límite?”, preguntó ante la asamblea.

Después de la boda

Por su parte, la profesora María Marcela Mazzini enfocó su intervención en lo que definió como la “mistagogía del vínculo sacramental”, analizando qué sucede realmente después de celebrar la boda. Mazzini explicó que el consentimiento nupcial inaugura un vínculo real que debe vivir el paso del “‘yo’ y el ‘tú’ al ‘nosotros’”, subrayando que los primeros años son mistagógicos porque “lo celebrado ante el altar debe tomar cuerpo en una cocina, en un dormitorio, en el llanto de un hijo, en una cuenta bancaria”.

Al aterrizar en la realidad cotidiana, la experta identificó cuatro núcleos de crisis en esta dimensión pascual: la comunicación y regulación del conflicto, la organización de la vida común y su “carga mental”, la economía junto al proyecto de vida, y finalmente, la sexualidad y la intimidad. Alertó de que “comunicarse mal deteriora el matrimonio y un vínculo deteriorado dificulta comunicarse bien”, insistiendo en que el “nosotros” conyugal “no aparece automáticamente porque dos personas se amen” sino que representa una tercera cultura familiar nueva e irrepetible.

Frente a estos desafíos, Mazzini reivindicó el vínculo como un verdadero “lugar teológico”, donde “la gracia no sustituye la humanidad del amor sino que la habita”. Explicó que una crisis no implica necesariamente la desaparición del vínculo, sino que muchas veces “entra en crisis una determinada forma de vivir el «nosotros»“. Por ello, abogó por un acompañamiento pastoral liderado por matrimonios que “experimenten la felicidad de esta forma de vida cristiana”, ya que “los jóvenes no ven muchos testimonios de personas felices entre quienes estamos casados”.

Para concluir, Mazzini invirtió la perspectiva tradicional preguntando “qué aprende la Iglesia cuando escucha su experiencia creyente”. Aseguró que una pareja que supera conflictos sin convertir al otro en enemigo “puede enseñar mucho a una Iglesia llamada a la sinodalidad”. El matrimonio sacramental, resumió, consiste en aprender “el oficio espiritual de ser esposos”, demostrando al mundo que “la unidad no exige suprimir la diferencia; pertenecer no significa poseer” y que la fidelidad ayuda a atravesar las transformaciones.

Encuentro por los diez años de Amoris laetitia. Foto: EFE

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