Este sábado 10 de octubre, el papa León XIV recibió en audiencia a los participantes del Sínodo de los Obispos de la Iglesia de Antioquía de los greco-melquitas. Durante su intervención, el pontífice expresó su profunda solidaridad ante la dramática situación que atraviesan los territorios tradicionales de esta comunidad, donde los fieles se encuentran “acosados por la guerra, los disturbios, el extremismo religioso y la angustia económica”.
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Estoy cerca de vosotros
Para reconfortar a la población, el Papa mostró un apoyo incondicional: “A través de vosotros, quisiera decir a vuestra amada Iglesia: estoy cerca de vosotros. Toda la Iglesia católica está con vosotros”. El Santo Padre recordó además sus raíces históricas, destacando que fue precisamente en Antioquía donde los seguidores de Jesucristo fueron llamados “cristianos” por primera vez. En este sentido, alabó que hoy, al igual que aquellas primeras comunidades, sus parroquias se distinguen por vivir la caridad, al estar impulsados “por el Espíritu a compartir la comida con los hambrientos, a proporcionar educación y atención sanitaria, a acompañar y alentar a los que sufren”.
León XIV ensalzó la difícil pero esencial vocación de esta Iglesia, instándolos a erigirse como “testigos de reconciliación y paz en tierras devastadas por el conflicto” y verdaderas “semillas de comunión en tierras marcadas por la violencia”. Sin embargo, el pontífice también aprovechó la solemne ocasión para lanzar una firme advertencia sobre los conflictos y ambiciones internas, recordando a los obispos que su Sínodo ejerce como “guardián de la comunión”. Haciendo referencia directa a su Carta Apostólica ‘Mutua Concordia’, el Papa exigió mantener una vigilancia constante para no sucumbir a la tentación de buscar “el poder en lugar del servicio, el beneficio en lugar de la transparencia y la honestidad, y el éxito personal en lugar de la atención pastoral”.
Finalmente, el discurso papal no se limitó a las palabras de aliento, sino que anunció medidas materiales concretas para frenar la emigración forzada de estas comunidades. El papa confirmó que, gracias a la generosidad de muchos, la Sede Apostólica “está garantizando que haya becas disponibles para que los fieles de Siria, Líbano e Irak reciban una educación católica”. El objetivo prioritario de esta iniciativa, concluyó el pontífice, es brindar apoyo directo a los jóvenes para asegurar que las familias dispongan de la asistencia necesaria “para permanecer en Oriente Medio y mantener una presencia cristiana”.
