Tribuna

Tenía 73 años

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He decidió que cada vez que, por desgracia, escriba sobre el suicidio de un sacerdote, voy a titular el artículo con la edad de quien no ha encontrado otra salida.



Bernard Card, sacerdote de la diócesis de Dijon, en Francia, se suicidaba en la casa parroquial. Al parecer, era un sacerdote activo, implicado en varias ocupaciones diocesanas y de trato fácil y cercano.

Hace unos años, un suceso familiar le dejó profundamente afectado. El suicidio de su hermano, según comenta el obispo en la carta dirigida a la diócesis, seguía intensamente presente en su vida. Es de agradecer que los obispos no oculten el suicido de los sacerdotes. Sin embargo, no puedo menos que seguir clamando por un acompañamiento cercano, diario, que evidencie a los sacerdotes que no están solos. Cada persona tiene formas diferentes de mostrar, incluso inconscientemente, que necesita algo más de atención.

Si arrastraba el dolor por el suicidio de su hermano desde hacía tiempo, ¿nadie pensó que podía estar viviendo un duelo patológico? No es señalar a nadie, pero decimos muchas cosas, hacemos muchas reflexiones hacia fuera, pero hacia dentro es como si eso no valiera. Un sacerdote debe estar pendiente de las personas que lo acompañan en la comunidad. Acompaña a las personas cuando una pérdida familiar los golpea, pero ¿qué acompañamiento tendría el bueno de Bernard cuando su hermano se suicidó?  Si lo tuvo, ¿alguien, o él mismo, pondría término transcurrido un tiempo?

Solo quedan las conjeturas

Bernar Card no era una persona joven, estaría formado de otra manera. Tal vez, nunca lo sabremos ya, pedir ayuda fuera mucho para él. Tal vez creyera que él estaba para los demás y, no tanto, los demás para él. Tal vez… Ahora solo podremos hacer conjeturas. Hay que insistir mucho en el cuidado mutuo en las comunidades. Todos debemos estar para todos, con todos, por todos.

Es urgentísimo abordar ciertas reformas en y para el ministerio sacerdotal porque, no estamos solo ante el suicido de un sacerdote. Estamos ante una realidad que debería abordarse dentro de las propias comunidades, ¿cómo cuidamos, acompañamos, a quien nos acompaña, a la propia comunidad?

La soledad no deseada no puede ser algo que abordemos de cara a personas mayores o con determinadas características. Hablo con muchos sacerdotes mayores en contextos y países distintos y, me llama poderosamente la atención como, llegados ya a una cierta edad, la cuestión del celibato la bordan como “el gran peso de la soledad porque no hay familia”. Lo entrecomillo porque es la frase que me dijo un hace pocos meses.

Bernard Card, sacerdote diócesis de Dijón

Bernard Card, sacerdote diócesis de Dijón. Foto: Diócesis de Dijón

Cuando hablamos de hacer del celibato algo opcional, no es algo que se diga por dar salida a determinadas situaciones que se podrían regularizar, como piensan algunas personas, sino porque está directamente relacionado con obligar a vivir una forma de vida para la que, de verdad, no se prepara bien a nadie.

Descansa en paz Bernard. No es una frase hecha. Descansa en paz y en la Paz que no abandona.