“¿Qué tipo de Iglesia encuentran las personas precisamente cuando son más frágiles?”. El Papa ha centrado en esta pregunta su discurso en la apertura del encuentro que reúne desde este miércoles en el Vaticano a los jefes de las Iglesias Orientales Católicas y a los presidentes de las Conferencias Episcopales con motivo de los diez años de ‘Amoris laetitia’. Una semana de trabajo que León XIV ha abierto pidiendo afrontar con “coraje” algunas de las distancias que han ido apareciendo entre la propuesta cristiana sobre la familia y la realidad que viven hoy muchas personas.
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El encuentro no está planteado únicamente como una conmemoración de la exhortación publicada por Francisco en 2016. León XIV ha convocado a los responsables de las Iglesias locales para revisar qué ha ocurrido durante esta década en contextos culturales y pastorales muy distintos y qué cuestiones siguen abiertas. El encuentro se prolongará hasta el 14 de octubre y concluirá con una misa presidida por León XIV en la plaza de San Pedro.
Durante su discurso, ell Pontífice ha señalado de forma explícita que “en muchos contextos, ha surgido una distancia creciente entre las formas en que se viven el sexo y la intimidad y la visión cristiana del matrimonio”. Una realidad que ha relacionado también con las dificultades que encuentran muchos jóvenes a la hora de imaginar un compromiso definitivo.
“Los jóvenes siguen anhelando amor, fidelidad y pertenencia, pero a muchos les resulta difícil comprender cómo esa visión del amor puede tomar forma en sus propias vidas o creer que un compromiso para toda la vida es la condición para alcanzar lo que desean”, ha reconocido León XIV.
“La inseguridad económica, la migración, la violencia, la soledad y otras formas de fragilidad emocional también condicionan las decisiones que toman las personas y las posibilidades que pueden imaginar para su futuro”, ha añadido el pontífice.
Cuando el lenguaje pastoral no llega
“¿Qué buscan realmente las personas bajo estos cambios culturales? ¿Qué nos revelan sus alegrías y esperanzas, sus penas y angustias?”, ha preguntado León XIV a los responsables eclesiales reunidos en Roma. “¿Dónde logran nuestro lenguaje y nuestras prácticas pastorales abrir un camino, y dónde no consiguen tocar el corazón de las personas o ayudarles en sus esfuerzos por hacer el bien?”, ha planteado.
Asimismo, el Papa ha pedido preguntarse qué está enseñando a la Iglesia la experiencia concreta de las familias y “qué podemos aprender de los padres mientras intentan acompañar a sus hijos y a los jóvenes en estos contextos”.
Para el Papa, la fragilidad merece “una atención especial” porque puede determinar la forma en que una persona se percibe a sí misma, contempla su futuro e incluso vive su relación con Dios y con la Iglesia. El desafío aparece especialmente “cuando la vida ya no se corresponde con lo que se había esperado” y llegan los límites, las heridas o lo que puede experimentarse como un fracaso.
Es ahí donde León XIV ha formulado una de las preguntas más directas del encuentro: “¿Qué tipo de Iglesia encuentran las personas precisamente cuando son más frágiles? ¿Nuestras comunidades les ayudan a descubrir que todavía tienen un lugar, una responsabilidad y dones que ofrecer?”. Y ha añadido: “¿Puede encontrarse la verdad que proclamamos a través de la paciencia, la cercanía y la misericordia de nuestra presencia pastoral?”.
El Papa ha recordado a los obispos, además, que la Iglesia también tiene que aprender de las familias. “El Señor mismo nos enseña pacientemente cuando nos tomamos el tiempo de escuchar, y ciertamente tenemos mucho que aprender de las familias”, ha afirmado. Esa escucha incluye a aquellas atravesadas por “dificultades, soledad y, en ocasiones, incluso un aparente fracaso”.
Diez años después de Amoris laetitia
Amoris laetitia, ha recordado, “ha acompañado la vida concreta de las familias y ha inspirado iniciativas y procesos”. Ahora, la intención es recoger también las dificultades encontradas, las preguntas surgidas y lo aprendido durante estos años. “La Iglesia ha pasado estos diez años acogiendo Amoris laetitia y caminando con familias en circunstancias muy diferentes”, ha resumido.
En este camino, el Papa ha reivindicado a las propias familias como sujetos de la misión de la Iglesia. Su participación se desarrolla, ha explicado, en la vida ordinaria, “a través del amor y la fidelidad, el cuidado y el perdón, la educación de los hijos, sus esfuerzos por transmitir la fe, la atención a los ancianos y a las personas vulnerables, y las muchas formas en que sirven a sus comunidades y a la sociedad”.
“Nuestra tarea, por tanto, no es únicamente interpretar estas realidades, sino dejar que nos cuestionen y motiven nuestra responsabilidad pastoral”, ha señalado. El Pontífice ha pedido, además, que los participantes preserven “la discreción y la confidencialidad” propias de este tiempo de escucha y discernimiento.
Farrell: “La catequesis no puede, por sí sola”
Antes de la intervención del Papa, el cardenal Kevin Farrell, prefecto del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, ha apuntado que “en muchos contextos, la secularización, el individualismo, la omnipresencia de la tecnología y el progresivo debilitamiento de la transmisión de la fe en las familias, van acompañados de nuevas preguntas sobre el sentido de la vida y, al mismo tiempo, del deseo de relaciones auténticas, duraderas y generativas”.
“La catequesis, esencial para la formación cristiana, sigue siendo indispensable, pero en muchos contextos no puede, por sí sola, sostener la transmisión de la fe y la maduración de una relación personal con Dios en las nuevas generaciones”, ha reconocido.
“No podemos dar por sentado ese entorno familiar y social que en el pasado contribuía, de manera casi natural, a preservar la vida cristiana en la familia”, ha afirmado. Es precisamente en la familia, ha añadido, donde “se forjan las relaciones, los afectos, la fe y las opciones de vida”.
Para Farrell, el análisis de esta década debe llevar a “repasar el camino recorrido en nuestras Iglesias, mirar los desafíos que nos esperan” y preguntarse cómo hacer más adecuado el anuncio cristiano dirigido a las familias.
Las preocupaciones de las familias llegan a Roma
Por su parte, el cardenal Mario Grech ha abierto la jornada recordando que los presidentes de Conferencias Episcopales y responsables de las Iglesias Orientales llegan este miércoles a Roma como representantes de comunidades locales muy diferentes entre sí.
“Traen consigo las esperanzas, los desafíos, las alegrías y las preocupaciones de tantas familias que constituyen las comunidades cristianas esparcidas por el mundo”, ha señalado Grech, para quien las Iglesias locales son “la savia vital de la Iglesia universal”.
Ese carácter representativo aumenta, según el cardenal, la responsabilidad de los participantes. “Sin duda, esa responsabilidad es grande, pero igualmente grande es la esperanza que suscita”, ha afirmado. “La responsabilidad nos llama a la fidelidad, a la escucha y al discernimiento; la esperanza, en cambio, nos abre a la acción del Espíritu Santo, quien sigue guiando a la Iglesia por los senderos de su misión”.
Helen Alford: evangelizar desde la fragilidad
Finalmente, la religiosa dominica Helen Alford ha apuntado que “la familia no solo proclama activamente el Evangelio, sino que también necesita recibir la proclamación del Evangelio”. La religiosa ha relacionado la belleza del matrimonio precisamente con su vulnerabilidad: “Debemos aprender a evocar la belleza de la vocación al matrimonio precisamente en el reconocimiento de la fragilidad, a fin de reavivar ‘la confianza en la gracia de Dios’ y el anhelo cristiano de santidad”. Y es que, para Alford, “la belleza de la vocación al matrimonio se encuentra a través de, con y en su fragilidad”.
Alford ha abordado también una de las cuestiones que más debate ha generado en torno a ‘Amoris laetitia’: la “ley de gradualidad” planteada por Juan Pablo II en ‘Familiaris consortio’ y retomada después por Francisco. Tras recordar que ambos textos mantienen la exigencia del ideal cristiano y, al mismo tiempo, reconocen los procesos concretos de las personas, ha señalado que “cuando las situaciones sociales son turbulentas y cambian rápidamente, puede ser necesario encontrar nuevas formas de conciliar tanto las ‘exigencias objetivas de la ley’ como la ‘ley de gradualidad’ que muchos experimentan al tratar de cumplirla”.
En “el mundo tan inestable en el que vivimos hoy”, ha afirmado la religiosa, quienes quieran dar ese paso necesitarán aprender a “ver” sus relaciones y pensar el matrimonio y la vida familiar “desde una perspectiva relacional”. “Busquemos formas de animar a los jóvenes a asumir el gran desafío del matrimonio y la vida familiar”, ha pedido Alford, sabiendo que en ese camino “experimentarán una gran fragilidad como parte del proceso de descubrir su belleza”.
