Mateo González Alonso, SDB
Redactor de Vida Nueva Digital y de la revista Vida Nueva

800 años después, ¿qué aprender del Tránsito de san Francisco de Asís?


La jornada

Este domingo, en Asís se ha vivido una histórica jornada de celebración al conmemorar el 8º centenario de la muerte, el Tránsito, de san Francisco de Asís, que es además el patrón de Italia. El final de un jubileo en el que todos podríamos haber hecho mucho más ante una figura tan necesaria.



Siguiendo el amplio despliegue de crónicas de la Agencia Sir, sabemos que los actos conmemorativos comenzaron a desarrollarse desde la noche del 3 de octubre, fecha en la que se recuerda el fallecimiento del santo en la Porciúncula en el año 1226. Por la noche se produjo la llegada de la peregrinación a pie “Cammino con Francesco”, para la cual se esperaba a más de 2000 personas inscritas. Poco después, a medianoche, sonaron de forma festiva las campanas de la basílica, marcando el inicio del gran día. A la medianoche se ofició una misa en la iglesia inferior, presidida por el cardenal Ángel Fernandez Artime, que es el delegado papal para las basílicas de Asís.

Ya en la mañana del 4 de octubre, a las seis de la mañana, la comunidad de frailes celebró su misa presidida por fray Carlos Alberto Trovarelli, ministro general de la Orden de los Frailes Menores Conventuales, seguida por la ofrenda de las oraciones de los devotos frente a la Tumba del Santo.

La jornada de este 8º centenario ha destacado, además, de manera excepcional porque el 4 de octubre vuelve a ser reconocido como fiesta nacional civil en Italia. Este reconocimiento surge del llamamiento lanzado en 2024 por Davide Rondoni, presidente del Comité nacional para las celebraciones, logrando así que la fecha combine su dimensión religiosa y espiritual con un renovado valor civil e institucional.

Para subrayar el significado nacional y universal de san Francisco, la jornada contó con presencias institucionales del más alto nivel, destacando la asistencia excepcional del presidente de la República, Sergio Mattarella. También estuvieron presentes el subsecretario a la Presidencia del Consejo de Ministros, Alfredo Mantovano, los presidentes de las distintas regiones, los alcaldes de las ciudades capitales y diversos embajadores acreditados ante el país.

El momento cumbre de la mañana fue la misa solemne celebrada a las 9:45 h., presidida por el cardenal Matteo Zuppi, presidente de la Conferencia Episcopal Italiana. Durante la eucaristía, la Región de Umbría fue la encargada de ofrecer el aceite a la lámpara de la tumba, y como hecho inédito, correspondió al alcalde de Asís, Valter Stoppini, encender la Lámpara Votiva en nombre de todos los municipios del país.

En su homilía, el cardenal Zuppi dejó un fuerte mensaje de paz y fraternidad, afirmando que “la guerra no es un destino” y que “la paz empieza por nosotros”, rechazando al mismo tiempo la cultura de la potencia y los nacionalismos. Zuppi recordó cómo san Francisco desarmó al lobo de Gubbio llamándolo hermano, demostrando que la paz no se logra con las armas sino a través del diálogo y el derecho. Además, describió al santo como un “pequeño hermano universal” capaz de ir a todas partes y hacer sentir a todos en casa mediante el diálogo. El cardenal enfatizó el valor de la pobreza afirmando que nunca estaremos bien si poseemos, sino solo si regalamos, invitando a no tratar a los pobres como objetos de interés sino a amarlos como hermanos, y exhortó a vivir en un mundo que no hay que defender, sino abrazar.

También durante la mañana el presidente Sergio Mattarella y el custodio del Sacro Convento, fray Marco Moroni, dirigieron sus discursos al país desde la Logia del Sacro Convento. Al mediodía, los fieles congregados en la plaza escucharon el rezo del Ángelus del Papa a través de pantallas gigantes. Por la tarde, tuvieron lugar las segundas vísperas solemnes presididas por el obispo de Asís, Felice Accrocca, que incluyeron una procesión desde la iglesia inferior –donde está la tumba– hasta el atrio de la superior –la famoso de los frescos–. Durante este recorrido se distribuyeron ramas de olivo como signo de paz y se impartió una bendición a Italia y al mundo desde la cúpula de la basílica. La jornada concluyó en el atrio de la iglesia superior con el canto del Cántico de las Criaturas, musicalizado por el franciscano conventual Domenico Stella e interpretado por la Capilla musical de la basílica papal bajo la dirección de fray Peter Hrdy.

Celebraciones del 8º centenario del Tránsito de San Francisco

Celebraciones del 8º centenario del Tránsito de San Francisco. Foto: Sacro Convento de Asís

El tránsito

Pero, ¿qué ocurrió hace 800 años? Las antiguas fuentes franciscanas, en especial los relatos de su primer biógrafo, Tomás de Celano, nos ofrecen una narración conmovedora y profundamente espiritual sobre lo que la tradición ha bautizado como el “Tránsito”, ocurrido al atardecer del 3 de octubre de 1226. Este momento no es visto como un final oscuro, sino como un paso luminoso hacia la eternidad.

Sabiendo que su partida estaba cerca, Francisco pidió ser trasladado a la Porciúncula, la pequeña iglesia dedicada a Santa María de los Ángeles, que siempre fue el corazón y la cuna de su primera fraternidad. Durante sus últimos días, a pesar de los intensos dolores corporales que padecía y de su ceguera casi total, se dedicó a alabar a Dios y a enseñar a sus hermanos más queridos a hacerlo junto a él.

En un acto de profunda humildad y despojo, manteniéndose fiel hasta el último suspiro a su deseo de imitar a Cristo pobre y crucificado, pidió a sus compañeros que lo desvistieran y lo colocaran desnudo sobre la tierra desnuda. Quería terminar su existencia terrenal sin apropiarse absolutamente de nada, ni siquiera del lecho donde iba a expirar.

Postrado allí en el suelo, rodeado por el llanto y la devoción de sus hermanos, Francisco cruzó los brazos y extendió sus manos marcadas por las llagas para bendecir tanto a los presentes como a los ausentes. Con una serenidad sobrecogedora, les entregó su testamento espiritual diciendo: “Por mi parte he cumplido lo que me incumbía; que Cristo os enseñe a vosotros lo que debéis hacer”. Tras esto, solicitó que le leyeran el comienzo del capítulo 13 del evangelio de san Juan, aquel pasaje de la Última Cena en el que Jesús se ciñe una toalla y lava los pies a sus discípulos, resumiendo de forma perfecta la vida de servicio que estaba a punto de concluir. También unió su voz para rezar el Salmo 141, exclamando con sus últimas fuerzas: “Con mi voz clamé al Señor…”.

Lejos de sentir temor, Francisco aguardó su final con una alegría incomprensible para el mundo. Afrontó el misterio del final componiendo la última estrofa de su famoso Cántico de las Criaturas, invitando a la muerte a hospedarse con él y llamándola dulcemente “nuestra hermana muerte corporal”. Al caer la noche, de manera plácida, entregó su alma. Las crónicas relatan que tras su último aliento, sus miembros, antes rígidos y marcados por la enfermedad, se volvieron suaves y flexibles como los de un niño. Aquel atardecer en la Porciúncula no representó la desaparición de un hombre histórico, sino el nacimiento al cielo del santo más universal, dejando una semilla de fraternidad que ocho siglos después sigue floreciendo.

El mensaje

Más allá de los eventos puntuales, las celebraciones de este octavo centenario han querido invitar a una profunda reflexión sobre cómo ha evolucionado la obra del “Poverello”. Los actos institucionales han puesto el acento sobre el gran desafío de hacer crecer una comunidad o institución sin perder el carisma original ni sustituir el propósito de la misión por meras estructuras burocráticas.

El hecho de que san Francisco sea hoy un patrimonio mundial colectivo implica la responsabilidad de no permitir que la celebración y el simbolismo reemplacen la radicalidad del testimonio que lo inspiró, el cual consistió en vivir el Evangelio en la paz, la fraternidad y la sencillez.

Capilla con las reliquias de san Francisco de Asís

Capilla con las reliquias de san Francisco de Asís. Foto: Sacro Convento de Asís