San Francisco de Asís, el santo que también es patrón de los animales

Las llagas de San Francisco de Asís, según Caravaggio.
Comparte:

Cuando llega el 4 de octubre muchos sacerdotes del mundo bendicen perros, gatos y otros animales a las puertas de sus parroquias; puede que incluso algún hámster. El por qué de ese hecho se remonta al Poverello de Asís, quien renunció a la fortuna de su padre, predicó el Evangelio incluso a los pájaros y murió casi ciego después de cargar durante dos años en su propio cuerpo las llagas de Cristo. Conozcamos algunos aspectos de la historia real de San Francisco de Asís, patrón de los animales y un santo muy querido.



¿Cuándo se celebra el Día de San Francisco de Asís y por qué el 4 de octubre?

La Iglesia celebra la memoria de San Francisco de Asís cada 4 de octubre, justo el día siguiente a cuando se produjo su fallecimiento. El santo murió al atardecer del 3 de octubre de 1226, y la tradición sitúa su tránsito en la noche del 3 al 4, de ahí que la fiesta se fijara en esa fecha. Tenía 44 años.

Su fama de santidad fue tan inmediata que apenas dos años más tarde, el 16 de julio de 1228, el papa Gregorio IX lo canonizaba. Desde ese entonces, el día que murió san Francisco de Asís, es decir el 4 de octubre, se ha convertido en una de las citas más populares del calendario católico. Y es también el día en que se bendice a los animales de compañía en muchas parroquias a lo largo y ancho del mundo.

¿De dónde era y quién fue san Francisco de Asís?

Francisco nació en 1182 en Asís, una pequeña ciudad amurallada de Umbría, en el centro de Italia. Era hijo de Pietro Bernardone, un rico comerciante de telas. De su madre se dice que tenía origen francés y se llamaba Pica. El padre estaba de viaje de negocios en Francia cuando nació el niño: lo habían bautizado como Juan (Giovanni) en honor al discípulo amado de Jesús. Pero al regreso de Pietro este lo rebautizó popularmente como Francisco, en honor a Francia, un país que le daba buenos negocios.

No fue, ni de lejos, un joven con vocación religiosa. Creció entre fiestas, buenas ropas y amigos, gastando con generosidad el dinero familiar, y soñó con hacerse un nombre como caballero. Esa ambición militar lo llevó a la guerra entre Asís y la vecina Perugia, donde cayó prisionero porque el bando por el que combatía perdió la contienda.

La cárcel y una larga enfermedad posterior fueron el primer punto de inflexión en su vida: al recuperarse, ya no era el mismo.

El momento decisivo, sin embargo, llegó con la ruptura pública con su padre. Enfurecido porque Francisco había vendido género para reparar una iglesia, Pietro lo llevó ante Guido, obispo de Asís. Allí, delante de todos, el joven se despojó de sus ropas, las dejó a los pies de su padre junto con el dinero y renunció a la herencia con una frase que resume todo su cambio de vida: hasta ese día había llamado padre a Pietro Bernardone; desde entonces solo diría «Padre nuestro, que estás en el cielo». Corría el año 1206. De ahí en adelante, toda su biografía da un giro total.

La vida de San Francisco: de la Dama Pobreza a los estigmas

Libre de todo, Francisco abrazó lo que él mismo llamó, con el lenguaje de los trovadores, la «Dama Pobreza». Empezó reconstruyendo con sus manos pequeñas iglesias en ruinas cerca de Asís, entre ellas la de San Damián, convencido de que respondía a una voz que le pedía «reparar» la casa de Dios.

Pronto se le unieron los primeros compañeros. Con ellos viajó a Roma para pedir aprobación a su forma de vida, y hacia 1209 el papa Inocencio III dio su aprobación verbal a la regla, dando origen a la Orden de los Hermanos Menores (franciscanos), basada en la pobreza radical y la predicación itinerante. Poco después, la joven noble Clara de Asís siguió sus pasos y dio nacimiento a la rama femenina (las clarisas) que se instalaron precisamente en San Damián.

El movimiento creció con rapidez. En 1219, en plena época de cruzadas, Francisco viajó a Egipto y, durante una tregua, logró que lo llevaran ante el sultán Malik-el-Kamil, en Damieta. Aunque no consiguió su propósito, el encuentro ha quedado como un temprano y sorprendente gesto de diálogo entre cristianos y musulmanes. El papa Francisco mencionaba este episodio en la encíclica Fratelli tutti.

El último gran capítulo de su vida llegó en 1224. Retirado en oración en el monte La Verna (Alvernia), Francisco recibió los estigmas: las llagas de la pasión de Cristo aparecieron en sus manos, sus pies y su costado. Lejos de la imagen dulcificada que a veces se transmite, los expertos recuerdan que eran heridas de dolor intenso y continuo. A ellas se sumó una grave enfermedad de los ojos que lo dejó casi ciego. En medio de esos padecimientos y de una total intolerancia a la luz compuso el Cántico de las criaturas, su alabanza al Creador por el sol, la luna, el agua, el fuego, la tierra y hasta por «nuestra hermana la muerte». Dos años después de ese acontecimiento, falleció.

¿Dos patrones de los animales? San Francisco de Asís y San Antón

El vínculo de Francisco de Asís con los animales no es un mero adorno. Recorre toda su biografía. Las fuentes franciscanas cuentan cómo predicó a los pájaros como si fueran una asamblea, y las célebres Florecillas narran, en su capítulo XXI, el episodio del lobo de Gubbio, al que amansó y reconcilió con el pueblo llamándolo «hermano lobo». Ese mismo espíritu fraterno hacia toda la creación late en el Cántico de las criaturas.

Sobre esa base, su vínculo con los animales quedó grabado en la devoción popular. Es por ello que el 4 de octubre se bendice a las mascotas en muchas parroquias.

El reconocimiento oficial de Roma llegó por una vía distinta. Mediante la bula Inter Sanctos, del 29 de noviembre de 1979, el papa Juan Pablo II proclamó a San Francisco patrono de los cultivadores de la ecología, en atención a ese aprecio por toda la creación que respira el Cántico.

San Francisco comparte con san Antón (San Antonio Abad) la tradición de bendecir animales. En el caso del monje egipcio su fiesta se celebra el 17 de enero y es, en la tradición española, el patrón popular de los animales domésticos y de granja.

La diferencia ayuda a situar a cada uno: San Antón es una devoción popular centrada en los animales de casa y de campo; Francisco es el santo cuyo cuidado por toda la creación llevó al Vaticano a declararlo, oficialmente, patrón de la ecología.

Un santo con 800 años de vigencia

Ocho siglos después de su muerte, Francisco de Asís sigue atrayendo a creyentes y no creyentes. El octavo centenario (1226-2026) volvió a poner su figura en el centro y, por primera vez en la historia, el cuerpo del santo se expuso al público en Asís entre el 22 de febrero y el 22 de marzo de 2026.