La intensa agenda del papa León XIV en Lourdes prosiguió en la tarde de este domingo con una de las visitas más significativas de esta etapa de su Viaje Apostólico a Francia: el encuentro con los enfermos, los trabajadores y los voluntarios de la ‘Accueil Notre-Dame’. A las 15:15 horas, el pontífice abandonó la Casa Episcopal y se trasladó a este histórico centro de acogida situado en el corazón del Santuario, donde fue recibido por Jean-Marc Micas, obispo de Tarbes y Lourdes, y por el responsable de la institución, Mathias Terrier.
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La casa de los enfermos
El encuentro comenzó con la cálida acogida del obispo Micas, quien destacó que en Lourdes “la fe de las personas enfermas se ha expresado aquí de manera espontánea, simple y fuerte, como en tantos y tantos santuarios del mundo”. El prelado enfatizó el sentido profundo de esta realidad: “Aquí, la enfermedad no se oculta. Nunca se la mira como una humillación o una pérdida de dignidad. Al contrario: permite que la más profunda dignidad humana brille a plena luz, como una luz que ilumina los corazones y los cuerpos, que manifiesta el amor más grande que todos los sufrimientos”.
Tras estas palabras, Mathias Terrier presentó la magnitud de la obra de la ‘Accueil Notre-Dame’, recordando que la casa es “una respuesta explícita y concreta a la invitación de la Virgen María pronunciada en la Gruta en 1858”. Terrier detalló que “750.000 personas enfermas o con discapacidad han pasado por aquí desde su inauguración en 1997”, conformando un “otro mundo” en el que lo prioritario es “el gesto que alivia; la palabra que consuela; la mirada que apacigua”.
Al encuentro del otro
A continuación, el Papa escuchó unos breves testimonios que reflejaron las dos caras de la ‘Accueil Notre-Dame’: los cuidadores y los pacientes. Un veterano médico compartió cómo su paso por Lourdes ha transformado su vocación, afirmando que “Lourdes permite hacer el viaje más hermoso al ir al encuentro del otro, y muy especialmente de los más frágiles, que nos ofrecen el regalo de revelarnos nuestra propia vulnerabilidad”.
En un firme alegato por la vida, el médico concluyó: “No se cuida la vida dando la muerte. Recuerdo simplemente las palabras del juramento que pronuncié en enero de 1987: ‘Haré todo para aliviar los sufrimientos. No prolongaré abusivamente las agonías. No provocaré nunca la muerte deliberadamente’”.
Por su parte, una mujer que acudía como voluntaria desde los 20 años y que en 2016 quedó parapléjica tras un accidente, compartió su duro proceso de aceptación y enfado. “Estoy enfadada con mamá María. Fui muchas veces a rezar a la Gruta, a gritar mi desesperación y mi rabia”, relató, para añadir que, finalmente, fue allí donde encontró el consuelo y la fuerza para volver como trabajadora: “Estoy orgullosa de estar ahora al servicio de la acogida de los peregrinos para permitirles acceder a la gracia de este lugar único, para transmitirles mi fe”.
La dignidad del enfermo
Tras escuchar atentamente, León XIV tomó la palabra conmovido. “Aquí la fragilidad no se esconde, sino que se convierte en el lugar de un encuentro sagrado”, afirmó el pontífice al inicio de su discurso, reflexionando sobre cómo María mira “a cada uno de nosotros como a una persona única”. El Papa denunció la tendencia actual de apartar la mirada frente a la debilidad: “En una época en la que algunas sociedades tienden a apartar la mirada o a cerrar los ojos frente a la dignidad de la vida humana, ‘urge ante todo cultivar, en nosotros y en los demás, una mirada contemplativa’”, citando a san Juan Pablo II.
En una firme defensa de la vida frente a las amenazas contemporáneas –Francia aprobó su polémica ley de la eutanasia este verano–, el papa León XIV lanzó un mensaje inequívoco a los enfermos: “Sé que, para algunos de vosotros, que sufrís a causa de patologías particulares y de dolores a veces terribles, el horizonte puede parecer oscuro, incierto, sin salida. Pero ninguna ley humana debe hacernos perder la certeza de vuestra dignidad”. Y continuó con contundencia: “Por el contrario, precisamente en nombre de esta dignidad inalienable de la persona humana debe rechazarse firmemente la tentación de quitar la vida con el pretexto de una falsa compasión. Es imposible considerar normal el hecho de poner fin a la vida. Lo que es legal no es necesariamente moral”.
Frente al algoritmo
Dirigiéndose a los profesionales sanitarios, el Obispo de Roma les pidió ser “¡servidores apasionados de la vida!” y recordó que “¡Ninguno tiene el derecho, nunca, basándose en algoritmos de laboratorio, de decidir sobre la vida de un embrión determinado o de una persona de la tercera edad determinada! ¡La medicina nunca podrá convertirse en sierva de la muerte programada!”, recalcó retomando las palabras de otro discurso precedente.
Finalizó su discurso con unas sentidas palabras para los que sufren: “Queridos hermanos y hermanas enfermos, quiero deciros: vosotros no sois un peso, sois el corazón palpitante de nuestra humanidad y un tesoro precioso para la Iglesia”.
Para sellar su visita a la ‘Accueil Notre-Dame’, León XIV hizo entrega de un significativo regalo: una exquisita reproducción en cerámica esmaltada de la famosa Anunciación de Andrea della Robbia, cuyo original data de 1475. Esta obra une simbólicamente la fragilidad humana y la gracia divina, en un lugar donde tantos peregrinos entregan a María sus anhelos y esperanzas.
La jornada del Papa no terminó aquí: tras este emotivo encuentro, el pontífice se desplazó a pie al Monasterio del Carmelo de Lourdes para mantener un encuentro privado con las religiosas de vida contemplativa. Por la noche la jornada se cerrará con la participación de León XIV en la procesión de las antorchas.
