El documento
El papa León XIV recibió en París, durante su visita al célebre, al menos en muchas de las fases del posconcilio, ‘Institut Catholique de Paris’ a los miembros de la Asamblea Sinodal Provincial, así como con catecúmenos y neófitos. Este encuentro abierto está reuniendo a obispos, sacerdotes, diáconos, consagrados, laicos comprometidos, acompañantes del catecumenado y, de manera particular, los propios catecúmenos y neófitos.
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El encargado de recibir al pontífice fue el arzobispo de París, Laurent Ulrich, que además de repasar la historia del lugar –en el que estuvo un antiguo convento carmelita muy significativo y otro dominico después–, explicó que la asamblea se reunirá dentro de 15 días en la primera de tres sesiones. Serán 350 personas y previamente se ha hecho “una amplia consulta a la que respondieron 45.000 personas, a veces de forma individual, pero por lo general reunidas en más de 4.000 grupos”. Además, el secretario general del foro le entregó al Papa el “documento de trabajo, el Instrumentum laboris, que hemos elaborado a partir de las respuestas obtenidas en nuestra consulta”.
El ‘Instrumentum Laboris’, en sus 74 páginas aborda el sorprendente y gozoso aumento de catecúmenos adultos y adolescentes en la provincia eclesiástica de París, las diócesis de la región de Île-de-France, la Isla de Francia. En el texto se explica que las peticiones de bautismo de adultos se han más que duplicado en esta región, pasando de 1.249 en 2021 a 3.158 en el año 2026. Este texto es la base de trabajo de esta Asamblea Eclesial Provincial y busca reflexionar sobre cómo la Iglesia debe adaptarse para acoger e integrar a esta nueva generación de creyentes.
Una mirada rápida al documento nos muestra algunas cuestiones de la iniciación cristiana de adultos que se ha rescatado o aplicado en el país vecino. Estos son, sin ánimo de ser exhaustivos, algunos de los elementos que se recogen en el documento:
- Una acogida incondicional y humilde: La Iglesia debe adoptar una postura de humildad y escucha activa frente a los recién llegados, quienes provienen de una gran diversidad de edades, orígenes y culturas. Se enfatiza la necesidad de ser hospitalarios, reducir las barreras administrativas que puedan generar angustia y no juzgar las historias personales de quienes se acercan.
- Un discernimiento personalizado: El texto destaca que no existe un camino único hacia Dios. Por ello, se requiere un acompañamiento hecho “a medida” que se adapte a situaciones vitales complejas, tales como las de personas divorciadas que se han vuelto a casar, parejas homosexuales, inmigrantes en situación precaria o conversos provenientes del islam.
- Caminar en fraternidad y comunidad: Los catecúmenos llegan con una inmensa sed de compartir y encontrar un sentido de pertenencia frente al malestar o la soledad de la sociedad actual. El proceso de formación debe conectar la doctrina cristiana con la vida cotidiana, combinando la oración y la lectura de la Biblia. También se reconoce que los contenidos digitales y las redes sociales juegan un papel importante en el primer acercamiento de los jóvenes a la fe, aunque no sustituyen la vida en comunidad.
- El valor de la liturgia y la “mistagogia”: Se subraya la importancia del Ritual de la Iniciación Cristiana de Adultos (RICA) para guiar los pasos hacia el bautismo, la confirmación y la eucaristía. Además, existe una fuerte demanda de “mistagogia” por parte de los catecúmenos, es decir, necesitan catequesis y espacios donde se les expliquen los ritos y los símbolos de la misa para comprender profundamente lo que están celebrando.
- La transformación de las parroquias: La llegada masiva de estos buscadores de Dios no solo transforma la vida de los nuevos bautizados, sino que supone un llamado a la conversión para toda la comunidad eclesial. El documento exige a los feligreses salir de los grupos cerrados y del aislamiento pastoral para convertirse en comunidades verdaderamente abiertas, integradoras y misioneras.
El papa León XIV durante el encuentro con miembros de la Asamblea Sinodal Provincial en el Instituto Católico de París. Foto: Vatican Media
El fenómeno
A pesar del marcado declive de la práctica religiosa y el avance de la secularización que ha caracterizado a gran parte de Europa en las últimas décadas, Francia está experimentando un fenómeno espiritual sin precedentes: un aumento masivo de jóvenes y adultos que solicitan recibir los sacramentos de la iniciación cristiana. Este resurgimiento está cobrando especial protagonismo durante la visita del papa León XIV. Con razón la Plaza de la Concordia, donde se colocó la guillotina en su día, se celebró una misa masiva.
Tras años de un descenso generalizado en el número de católicos practicantes, las cifras de bautismos de adultos han experimentado un salto asombroso. En 2025, se superó por primera vez la barrera histórica de los 10.000 bautismos de adultos (10.384), lo que representó un aumento del 45% respecto a 2024. La tendencia al alza se ha mantenido durante la Pascua de 2026, especialmente en la vigilia, superando los 13.000 bautismos de adultos y registrando un crecimiento adicional cercano al 28% frente al año anterior.
Este fenómeno también se refleja fuertemente en los adolescentes (11-17 años), cuyas peticiones de bautismo se han multiplicado de forma drástica en los últimos tres años. Y es que la principal fuerza impulsora de este renacimiento son los jóvenes. El grupo demográfico de entre 18 y 25 años representa actualmente la mayor proporción de los catecúmenos, abarcando alrededor del 42% del total de los bautismos de adultos.
Lejos de ser un retorno impulsado por generaciones mayores, son los Millennials y la Generación Z quienes están buscando activamente integrarse en la Iglesia, percibiéndola como una institución “viva, que crece y está arraigada en el mundo”, según se recoge en los testimonios.
Los analistas ven detrás de este fenómeno, incluso que es un efecto de la secularización previa. Puesto que en las últimas décadas muchas familias dejaron de bautizar a sus hijos al nacer, actualmente existe una gran base de jóvenes no bautizados. Aquellos que desarrollan una inquietud espiritual están dando el paso directamente en su juventud o adultez.
Por otro lado está la búsqueda de raíces y sentido. En una época marcada por la fragmentación social y la incertidumbre, muchos jóvenes ven en los rituales, la tradición y la comunidad cristiana un ancla de estabilidad, pertenencia y esperanza. Quizá en este sentido es significativo que en el acto antes mencionados, en dos de los testimonios se citó explícitamente la metodología de las cenas Alpha como canal de la conversión de los adultos.
Más allá de estas causas de fondo, también está el papel de la Biblia y el entorno. Y es que algunas investigaciones recientes apuntan a que la lectura directa de la Biblia es un motor de conversión más profundo que las propias redes sociales. Asimismo, la convivencia con jóvenes de otras religiones (especialmente el islam) que viven su fe de manera pública y desinhibida, ha estimulado a muchos jóvenes franceses a afirmar y hacer visible su propia identidad cristiana.
El desafío
Este flujo inesperado de solicitantes ha sorprendido y desbordado positivamente a las parroquias y diócesis, que ven en ello “la obra del Señor”. Sin duda la visita del Papa es una llamada de atención para responder a la nueva situación en una Francia diversa y plural que se separa de algunos prejuicios que vienen de los tiempos de la Revolución Francesa.
La Iglesia francesa se ve obligada ahora a reaccionar y adaptarse con rapidez. Y esto va mucho más allá de una simple cuestión logística o de espacio en los templos. La llegada repentina de miles de nuevos creyentes adultos exige una profunda transformación en la forma en que las parroquias y diócesis conciben su misión. Por ello hacen falta nuevos espacios para la catequesis que ya no es la preparación de niños para la Primera Comunión. El RICA exige un proceso que suele durar entre uno y dos años de preparación continua, lo que requiere un compromiso de tiempo y recursos humanos que muchas parroquias, envejecidas o mermadas por la secularización, luchan por cubrir.
A diferencia de los niños, los adultos llegan a la Iglesia con historias de vida largas y, a menudo, complejas. El gran reto pastoral es acoger sin juzgar a personas cuyas situaciones no siempre encajan de forma sencilla con la moral tradicional. Las diócesis se enfrentan al reto de acompañar a personas divorciadas que se han vuelto a casar, a inmigrantes en situación de precariedad extrema o sin papeles o conversos provenientes del islam, quienes a veces enfrentan incomprensión social o incluso rechazo en sus familias de origen. El desafío ahora es ofrecer una acogida “a medida”, personalizada, eliminando barreras administrativas rígidas que puedan desanimar a estos buscadores de fe, sin diluir por ello el mensaje evangélico.
Como destacó el propio Papa y una de las personas que ofrecieron su testimonio, existe el riesgo del “abandono” post-bautismal. Y es que el bautismo no es la meta, sino el comienzo. Uno de los mayores temores de la Iglesia francesa es que, tras la euforia de la vigilia pascual, los nuevos bautizados (neófitos) se sientan abandonados y dejen de asistir a la Iglesia. Para evitarlo, existe el enorme desafío de lo que clásicamente se ha llamado ‘mistagogia’, el periodo posterior al bautismo donde se debe seguir acompañando al neófito para ayudarle a entender profundamente los ritos, la misa y cómo integrar su fe en la vida cotidiana y profesional.
A esto se suma el reto más doloroso y puede que importante a nivel interno como es la necesidad de conversión de los propios feligreses “de toda la vida”. Muchas comunidades parroquiales en Europa, al verse reducidas durante años, han adoptado una mentalidad defensiva, convirtiéndose en grupos pequeños, cerrados e invisibles. La llegada de jóvenes adultos y adolescentes entusiastas, con nuevas preguntas y diferentes orígenes sociales o culturales, obliga a estas comunidades a “abrir las puertas”. Los feligreses tradicionales deben aprender a ceder espacios, a ser verdaderamente hospitalarios y a aceptar que la Iglesia está cambiando su fisonomía.
Y este desafío no consiste únicamente en enseñar a los nuevos creyentes cómo ser católicos, sino en permitir que el entusiasmo y la vitalidad de estos catecúmenos “despierten” y evangelicen a una Iglesia que corría el riesgo de estancarse. La visita de León XIV puede que sea un buen impulso para afrontar todos estos desafíos.

