1. La vida misma: es frágil
Contemplando la realidad que vivimos y construimos, nos encontramos inmersos en experiencias personales y comunitarias que se caracterizan por la fragilidad: desde la etiqueta de “frágil” en alguna caja para ser tratada con cuidado hasta expresiones que evitan decir alguna palabra para “no herir fragilidades”.
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La filósofa española Monserrat Nebrera acuñó el concepto: la generación Z o generación de cristal (UPN – G Z, 2026) y que otras investigaciones han caracterizado con algunos de estos elementos:
- Carecen de tolerancia ante la crítica y se frustran rápidamente sobre todo si algo no sale como se quiere.
- Son inestables emocionalmente y por momentos sufren de inseguridad.
- Tienen adicción a la tecnología y grandes habilidades audiovisuales, y asimismo no tienen noción del tiempo, lo consideran como algo efímero.
- Buscan, necesitan y se identifican con “influencers” porque quieren ser así… y muchas veces se pueden vislumbrar rasgos de baja autoestima.
- Son sensibles a situaciones cotidianas y, por momentos, se victimizan frecuentemente.
- Muestran fragilidad de carácter por la sobreprotección que han tenido.
Otro filósofo y sociólogo contemporáneo, hace referencia que, en este contexto, se desarrolla la “modernidad líquida” en donde frente a los demás se vive la anulación (Fagocitar) o el rechazo (vomitar) a todo lo diferente a su lógica (Bauman, Zygmunt, 2021, pág. 109). Ambas experiencias pueden derivar a encontrarnos inmersos en una “generación de vidrio ofendida”, que ante la imposibilidad de asumir la fragilidad de la existencia, “solo piensa en censurar aquello que la agravia u ofende (…) La más mínima contradicción ofusca y se vive como una autoagresión, a punto de exigir safe spaces (espacios seguros)” (Fourest, Caroline, 2021, págs. 9-10).
Y casi todo lo que se construye para la convivencia está impregnada de herramientas firmes, seguras y estables, que favorezcan un pensamiento cuasi perenne que “es para toda la vida”. ¡Y al ver que no es así, nuevamente la fragilidad nos ubica en el lado humano de la existencia! A veces, solo a veces, pareciera que ser frágiles nos molesta… cuando: ¡La fragilidad es connatural a la vida misma!
2. Un Dios frágil
¡La fragilidad es connatural a Dios mismo! Y aquí todos los que son de una generación de cristiandad se ofenderán… pero, como diría una docente: “no es mi problema resuélvalo”.
La fe cristiana cree, celebra y anuncia la revelación de un Dios que es frágil.
Por habernos encerrados en términos filosóficos y por querer entender a la Trinidad desde esas afirmaciones, nos ofende el evangelio, porque allí la divinidad se manifiesta en la fragilidad: “esto les servirá de señal: encontrarán a niño recién nacido, envuelto en pañales y acostado en un pesebre” y esa señal se da en el medio de la noche oscura (Lc. 2, 12).
Por habernos enceguecidos con teólogos bávaros, el Pedagogo de Dios nos molesta y enerva: Jesús anuncia a un Dios padre/madre que su misericordia nos ofende (Lc. 15).
Por habernos encorsetados en lo inmutable y permanente, en lo infalible e irrefutable, el evangelio nos molesta porque hay un Dios que se adapta a nuestra manera de ser: asume y aprende a hablar en lenguaje auténticamente humano.
Por habernos ceñido a tradiciones de alguna época, el anuncio del Reino rompe todos nuestros esquemas y queremos expulsar a los profetas, como lo han hecho desde octubre de 1978 hasta marzo de 2013 con tantos teólogos inspirados en el Evangelio… y además nos ofenden los que critican el tándem polaco-alemán que tanto daño han hecho a la libertad en la iglesia.
Por habernos aferrados a seguridades humanas, el evangelio nos ofende porque en él se dice “dar a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César” (Mt. 22, 21) y muchos aún sostienen que es lógico tener un Estado Cristiano gobernado por un obispo y varios se ofenden cuando se afirma que en ese Estado se infiltró la mafia P2 que, con aliados internos, provocó el asesinato de Juan Pablo I (Locatelli, Nunzia & Suárez Cintia, 2022).
Por habernos enceguecido con la cristiandad templaria del siglo IV, las primeras comunidades cristianas que celebraban en casas nos molestan (Aguirre, Rafael, 2018).
Por habernos aburguesado a los criterios mercantilistas, el Evangelio nos enoja porque la gracia no es un premio, sino un auxilio a la debilidad (Javierre, José María, 1984).
Por habernos obnubilados con manifestaciones privadas (algunas de dudosa procedencia), la Eucaristía nos molesta porque nos revela a un Dios al alcance de la mano y que no pone condiciones para recibirlo (Curia, Christian, 2006).
Por habernos acostumbrado a la apologética ciega, el diálogo como método y contenido de la Trinidad nos provoca ansiedad e inseguridad porque ¡Dios nos es como decimos que es! ¡Él derrama su gracia (su amor) de manera solo por él conocida! (Concilio Vaticano II – GS, 1965) (#22).
Por habernos asegurados con legislaciones, normas, criterios y pautas, la revelación de la Trinidad nos alborota porque ella “actúa más allá de las estructuras eclesiásticas” (Congar, Yves, 2012).
Una paradoja de la fragilidad: lo humano encuentra su sentido en un Dios encarnado (Pérez Landáburu, Encarnación, 1990), no en un Dios “celestializado”.
3. Un Dios frágil y para los débiles
En la experiencia pascual de Jesús, que da sentido a la existencia cristiana, palpamos que la grandeza de Dios se hace evidente en la debilidad: en el pesebre y en la cruz: un recién nacido y moribundo son signos elocuentes de su amor.
En el testimonio cristiano de las primeras redacciones del Evangelio y la vivencia comunitaria en Palestina, descubrimos que otros signos de la manifestación divina son elementos de la fragilidad y cotidianeidad: pan, agua, vino, levadura, granos de semilla, tierras, velas, luz, vid, ovejas, mejilla, casa, mesa, red, etc.
¡El Dios revelado por Jesús es tan débil, que quiere la libertad de quien ama, para realizar su proyecto!
¡El Dios revelado por Jesús es tan frágil que su proyecto se pone en manos auténticamente humanas!
El Dios revelado por Jesús es tan débil, que un niño es el signo del Reino: ¡un ser sin derechos (en aquella época), sin obligaciones, sin jefaturas, sin prerrogativas! (Mt. 18, 3)!
¡El Dios revelado por Jesús se anonada, se abaja, se ubica en zonas periféricas y centrales, en mesas pequeñas y grandes, en el camino y en medio de la gente!
¡El Dios revelado por Jesús se deja reprochar por quienes llevamos nuestras fragilidades expuestas y vamos por la vida con el semblante triste… y se pone a nuestro lado, camina con nuestras búsquedas y ¡se deja invitar! (Lc. 24).
Si, el Dios de Jesús no es para las jerarquías religiosas… sino para los excluidos de todo modelo hegemónico.
Si el Dios de Jesús fuera representado por un líder que visita a un pueblo, seguramente no se opondría para que quienes no piensan como él marchen libremente por sus derechos… y si eso no fuera pedido por una jerarquía religiosa, sino por una autoridad política, seguramente otros líderes religiosos se ofuscarían con quien quiere prohibir esa expresión.
Mientras algunos predican que hay que dejar todo en manos de Dios… Jesús nos revela que la Trinidad se pone en nuestras frágiles, débiles y, por momentos, sucias manos.
4. Comunidades frágiles
Ser testigos del cariño del Dios Abba/Imma, no nos hace infalibles ni “súper-hombres”, sino que en y desde la fragilidad hemos sido llamados y convocados, no por nuestros méritos, sino por la ternura y fragilidad de quien nos llama. Es una exhortación para superar la fe como un recurso que completa la escasez, para vivir la maravillosa experiencia de descubrir que el Espíritu actúa desde abajo, desde y con esa debilidad independientemente de nuestra acción (Codina, Víctor, 2015).
Los creyentes en Jesús somos “escándalo y locura” (1ª Cor. 1, 23). Por un lado, porque creemos en el testimonio que él nos brinda sobre Dios que es Padre/Madre, que está en cada momento que vivimos, amando la salvación de toda la creación, de la realización personal y comunitaria.
El Nazareno nos revela que un aspecto de la voluntad de Dios es que la humanidad se desarrolle plenamente y que los testigos construyan el Reino liberando. Somos así porque nos apoyamos en la evidencia y en la fragilidad que recibimos de personas pascuales, que vieron, olieron, gustaron, palparon, escucharon y disfrutaron al Verbo hecho carne (Hchs. 1, 8. 2, 32. 4, 20. 8, 25. 18, 5 10, 43. Mt. 3, 17. Lc. 4, 22. Jn. 1, 6 – 7. 32 – 34; 14, 11; 17, 26; 3, 31 – 33; 8, 38; 5, 36 – 37; 15, 26; 21, 24. Rom. 8, 16. Lc. 1, 1 – 4. Mc. 13, 9. 1ª Jn. 1,1; 5, 6 – 13). Por otro lado, porque somos parte de una asamblea que se construye con las huellas recibidas y que experimentamos en nuestro convivir, por eso vivimos en “anamnesis agradecida”. Esas huellas son testigos, incluso anónimos, que avalan el testimonio del Buen Pastor, al manifestarnos que el Abba/Imma acompaña siempre, incluso en esas situaciones que para algunos pueden ser aparentes fracasos. Un obispo de la Iglesia que peregrina en la Diócesis de Lomas de Zamora, al despedirse de su acción pastoral nos lo recuerda:
“Muchas veces lo que parece el fracaso de una obra pastoral es el comienzo de un triunfo. Lo de Jesús en la cruz es el mejor ejemplo. Pareció un fracaso y, sin embargo, fue un triunfo que nos valió la vida eterna. Lo mismo pasa hoy con nuestras obras” (Collino, Desiderio, 2002, pág. 8).
El testimonio cristiano escandaliza porque está centrado en una donación sin límites de parte del misterio Trinitario, que se hace carne en cada gesto de ternura que brindamos y recibimos. El amor es más exigente que la norma de la coherencia. La ternura cristiana es escandalosa porque rompe todo esquema políticamente correcto y es capaz de realizar aquello que algunos paradigmas consideran inapropiado: dar de comer al hambriento, vestir al desnudo, brindar agua al sediento, visitar al enfermo, preso o quien lo necesite sin importar si ellas están en una comunidad, perdonar a quien nos ha ofendido, superar la ley del talión, dejar que todas las personas se acerquen a la mesa sin imponer condiciones, que la autoridad es servicio no poder, etc. (Curia, Christian, 2008).
¡A veces, solo a veces, parecemos “iglesias Z”, es decir, de cristal porque el Evangelio nos ofende!, cuando nos presenta a un Dios que asume nuestra fragilidad y debilidad… ¡y no se ofende!
Bibliografía
Aguirre, Rafael. (2018). Del movimiento de Jesús a la Iglesia cristiana. Navarra: EDV.
Bauman, Zygmunt. (2021). Modernidad Líquida. CABA: CFE.
Codina, Víctor. (2015). El Espíritu obra desde abajo. Madrid: Sal Terrae.
Collino, Desiderio. (21 de Marzo de 2002). Entrevista a Obispo emérito. Periódico Eclesia, Diócesis de Lomas de Zamora; Año II, N° 14, pág. 8.
Concilio Vaticano II – Gaudium Et Spes (1965). Obtenido de https://www.vatican.va/
Congar, Yves. (2012). Sobre el Espíritu Santo. Espíritu del hombre. Espíritu de Dios. Madrid: Sígueme.
Curia, Christian. (2006). En torno a la mesa. CABA: Claretiana.
Curia, Christian. (2008). Un poco de aire fresco. Bases para la espiritualidad del Catequista. CABA: Claretiana.
Fourest, Caroline. (2021). Generación ofendida. De la política de la cultura a la policía del pensamiento. CABA: Libros del Zorzal.
Javierre, José María. (1984). Pío X. Madrid: Sociedad de Educación.
Locatelli, Nunzia & Suárez Cintia. (2022). ¿Qué han hecho? Juan Pablo I. Conspiración en el Vaticano y milagro en la Argentina. Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Catarsis.
Pérez Landáburu, Encarnación. (1990). La Catequesis una tarea eclesial. Madrid: San Pío X.
UPN – G Z (2026). Obtenido de https://blogs.upn.edu.pe/

