El Vaticano quiere dar un paso más en el diálogo con otras religiones. Y para ello pide abandonar las lógicas “de defensa, de hostilidad o de conquista” y una forma de relacionarse con el otro basada únicamente en intentar convertirlo. “La defensa indisponente de la propia posición y el proselitismo, como única modalidad de encuentro con ‘el otro’, ya no tienen sentido” en un mundo cada vez más interconectado, afirma la nueva nota publicada este miércoles por la Santa Sede con motivo del 60 aniversario de ‘Nostra aetate’.
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El documento, aprobado por León XIV el pasado 22 de junio, lleva la firma de los responsables de tres organismos vaticanos: el Dicasterio para la Doctrina de la Fe, el Dicasterio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos y el Dicasterio para el Diálogo Interreligioso.
El texto repasa seis décadas de camino desde ‘Nostra aetate’, la declaración del Concilio Vaticano II que transformó la relación de la Iglesia con el judaísmo y las demás religiones, pero mira especialmente hacia los problemas actuales: fundamentalismos, conflictos religiosos, manipulación política de la fe, antisemitismo, islamofobia y una secularización que en algunos lugares termina relegando la religión a la esfera privada.
Ni proselitismo ni “gran religión mundial”
Tal como refleja el documento, dialogar no significa diluir las diferencias religiosas ni renunciar a la propia identidad. “No se trata de fundar una gran religión mundial en la que todas las creencias queden uniformadas”, advierte el texto. Esa posibilidad, añade, debe descartarse “por respeto a uno mismo y a los demás”.
Por eso, ante quienes “fomentan divisiones y preparan conflictos”, los creyentes y, especialmente, sus responsables religiosos están llamados a buscar las condiciones que permitan vivir juntos “con lucidez y esperanza”. Para ello, la nota reclama “una verdadera transformación de las mentalidades” capaz de dejar atrás “las lógicas de defensa, de hostilidad o de conquista”. Los modelos “monolíticos y aislados”, advierte, terminan siendo “fuente de violencia y de sufrimiento para los más débiles”.
El Vaticano habla incluso de una “nueva ética del diálogo”: una cultura basada en “la complejidad, la flexibilidad y la amistad”. Quien hasta ahora era visto como “una amenaza” o “un enemigo al que temer” puede convertirse, señala el texto, en “interlocutor, aliado, amigo” e incluso en un “peregrino de la verdad” con quien recorrer parte del camino.
Alerta ante la islamofobia
Uno de los apartados más explícitos se refiere al islam. La Santa Sede constata una “creciente conciencia crítica frente a las manifestaciones de islamofobia” que, según denuncia, “no distinguen adecuadamente los casos de fundamentalismo y violencia” de la vida de los musulmanes que “se integran y trabajan en los países que los acogen”.
El documento agradece, en este sentido, a aquellas comunidades cristianas que han avanzado en la acogida, el conocimiento y el respeto hacia los creyentes musulmanes. Además, recuperando palabras de Francisco, pide a los cristianos “acoger con afecto y respeto a los inmigrantes del islam que llegan a nuestros países”, mientras reclama reciprocidad en aquellos Estados de tradición musulmana.
“Imploro humildemente a esos países que aseguren libertad a los cristianos para que puedan celebrar su culto y vivir su fe, teniendo en cuenta la libertad de la que gozan los creyentes del islam en los países occidentales”, recoge la nota. El texto recuerda además “las persecuciones que sufren los cristianos, en diversas partes del mundo, por parte de grupos religiosos extremistas” y califica cualquier persecución por motivos religiosos como una violación de la dignidad humana.
Los conflictos de Oriente Medio
Una atención especial ocupa también la relación con el judaísmo, origen precisamente de ‘Nostra aetate’ tras la experiencia de la Shoah. “Muchos puentes de comunicación han vacilado y continúan siendo puestos a prueba”, admite el Vaticano, debido a interpretaciones diferentes de lo ocurrido que, además, tampoco son uniformes dentro de las propias comunidades religiosas. Aun así, considera que los pilares construidos durante sesenta años “han permanecido firmes” y pide seguir trabajando desde ellos.
El texto vuelve además sobre una cuestión teológica de fondo: la alianza de Dios con el pueblo judío “es irrevocable”, pero eso “no significa para los cristianos que existan dos vías de salvación”. La Iglesia, recuerda, mantiene que Cristo es “el único redentor”. La relación con el judaísmo, insiste el Vaticano, tampoco puede reducirse a una estrategia diplomática o a conocer mejor otra religión. Para los cristianos implica comprender las propias raíces.
La religión no puede servir para declarar la guerra
El documento retoma, asimismo, la advertencia de Benedicto XVI en Ratisbona —precisamente cuando se cumplen veinte años de aquel discurso— de que “la difusión de la fe mediante la violencia es algo irracional. La violencia está en contraste con la naturaleza de Dios y la naturaleza del alma”.
“Quien utiliza el nombre de Dios para legitimar terrorismo, violencia o guerra traiciona su rostro: combatir en nombre de la religión significa, en realidad, golpear a la propia religión”, apunta el texto, recogiendo, así, las palabras de León XIV.
Por todo ello, el Vaticano considera que fundamentalismos, prejuicios y utilización política de las identidades religiosas siguen poniendo en peligro el camino iniciado por el Concilio. Al mismo tiempo, advierte de que en las sociedades secularizadas la religión puede quedar “reducida a folklore, a opinión subjetiva” o directamente invisibilizada.
Más diálogo en los seminarios
La Santa Sede pide reforzar la formación sobre otras religiones en seminarios, facultades de Teología y procesos pastorales. “Ya no basta proclamar la importancia del diálogo: ahora es necesario vivirlo”, señala la nota, lo cual implica formar a los católicos en el conocimiento de otras tradiciones religiosas, la historia de las relaciones entre ellas y los grandes problemas culturales y geopolíticos que condicionan actualmente la convivencia.
De esta manera, el Vaticano propone incluso abrir espacios de conversación y colaboración con miembros de los denominados “nuevos movimientos religiosos” y otras experiencias espirituales contemporáneas, aunque precisa que estos encuentros no pueden considerarse diálogo ecuménico ni propiamente interreligioso.
“La verdad lo hace humilde”
Frente al temor de que el diálogo conduzca al relativismo, la nota responde que “el verdadero creyente no está movido por la arrogancia”. Al contrario: “La verdad lo hace humilde, sabiendo que, más que poseerla nosotros, es ella la que nos abraza y nos posee”.
Por eso, continúa, la seguridad de la fe no debería conducir al encerramiento, sino “ponernos en camino” y hacer posible “el testimonio y el diálogo con todos”. “No hay proselitismo en esta dinámica de amor”, recoge, citando a Francisco. Las palabras del creyente “no molestan, no imponen, no fuerzan”, sino que dejan al otro en libertad para preguntarse por aquello que sostiene su fe.
