La Arquidiócesis de Puerto Príncipe se pronunció, luego de que las pandillas asesinaron a 47 personas, 22 de ellas en un refugio de la iglesia e hirieron a 22 más, en la comuna de Kenscoff, entre el 23 y 24 de agosto.
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En su página en internet, la Arquidiócesis de Puerto Príncipe lamentó que el municipio sea “el espejo de una crisis nacional en la que la violencia, el desplazamiento, la fragilidad institucional, la pobreza y el colapso de la confianza pública se refuerzan mutuamente”.
El ataque de Kenscoff -dijo- “pone de relieve el enredo de la violencia armada, la fragilidad institucional y el colapso del bien común en Haití“.
Kenscoff, “un revelador de la crisis en Haití”
Asimismo, precisó que “los residentes también se vieron obligados a huir, mientras que varias casas e infraestructuras fueron incendiadas. El ataque afectó en particular a una iglesia que servía de refugio a las personas desplazadas”.
Para la arquidiócesis, “este detalle le da al drama un alcance particular: las poblaciones que ya habían huido de la violencia fueron alcanzadas por ella en su refugio”.
De hecho, añadió, “Kenscoff se convierte en un revelador de la crisis: de seguridad, de la autoridad pública, humanitaria, económica y, más profundamente, del vínculo social”.
Casi un millón y medio de desplazados internos en Haití
Refirió que de acuerdo con un informe de la Oficina Integrada de las Naciones Unidas en Haití, entre enero y marzo de 2026, al menos 29 personas murieron en Kenscoff y 88 residencias fueron incendiadas; mientras que a principios de 2025, la violencia provocó el desplazamiento de más de 3,000 personas.
Asimismo, dijo, la Organización Internacional para las Migraciones identificó que al 6 de enero de 2026, había un total de 1,450,254 personas desplazadas internas en Haití, “lo que supone un aumento del 39% en comparación con finales de 2024”.
Para la Iglesia, “el desplazamiento forzado se convierte entonces no solo en una consecuencia de la violencia, sino en un factor adicional de vulnerabilidad. La violencia no solo destruye vidas: desorganiza la sociedad”.
El Estado debe garantizar la cohesión y la organización de la sociedad
La Arquidiócesis de Puerto Príncipe señaló que es necesario restablecer el Estado, no solo repeler a los grupos armados; “el Estado tiene la responsabilidad particular de garantizar la cohesión y la organización de la sociedad… la seguridad no es un favor otorgado por el poder. Es una condición del bien común”.
La población -agregó- no solo pide que los funcionarios públicos condenen las masacres, “espera instituciones capaces de prevenir, proteger, perseguir y reparar. Una declaración política después de una tragedia de esta magnitud solo puede apaciguar si abre el camino a la responsabilidad y al compromiso”.
Las masacres de Kenscoff -continuó la Iglesia- “al igual que otras violencias documentadas en Haití, no pueden ser absorbidas de forma duradera por el olvido. La justicia debe identificar a los autores materiales, pero también buscar a los patrocinadores, las redes de financiación y las posibles complicidades”.
“El papel de la Iglesia: analizar sin sustituir al Estado”
Para concluir, la arquidiócesis dejó en claro que el papel de la Iglesia es “analizar sin sustituir al Estado: El Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia presenta cuatro aspectos como principios fundamentales para evaluar y orientar la organización de la vida social”.
Estos son la dignidad, que prohíbe tratar a las víctimas como números; el bien común que obliga a las autoridades a superar los intereses particulares; la solidaridad que recuerda que las poblaciones desplazadas y las comunidades víctimas no pueden ser abandonadas y la subsidiariedad”.
En todo ello, dijo, la Iglesia “puede así contribuir a la reconstrucción del vínculo social sin sustituir a las instituciones públicas”.
