El Señor Jesús nos da su gracia de volver una y otra vez al corazón de Jesús, a veces nosotros somos prontos de recibir milagros, que los recibimos a diario, pero muy poco de procesos de conversión, de sanación interior y de un verdadero perdón para sanar el corazón. El centro de la vida espiritual es el corazón, de donde está el centro de la voluntad, de donde nacen las buenas o malas decisiones.
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La espiritualidad eudista nos acerca a las actitudes de piedad y compasión descritas en los evangelios, que quieren ayudarnos a gritar desde lo profundo del corazón de acuerdo la necesidad que tenemos de ser sanados de nuestras profundas heridas, que están en nuestra memoria, en nuestros recuerdos dolorosos y que quieren ser sanadas por el corazón de Jesús.
Jesús y la actitud de los discípulos
Hablando del amor, se ha dicho que cuando el amor es pequeño la brisa lo apaga y cuando es grande la brisa lo fortalece; así mismo, se dice de las virtudes, cuando nosotros no tenemos humildad, es mayor el rechazo de cada uno hacia los demás, como le paso a los discípulos varias veces: “…Les pedí a tus discípulos que expulsaran a ese espíritu, pero no pudieron” (Mc 9, 18) y otro texto que ha generado controversias para nosotros hoy, porque tiene que ver con el evangelio de este Domingo, de la semana XX del Tiempo Ordinario: “el Señor me ha enviado a las ovejas descarriadas de Israel” (Mt 15, 24).
La mujer incomoda a los discípulos
Los discípulos no quieren que Jesús atienda a esa mujer, porque incomoda, porque ellos esperan que Jesús la despache prontamente porque es cananea, es extranjera… ellos rechazan la humildad de la mujer, en cambio Jesús observa atentamente y en un silencio prudente a esta mujer. Jesús guarda silencio, antes de cualquier decisión Jesús subía al monte a orar, antes de hablar, Jesús desde su silencio grita a la humanidad, para hacer un alto en el camino y que cada uno vuelva a su corazón, solamente así podemos encontrar el camino correcto que hemos de seguir.
La verdadera humildad del corazón
Cuando la humildad es grande el Señor nos da mas humildad o mejor aún nos da una humildad más grande para sanar las heridas del corazón. Seguro que Jesús esta ante dos situaciones diferentes, reacciona de manera diferente, por eso me tomo el atrevimiento de colocar estos dos pasajes: la primera cita de sus discípulos es la falta de fe, para liberar a una persona oprimida por el mal y la otra, en su contexto de una mujer cananea, suplica por su hija que tiene un demonio muy malo, pero Jesús en su principio tiene la consciencia que su misión está en la sinfonía con la obediencia que le debe al Padre, nunca desprecia a la mujer, sino que para Él, su primer enfoque es la obediencia al Padre.
Jesús, sabe que lo fundamental es obedecer al Padre, sabe que el Señor, su Padre, lo ha enviado a las ovejas descarriadas de Israel, no por eso no deja de ayudar a la mujer que viene con un corazón grande, humilde y confiada en Jesús, a pesar de ser extranjera, Jesús le dice: “Oh mujer que grande es tu fe” (Mt 15,28).
La fe de la mujer es grande
Esta mujer, seguramente busca incansablemente la sanación de su hija, pero Jesús no la ignora, no la desprecia, lo sabemos que ella insiste una y otra vez, porque sabe que Jesús tiene el poder de sanar, seguramente, esta mujer que sale del mundo pagano, que es cananea, extranjera, tiene la valentía de interceder por la sanación de su hija.
En estos días pasados, hemos encontrado en diferentes lugares del mundo, que la tierra tiembla, en Colombia el pasado 10 de agosto, se tuvo un sismo en la escala de Ritcher de 7,4. La cuestión es como abordamos este acontecimiento que nos hace dar un giro a nuestra humanidad, a la solidaridad y las emociones que vienen después de un acontecimiento que marca la vida e historia de un contexto cultural como el nuestro. En fin la naturaleza de las emociones son narrativas y las narrativas son emocionales.
Un cambio en nuestra manera de concebir y vivir las emociones
La emoción en su origen, la RAE, la recoge por primera vez en 1843, la relación del individuo con un contexto socio-cultural, como un sismo que puede generar, sentimientos internos, tales como la rabia, enojo, sensación de desprotección, así como la empatía, la necesidad de ayudar y ser solidarios con las victimas y con las familias que perdieron un ser querido. Puede ser que tengamos sentimientos encontrados, pero en últimas Dios está siempre con todos nosotros, porque nunca nos ha dejado solos.
Volver al corazón de Dios
San Juan Eudes nos dice: “El divino Corazón de Jesús, que son las llagas del cuerpo y del Corazón de Jesús las que como bocas invitan al pecador a regresar al corazón, tanto al propio corazón -como movimiento de conversión y arrepentimiento-, como hacia el Corazón de Jesús, como movimiento de santificación y de amor” (Dr. Fr. Eguiarte, Enruque, Una relectura de la teología del Corazón de San Agustín en la doctrina de san Juan Eudes, P. 80. Estudios sobre la teología del corazón de Jesús en san Juan Eudes, Rev. Eudistas, N 28, 2022. Cf. San Juan Eudes, OC, VIII, 261).
Una vez, más la invitación es regresar al corazón, como centro y totalidad de la vida espiritual, como el punto de partida y llegada de nuestras acciones, porque, mi Corazón es todo suyo, pues nos lo ha dado todo, nada nos falta, teniendo a Jesús como el centro y fundamento de nuestra vida cristiana.
En fin, con el corazón, donde vive la voluntad, se ama o se odia, se actúa con amor o no. El corazón se convierte en la sede de lo bueno (Sal 27,8). Por eso, el principal motivador de la evangelización y misión de la Iglesia es el corazón, que no es otro que la presencia del Espíritu Santo en el corazón de todos los hombres, así lo que busca la Iglesia al misionar, es volver al corazón de Dios, esto es la conversión del corazón: un nuevo estilo de vida a la manera de Dios.
Por Wilson Javier Sossa López. Sacerdote eudista del Minuto de Dios
