Cali, capital de Valle del Cauca, y Quibdó, capital del departamento del Chocó, fueron una de las regiones más afectadas por el terremoto de 7.4 del 10 de agosto.
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Sus obispos, Luis Fernando Rodríguez de Cali, y Winston Mosquera de Chocó, en entrevista con la Agencia católica italiana de noticias SIR, dieron un balance los daños que dejó el sismo.
Rodríguez admitió que una emergencia de estas proporciones ha tomado por sorpresa a todos, “nadie está preparado para circunstancias y realidades de esta magnitud”, sin embargo, esto “nos impulsa a inspirar solidaridad, a dirigir nuestra mirada a lo esencial: a Dios”.
Indicó que en Cali 4.000 personas requieren “ayuda, refugio, colchonetas, alimentos, artículos de higiene personal ”, por lo que desde la arquidiócesis han activado un Comité de Emergencia en articulación con Cáritas, Banco de Alimentos, los vicarios locales y la delegación de Arquitectura y Patrimonio Arquidiocesano.
Olvido agudiza la crisis
En Chocó la situación se agrava. Al respecto, Mosquera refirió que la Iglesia ha venido acompañando a las personas afectadas. Son 28 municipios de esta región los que han resultado más afectados.
El obispo ha denunciado que el terremoto “ha dejado en evidencia” el abandono que durante décadas ha sufrido el Chocó por parte del Estado. De hecho, los hospitales no dan abasto.
“Chocó es conocido como una de las zonas más olvidadas del país. Esto no es un secreto para nadie”, lamentó.
Son años de promesas incumplidas, por lo que la pobreza se ha multiplicado. Otro desafío – señala el obispo – es la respuesta humanitaria por falta de vías de acceso.
Mosquera aseguró que “solo hay dos carreteras que conectan Chocó con el resto del mundo, y no están en las mejores condiciones”.
El testimonio de ambos prelados deja sobre la mesa una preocupación: que más allá de la reconstrucción material, también haya una real reconstrucción social en estas zonas instrumentalizadas por la demagogia y la violencia.
