El Papa invita a contemplar nuestro destino final a través del arte cristiano

León XIV reza la oración mariana del ángelus en la plaza central de Castel Gandolfo con lo peregrinos que visitan la villa papal

El Papa invita a contemplar nuestro destino final a través del arte cristiano
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Al mediodía de hoy, tras presidir la celebración eucarística por la Solemnidad de la Asunción en la parroquia de Castel Gandolfo, el papa León XIV se trasladó a la vecina plaza de la Libertad para el rezo del ángelus. Ante los fieles y peregrinos congregados frente al Palacio Apostólico, el Papa ofreció una meditación sobre el profundo significado de esta fiesta –de vital importancia tanto para la teología católica como para la piedad popular– a través de la lente de la historia del arte.



En los saludos tras la oración, encomendó a la Asunción cuantos necesitan consuelo, especialmente en Tierra Santa, en Rusia y Ucrania o los cristianos que sufren discriminación o persecución. También rezó por quienes sufren por el terremoto en Colombia y a cuantas viven en contextos difíciles. A quienes están de vacaciones le recomendó que disfruten de la naturaleza o de una buena lectura.

El sueño de María

Para profundizar en este misterio, el pontífice propuso a los fieles observar los dos grandes modelos iconográficos con los que los artistas han ilustrado la Asunción a lo largo de los siglos. El primero de ellos, explicó el Papa, es el antiquísimo modelo de la «dormición» de la Madre de Dios, que fue el único utilizado durante casi un milenio.

En estas obras, María aparece recostada sobre un ataúd y dormida en la muerte, venerada por los apóstoles conmovidos, mientras Jesús resucitado, de pie en el centro, sostiene el alma de su madre «como a una niña recién nacida». El Papa señaló que este esquema visual, que se puede admirar de forma magistral en el mosaico de la basílica romana de Santa María la Mayor, subraya una verdad central de la fe: es Cristo quien viene a buscarnos para llevarnos a la vida eterna, cumpliendo la promesa hecha a sus amigos de prepararles un lugar.

Viviremos para siempre

Posteriormente, León XIV analizó el segundo modelo iconográfico, desarrollado más tarde en Occidente, que presenta a la Virgen «de cuerpo entero, en el cielo, rodeada de luz» y frecuentemente escoltada por ángeles y santos. Esta imagen, fuertemente inspirada en la visión apocalíptica de la mujer vestida de sol, resalta la verdad de que la Madre de Dios fue asunta «en la integridad de su persona», es decir, en cuerpo y alma.

El Papa también hizo notar que algunos artistas han llegado a fusionar ambos modelos, pintando a la Virgen gloriosa en lo alto sobre una tumba vacía que aparece «frecuentemente llena de flores de diversos colores», con los apóstoles mirando fijamente hacia el cielo.

A modo de conclusión, el Papa recordó que contemplar estas obras de arte es también asomarse a nuestro propio destino final. Aseguró a los presentes que la plenitud de vida que hoy vemos en María nos espera también a nosotros al final de los tiempos, momento en el que Cristo transformará nuestro cuerpo mortal y corruptible, vistiendo nuestra carne con inmortalidad.

Así, con nuestra humanidad transformada por el amor del Redentor, el pontífice prometió que «viviremos para siempre, en la fiesta sin fin», concluyendo su intervención con una invitación a alabar a Dios por las grandes obras realizadas en su Santísima Madre.

León XIV, durante el rezo del ángelus en Castel Gandfolfo

León XIV, durante el rezo del ángelus en Castel Gandfolfo

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