De cara a la próxima 112ª Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, que se celebrará el 27 de septiembre de 2026, el papa León XIV ha publicado un contundente mensaje centrado en la dramática situación que atraviesan los niños y adolescentes desplazados. Bajo el lema “Incluso uno solo de estos pequeños”, el pontífice exige a los gobiernos, a las comunidades religiosas y a la sociedad en general que abandonen la indiferencia y sitúen la protección de la infancia en el centro del debate migratorio.
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Una “realidad compleja de vulnerabilidad”
En su mensaje, firmado el pasado 11 de agosto, el Papa subraya que los menores son “los más vulnerables dentro de los flujos migratorios mundiales”. Lejos de ser meros números, León XIV recuerda que “son rostros concretos, historias únicas, que apelan a nuestra conciencia”.
El pontífice señala directamente a las causas de este éxodo forzado y a sus culpables: “Cada año, millones de niños y adolescentes se ven obligados a abandonar su tierra a causa de guerras, pobreza, violencia, desastres medioambientales y otras tragedias; y, lamentablemente, su número sigue aumentando. Las responsabilidades económicas, políticas y militares de este desastre son inmensas”.
El texto hace un crudo repaso por los peligros que acechan a estos niños, desde la separación familiar hasta “las muertes a lo largo de las rutas migratorias, la trata y la explotación, el reclutamiento de menores para su participación en conflictos armados, la violencia sexual, los matrimonios forzados”. Ante esta dura realidad, el Papa es tajante: “Su dignidad se ve pisoteada en demasiadas formas”.
Contra la indiferencia estadística
León XIV hace un llamamiento a la dimensión espiritual e individual frente a la crisis. Inspirado en el Evangelio, recuerda que “no es una cuestión de cifras ni de estadísticas. El Evangelio nos invita a no hacer cálculos: incluso uno solo. Cada niño, cada ser humano, posee una dignidad infinita”.
Para combatir esta invisibilidad, el Papa articula su mensaje en un cuádruple llamamiento a la responsabilidad:
- A nivel personal: Pide superar “esa indiferencia que reduce al ser humano a un dato estadístico que no nos afecta directamente”, invitando a reconocer al niño “aún antes que en su condición de ‘migrante’“.
- En la vida de la Iglesia: Exige “convertir la hospitalidad de un concepto abstracto en una práctica pastoral constante”, advirtiendo que no se puede “delegar esta tarea a instituciones o asociaciones”. Toda la comunidad debe integrarlos para “prevenir la soledad, el aislamiento y el rechazo”.
- En el diálogo interreligioso: Subraya que la vulnerabilidad infantil “no conoce fronteras confesionales”. Insta a las comunidades de fe a crear espacios seguros que protejan a los jóvenes, “previniendo así el riesgo de radicalización por parte de grupos extremistas”.
Un mensaje directo a las instituciones
Uno de los puntos más destacados del mensaje es la interpelación directa a los poderes públicos. El Papa exige reafirmar “el principio del interés superior del menor” y promover la reunificación familiar.
Recordando su reciente discurso ante el Parlamento español el pasado mes de junio, León XIV reclama un giro radical en las políticas internacionales: “Es urgente un cambio de perspectiva: hay que desplazar el eje del debate de la mera gestión de los flujos migratorios a la protección plena e inmediata de los derechos humanos”.
A pesar de la dureza del diagnóstico, el mensaje papal también deja espacio para la esperanza, elogiando la “luz de la solidaridad” de aquellas familias, educadores y voluntarios que, “en las rutas y en nuestras ciudades, se dedican a curar las heridas invisibles de estos pequeños”, demostrando que “el amor puede vencer a la indiferencia”.
El texto concluye encomendando a los menores migrantes a la Virgen María, recordando que la propia Sagrada Familia “conoció la crueldad de la violencia de Herodes y el drama del exilio en Egipto”.
