Guillermo Jesús Kowalski
Licenciado en Teología por la Universidad Católica de Argentina (UCA)

Ceuta, un poliedro para discernir y misericordear


La llegada masiva de personas a Ceuta no puede leerse con una sola cara ni resolverse con una única política. Es un poliedro: un problema con múltiples aristas (humanas, jurídicas, económicas, diplomáticas y espirituales) que exige un discernimiento capaz de ver todas sus facetas y una misericordia que anime cada camino de respuesta.



Siguiendo el método del poliedro propuesto por el papa Francisco, proponemos una lectura desde la Doctrina Social de la Iglesia que relacione hospitalidad inmediata, respeto a la legalidad y transformación de las causas estructurales que empujan a millones a migrar.

1. Mirada compasiva: la hospitalidad como primer deber

La primera cara del poliedro es la persona que llega: rostro concreto, nombre, historia, heridas. La Doctrina Social de la Iglesia recuerda que la dignidad humana precede a cualquier cálculo político. Ante el migrante que toca la puerta, la respuesta inmediata debe ser hospitalidad: atención sanitaria, abrigo, alimento y escucha.

Jesús mismo nos enseñó que el criterio último del juicio es el cuidado de los necesitados: “Tuve hambre y me disteis de comer” (Mt 25,35). La acogida no es solo un gesto caritativo: es reconocimiento de la persona como sujeto de derechos y de la comunidad como lugar de encuentro.

2. La legalidad y la presencia del Estado

Otra cara del poliedro es la legalidad. Los Estados tienen la responsabilidad legítima de ordenar fronteras, garantizar seguridad y administrar procesos migratorios. La Doctrina Social no propone el caos ni la anarquía: exige que la hospitalidad se articule con procedimientos justos y transparentes que respeten el derecho internacional y la soberanía.

Esto implica procedimientos de identificación, evaluación de solicitudes de asilo y mecanismos de protección para los más vulnerables, especialmente menores y víctimas de trata. La presencia estatal debe ser visible y humana: no solo control, sino protección y garantía de derechos.

3. Economía al servicio de la persona y no del lucro

Una arista decisiva del poliedro es la economía. La Doctrina Social denuncia una economía que produce riqueza para pocos a costa del empobrecimiento de muchos; son economías de dominación por más que se disfracen de libres. Por eso no dan resultado en los países pobres.

La migración masiva hacia Ceuta y otras fronteras es, en gran medida, consecuencia de desigualdades estructurales: saqueo de recursos, modelos extractivos, falta de oportunidades y degradación ambiental que empujan a comunidades enteras a buscar supervivencia lejos de su tierra.

La respuesta cristiana exige voz profética que denuncie la explotación hecha sistema y promueva una economía al servicio de la persona, que priorice el bien común, la justicia distributiva y la sostenibilidad ecológica. No basta con gestionar flujos: hay que transformar las causas que generan el éxodo. No faltan recursos en este siglo XXI, falta justicia…y de la básica.

4. Diplomacia y responsabilidad compartida

El poliedro tiene también una cara internacional: la cooperación entre Estados. La gestión de flujos migratorios no puede recaer solo en los países fronterizos.

Es necesaria una diplomacia que asuma responsabilidades compartidas: acuerdos de reasentamiento, cooperación para el desarrollo, control de redes de tráfico y políticas comerciales que no perpetúen la dependencia.

Migración. Ceuta

Miles de jóvenes marroquíes tratan de cruzar la valla fronteriza con Ceuta (España). Foto: EFE

La Doctrina Social llama a la solidaridad entre naciones, especialmente entre las más ricas y las más empobrecidas, para que la movilidad humana no sea la única salida frente a la explotación.

Si tantos Estados se ponen de acuerdo para gastar estratosféricas sumas de dinero en hacer guerras, con más razón podrían ponerse de acuerdo para hacer una paz justa, con desarrollo humano, en los países pobres del mundo.

Es un sueño, pero Europa podría renovarse si hiciera en el mundo pobre lo que hizo Alemania al unir el este atrasado con el occidente desarrollado.

5. Justicia, verdad y reparación

No puede faltar la exigencia de justicia. Donde hay depredación de recursos y desigualdad lacerante, hay también deuda moral: reparación, restitución y políticas que corrijan las asimetrías.

La Iglesia, desde su magisterio social, pide transparencia en las cadenas productivas, responsabilidad empresarial y medidas que impidan que la prosperidad de unos se sostenga sobre la miseria de otros.

La justicia exige medidas concretas: regulación de empresas extractivas, control de prácticas laborales abusivas y apoyo a economías locales que permitan a las comunidades vivir dignamente en su tierra.

6. El enemigo profundo: el ultra egoísmo

En el análisis no basta con señalar ideologías extremas o la polarización mediática. La Doctrina Social identifica un enemigo más sutil y extendido: el ultra egoísmo. Es la lógica cultural y económica que normaliza la indiferencia, que externaliza costos humanos y ambientales, que convierte al otro en problema o en recurso.

Combatir a este enemigo exige una conversión personal y comunitaria: de la acumulación al compartir, de la indiferencia a la compasión, de la comodidad a la solidaridad. La misericordia cristiana no es sentimentalismo: es fuerza transformadora que cuestiona estilos de vida y estructuras injustas.

7. Misericordia que anima todos los caminos

El poliedro no propone soluciones excluyentes sino complementarias, siempre animadas por la misericordia. Esta misericordia orienta la hospitalidad inmediata, legitima la acción estatal ordenada, impulsa la reforma económica y exige la cooperación internacional.

Misericordia significa acompañar, proteger, juzgar y transformar: es un dinamismo que no se conforma con paliativos, sino que busca la raíz del mal. Como decía Jesús: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mt 11,28). Una invitación a aliviar la carga y a construir caminos de esperanza.

8. Propuestas concretas desde la Doctrina Social

  • Protocolos de acogida humanitaria que prioricen protección de menores y víctimas de violencia.
  • Procedimientos justos y ágiles para tramitar solicitudes de asilo y regularización.
  • Políticas económicas y comerciales que incluyan cláusulas de responsabilidad social y ambiental.
  • Programas de cooperación y desarrollo que fortalezcan economías locales y reduzcan la presión migratoria.
  • Campañas formativas de Doctrina Social de la Iglesia en parroquias y comunidades para contrarrestar el ultra egoísmo y promover la cultura del encuentro.

Conclusión

Ceuta es, en su dramatismo, un poliedro que nos obliga a mirar con ojos amplios y corazón abierto. La Doctrina Social de la Iglesia ofrece una brújula: dignidad humana, bien común, subsidiariedad y solidaridad, como ha recordado León XIV en ‘Magnífica humanidad’.

Seguir este camino exige valentía política, creatividad pastoral y conversión personal. Por encima de todo, la misericordia debe animar cada decisión: acoger sin ingenuidad, legislar con justicia y transformar las estructuras que hacen del desplazamiento una condena.

Solo así la respuesta será humana, legítima y esperanzadora: un testimonio vivo del Evangelio que sana heridas y abre futuros.