Tribuna

El Espíritu Santo: el corazón de la Iglesia en una comunidad en particular

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Ante nuestras fragilidades, tenemos un abogado, es el Espíritu Santo que nos ayuda a orar y pedir al Padre: “Somos débiles, pero el Espíritu viene en nuestra ayuda. No sabemos cómo pedir ni qué pedir, pero el Espíritu lo pide por nosotros, sin palabras como con gemidos.” (Rom 8,26).



 ¿Por qué el Espíritu Santo es el corazón de la Iglesia?

Cuando uno recibe un regalo se alegra porque tiene un gran significado para nuestra vida, así pasa con el Espíritu Santo en nuestras vidas, es el alma de la Iglesia, en expresión del papa San Juan Pablo II y en expresión del papa Francisco, es el corazón de la Iglesia. Porque el gran protagonista de la evangelización es el Espíritu Santo, el motor que mueve la Iglesia desde sus inicios hasta el día de hoy, siempre se ha predicado la Palabra del Señor: “Predicar es hacer hablar a Dios” (san Juan Eudes).

Por eso, si no predicamos “hasta las piedras gritarán”(Lc 19, 40), como expresión podemos discernir que también se habla de los “signos de los tiempos” (Mateo 16, 3), es decir, en los sucesos, las inquietudes, las corrientes de pensamiento y acción, los anhelos de la humanidad que caracterizan un momento histórico y le imprimen su sello, pero que el Espíritu habla en todo momento y todos los acontecimientos del hombre a lo largo de toda la historia y en todos los tiempos.

Parroquia

¿Por qué se afecta la unidad en la diversidad de la Iglesia?

Lo decía en una homilía en su momento el papa Benedicto XVI: “la misión de evangelizar se ve afectada por divisiones entre quienes deberíamos colaborar con alegría. Por este motivo, la Iglesia no deja de animarnos a cuidar este aspecto, recordándonos que estamos llamados a ser «fuerzas de unidad dentro del Cuerpo de Cristo […].

Con gran humildad y confianza pidamos al Espíritu que cada día nos haga capaces de crecer en la santidad que nos hará piedras vivas del templo que él está levantando justamente ahora en el mundo. Si tenemos que ser auténticas fuerzas de unidad, […] perdonemos las ofensas padecidas y dominemos todo sentimiento de rabia y de enfrentamiento” (Benedicto XVI, Homilía 19.IV.2008).

La Eucaristía en sus inicios nos anima a la unidad en la comunidad

Así como lo hicieron los primeros cristianos reunidos en Pentecostés: “todos quedaron llenos del Espíritu Santo y anunciaban decididamente la Palabra de Dios” (Hch 4,31), ya que “la multitud de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma” (Hch 4,32). Así en sus inicios, podían haber situaciones adversas, pero siempre la unidad reinaba en medio de la diversidad.

El testimonio de san Justino

San Justino, hacia el año 150, describe la reunión dominical de los fieles (la Misa). La asamblea empieza con recuerdos y la lectura de los apóstoles o de los profetas, seguida de una exhortación de quien preside la liturgia y de preces; se ofrece a continuación el pan y el vino y tras la consagración de la acción de gracias se distribuyen a los asistentes; y por último tiene lugar lo que ahora llamaríamos colecta: “los que tienen y quieren, cada uno según su libre determinación, da lo que bien le parece, y lo recogido se entrega al presidente y él socorre con ello a huérfanos y viudas, a los que por enfermedad o por otra causa están necesitados, a los que están en las cárceles, a los forasteros de paso” (San Justino, I Apología, 67).

Nuestras experiencias se forjaron desde el tejido social y fraterno

Ante las realidades de que vivimos en nuestras comunidades se fueron forjando desde el tejido mismo social, donde se ha involucrado a muchas personas para construir comunidad; quiero manifestar algunas experiencias  particularidades de la liturgia y de los grupos pastorales, es invaluable la gran manifestación de cariño que la comunidad de Sierra Morena ha tenido durante muchas generaciones de los Padres Eudistas, durante muchos años de creada esta parroquia de Jesús y María, todavía las personas nos mencionan como empezó todo: “era una comunidad pequeña, con sus primeras casas, se reunían en unas latas y en un terreno de tierra”, así comenzó todo en esta comunidad parroquial.

Algo de historia de nuestra Parroquia de Jesús y María

Nuestra parroquia fue creada Canónica: 14 de junio de 1996. Decreto 168, firmado por el Arzobispo de Bogotá, Monseñor Pedro Rubiano Sáenz. N° de Creación 199. Pertenece a la Arquidiócesis de Bogotá – Vicaria Episcopal Territorial Santa Isabel de Hungría. Desde su fundación ha estado acompañada de los Padres Eudistas, Congregación de Jesús y María.

¿Cómo se ha renovado la fe de los habitantes de Ciudad Bolívar?

Sigue siendo un centro de evangelización en esta parte de Bogotá, acuden a la misa diaria en las mañanas y en las tardes, personas de diferentes partes cercanas, igualmente se atiende a varias familias con la pastoral social y de la salud, con los programas de acompañamiento y escucha, Banco de Alimentos de la Arquidiócesis de Bogotá con el plan del buen Samaritano, al mismo tiempo los grupos han crecido y las Eucaristías de los viernes a las 6:00 p.m. de sanación han ido cogiendo fuerza en la comunidad. Contamos con un excelente equipo de sacerdotes (Jesús David Medina, José Prentt y Angelis Cuesta) y de varios agentes de pastoral que son formados y  acompañados por nosotros (EPEM Y COPAE, Acólitos, hogueritas, lectores y delegados de comunión y grupo juvenil) que le han dado una cara amable y de calor humano y espiritual a nuestra Parroquia.

Visita del cardenal Luis José Sierra Aparicio

Ya estamos próximos a la visita para inaugurar nuestra Capilla de Adoración Perpetua, que hemos venido trabajando para ponerla al servicio de la comunidad contaremos con la bendición del cardenal Luis José Rueda Sierra Aparicio, Arzobispo de Bogotá y primado de Colombia. Así que este centro de renovación espiritual cuenta con grupos carismáticos y del movimiento de Emaús que han ayudado a contribuir en  el crecimiento de la vida espiritual que aflora en este sector de la ciudad.


Por Wilson Javier Sossa López. Sacerdote eudista del Minuto de Dios