El pasado 19 de julio, Daniel Ortega oficializó su dictadura en Nicaragua al afirmar que “aquí no volverá a haber elecciones”. Sin embargo, está promoviendo en el Parlamento una reforma constitucional para articular cómo serán de ahora en adelante los comicios.
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Una ‘marcha atrás’ que no es tal, pues, como anunció ayer, 3 de agosto, en un acto en Managua, no permitirá que concurran a ella “terroristas y golpistas”; una categoría en la que, a su juicio, se incluyen todas las fuerzas de la oposición.
Los mandatos se ampliarán de cinco a siete años
Además, de su proyecto de ley que está tramitándose en la Asamblea Nacional se conoce que los mandatos presidenciales se ampliarán de cinco a siete años, siendo renovables y sin límite alguno.
De este modo, cuando en 2027 se convoquen las elecciones presidenciales, no queda ninguna duda de quiénes serán los vencedores: el propio Ortega y su mujer, Rosario Murillo, quien se desempeña como copresidenta.
A sus 80 años, Ortega acumula ya 30 en el poder. En 1985 consiguió que triunfara la Revolución Sandinista y, tras caer la dictadura de los Somoza, fue presidente durante una legislatura, hasta 1990, cuando le venció en las urnas Violeta Chamorro.
También perdió en las elecciones de 1996 y 2001
Tras perder en las elecciones de 1996 y 2001, logró imponerse en las de 2006. Una vez en el poder, todas las elecciones que ha habido en estas dos décadas han recibido acusaciones de fraude desde la comunidad internacional.
En las últimas, en 2021, directamente, había encarcelado previamente a los principales líderes de la oposición, así que no hubo rivales reales. Desde las protestas de 2018, cuando aplastó violentamente las manifestaciones populares en su contra, el régimen no esconde su autoritarismo.
Algo que sufre en buena parte la Iglesia. Hace ocho años, cuando muchos templos se abrieron para proteger a quienes eran masacrados por pedir en la calle libertad y respeto a los derechos humanos, Ortega y Murillo pusieron en la diana a muchos obispos, sacerdotes, religiosos y laicos.
En el exilio o vigilados hasta el extremo
Hoy, buena parte de ellos están en el exilio. Los que quedan dentro del país son vigilados hasta el extremo para que no puedan deslizar ninguna crítica al Gobierno. El último ejemplo paradigmático es el del obispo emérito de Estelí, Juan Abelardo Mata, quien lleva desde el 28 de junio bajo arresto domiciliario por rezar “por la Iglesia perseguida”.
A sus 80 años y con una salud frágil, en todo en continente americano son muchos los que alzan la voz para exigir al régimen que lo libere o, al menos, permita que le visite un médico.
