El cardenal Cobo pide al nuevo abad del Valle de los Caídos que sea padre y no político

El arzobispo de Madrid preside la bendición abacial de Alfredo Maroto Herranz y le recuerda que “la reconciliación es más fecunda que la victoria” y que “cuando Cristo ocupa el centro, la reconciliación es posible”

El cardenal Cobo bendice al nuevo abad del Valle de los Caídos
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El cardenal arzobispo de Madrid, José Cobo, presidió ayer la bendición del nuevo abad del Valle de los Caídos, Alfredo Maroto Herranz, OSB. El purpurado se trasladó a la Abadía de la Santa Cruz para la celebración, en cuya homilía recordó que, “en un tiempo en el que abundan los políticos, los gestores y los técnicos, en la Iglesia seguimos necesitando paternidad”, según informa el propio arzobispado.



La bendición abacial reunió a una amplia representación del mundo benedictino, con la presencia de los abades de Solesmes, Leyre, Fontgombault, Quarr, Ganagobie, Donezan, Santo Domingo de Silos, Ligugé, Triors, Kergonan, Poblet y Santa María de Huerta, además del prior administrador de La Oliva y del abad presidente de la Congregación de Santa Otilia.

Participaron asimismo representantes de diversas órdenes religiosas, numerosos sacerdotes de la archidiócesis de Madrid, autoridades civiles, así como familiares de Maroto Herranz.

Cobo comenzó su alocución destacando que “la Iglesia nos reúne hoy para bendecir a quien ha sido llamado a este ministerio y para confiarle, no un honor ni una dignidad, sino una paternidad y un servicio”. 

Asimismo, el arzobispo insistió en que la Iglesia necesita “hombres capaces de sostener una comunidad desde el servicio, desde la escucha de sus alegrías y heridas, de discernir los caminos del Espíritu para cada fraternidad y ayudar a que no se pierda el norte cuando llegan las dificultades”.

La Regla de san Benito como base

Recordando la Regla de san Benito, el cardenal subrayó que “el abad hace las veces de Cristo en el monasterio, no porque sea mejor que los demás, sino porque está llamado a transparentar, con su vida y su modo de actuar, la presencia del Buen Pastor, de manera que todos puedan reconocer la presidencia de Cristo”.

En el mismo sentido, agregó: “No se busca un hombre fuerte según los criterios del mundo, sino, sencillamente, un hombre de Dios, llamado a enseñar más con la vida que con las palabras, a escuchar antes que imponer y a gobernar con prudencia y misericordia”.

El arzobispo de Madrid destacó también que “quien recibe hoy la bendición abacial recibe también una cruz, compartida por la comunidad: la cruz de llevar en el corazón las preocupaciones de todos; la cruz de permanecer cuando otros se cansan; la cruz de mantener la esperanza cuando llegan momentos de oscuridad; la cruz de buscar la unidad cuando aparecen tensiones”.

Según las palabras del purpurado, esta tarea exige “renunciar a los propios intereses y a las visiones particulares para ayudar a todos a abrir el corazón a la Iglesia, a su mirada amplia y verdaderamente católica”.

El cardenal insta a ser artesanos de paz en un mundo polarizado

Por otro lado, Cobo puso de manifiesto que “una de las grandes misiones de la vida benedictina es ser artesanos de paz en un mundo fragmentado, polarizado y herido. Así, recordó que la tradición de san Benito nació también en una época de profundas transformaciones y que los monasterios “no fueron espacios de confrontación, ni de repliegue en el pasado. Supieron mirar al futuro”.

“Aquí se enseña que nadie se salva solo. Aquí se muestra que la reconciliación es más fecunda que la victoria. Aquí se aprende que la escucha vale más que el ruido. Aqui se enseña a escuchar voces diversas, acoger heridas diversas y ayudar a armonizar y sanar lo que parecía irreconciliable”, agregó Cobo.

El cardenal hizo hincapié en que, “cuando Cristo ocupa el centro, la comunidad permanece unida; cuando Cristo ocupa el centro, la reconciliación es posible; cuando Cristo ocupa el centro, la paz deja de ser un ideal para convertirse en un modo concreto de vivir”.

“Que, bajo tu cuidado, esta comunidad siga siendo una escuela de oración y de alabanza al Señor; una casa de reconciliación; una escuela de escucha; y una lámpara encendida para cuantos buscan a Dios”, aseveró dirigiéndose al nuevo abad.

El cardenal Cobo bendice al nuevo abad del Valle de los Caídos

El cardenal Cobo bendice al nuevo abad del Valle de los Caídos. Foto: Alfonso Gordon

Tras recibir la Regla de san Benito, el anillo, la mitra y el báculo pastoral, signos propios del ministerio abacial, Maroto Herranz dirigió unas palabras, en las que agradeció especialmente la presencia del cardenal, de los abades y superiores, sacerdotes y de los fieles. Así, recordó a su familia y “cuantos han sostenido con su oración, su consejo y su cercanía la vida del monasterio a lo largo de los años”.

Al término de la celebración, el abad de Solesmes, Geoffroy Kemlin, leyó el mensaje del papa León XIV para el nuevo abad, en el que invocaba sobre su ministerio “la abundancia de los dones del Espíritu Santo”, deseándole que ejerciera su servicio “con sabiduría, humildad y caridad, conforme al ejemplo del Buen Pastor y a la Regla de san Benito”.

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