Vincent van Gogh es uno de los grandes pintores contemporáneos más hondamente religiosos; podemos situarlo al lado de Georges Rouault, Maurice Denis o Marc Chagall, de muy distinta confesión religiosa. Por eso, no es de extrañar que haya sido objeto de varios estudios a este respecto; algunos críticos con su religiosidad, argumentando que, tras un breve tiempo de predicador, la de Vincent es una fe muy heterodoxa e incluso acaba siendo ateo. Pero es una fe que, en realidad, manifiesta una espiritualidad vivida desde el interior y sigue creyendo en Dios, aunque al margen de la institución eclesiástica. Con todo, la iglesia de Auvers-sur-Oise es uno de sus últimos cuadros.
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Estuve meses atrás en el Museo Van Gogh de Ámsterdam. Era una visita esperada pacientemente desde hacía años por el cariño que tengo desde joven por este gran artista de vida atormentada; una vida fecunda, pero transida de sufrimiento. La mayor parte de sus cuadros quedaron en los Países Bajos –en ese museo, en el Kröller-Müller Museum de Otterlo y en otros más pequeños–, pero hay muchos más en museos por todo el mundo.
Conocí bastante la obra de Van Gogh desde joven –cuando yo soñaba también con ser pintor– en las fotos de los libros sobre el artista. Y había leído su magnífico y epistolario ‘Cartas a Théo’ (652 cartas), un retrato excepcional del pintor y su visión del arte y del mundo, de su fe, su espiritualidad y sus sentimientos más íntimos.
Hijo de pastor protestante
Vincent van Gogh (1853-1890) nació en el pueblecito holandés de Grott-Zundert (Brabante). Fue el segundo hijo del pastor protestante Theodorus van Gogh, de la Iglesia Reformada Holandesa (confesión calvinista), tras un trágico episodio familiar: su hermano nació muerto y él vino al mundo ese mismo día, justo un año después; su madre nunca se repuso de dicha pérdida y su angustia tuvo repercusión en el niño, a quien le pusieron también por nombre Vincent. Un gran error.
Los calvinistas suelen llevar una disciplina estricta y una fe fundamentalista, pues el calvinismo ortodoxo siempre ha creído que el ser humano no podía cumplir por sí mismo la Ley de Dios; nuestra vida depende totalmente de la obediencia que Cristo ha mostrado. Pero, a pesar de pertenecer a esa Iglesia, su padre era un pastor bastante liberal, pues “hablaba más de Cristo como ejemplo que como sustituto del pecador” y “había sustituido la teología evangélica por un moralismo asfixiante” (José Segovia, “La fe de Van Gogh”).
Entre los pobres de Borinage
El propio Vincent llegó a ejercer de pastor entre los trabajadores belgas de las minas de carbón de Borinage, tras estudiar para ello en Ámsterdam y Bruselas. Había empezado esta tarea como ayudante de un predicador metodista en la periferia de Londres, a donde había ido en 1873 por razones laborales. En 1876, da su primer sermón y relata la experiencia con gran entusiasmo en una de sus cartas a Théo. Aunque al año siguiente regresa a Holanda y se pone a trabajar en una librería de Dordrecht.
Por esos años, parece que pasa gran parte del tiempo traduciendo la Biblia a tres idiomas y acudiendo a distintos cultos religiosos. Entonces, decide seguir el camino de su padre y entrar en la Facultad de Teología de la Universidad de Ámsterdam, pero tiene dificultades con el latín y el griego, a pesar de hablar tres idiomas, y renuncia al cabo de un año.
Estudia luego en la Escuela Flamenca de Evangelización de los Pobres en Laeken-les-Bruxelles, un centro de formación de misioneros, pero también abandona pronto. Con todo, consigue un acuerdo con sus superiores que le permite ir a predicar en 1878 a la región de Borinage.
Anuncio del Evangelio
En sus estudios para pastor, Vincent no destaca. “No por incapacidad, sino por impaciencia –escribe un crítico–. ¿Qué otra cosa es ser pastor sino consagrar la vida completamente al anuncio del Evangelio, no solo con la palabra sino con el don de sí, con el amor del prójimo? Se marcha, sin otro mandato que san Pablo” (Claude-Henri Rocquet, “La teología de los girasoles”, ‘La Croix’). El pastor Luis D. Salem, en su trabajo “La crisis de un genio”, lo califica como un hombre bueno, con un gran amor hacia los pobres y destaca su anhelo de ser pastor: “Como el cactus creció, floreció en tierra estéril”.
En el otoño de 1878, Vincent se va a la región deprimida de Borinage, en la cuenca minera entre Bélgica y Francia; la miseria de aquella zona quedaría retratada en el filme ‘Misère au Borinage’ (H. Storck-J. Ivens, 1933). Allí está primero medio año en el pueblo de Paturage; asombrados por su celo, sus superiores le confían una misión en la cercana aldea de Wasmes, donde permanece casi un año, escribiéndole emocionantes cartas a su hermano Théo.
Entrega radical
Pero, cuando llega a desgarrar hasta su ropa interior para curar a unos mineros heridos, sus superiores recelan de su actitud radical y le suspenden de sus funciones, al considerar una excentricidad esta entrega radical, “poco decorosa” para un predicador. Ejerce luego casi un año (1879) de predicador en Cuesmes. “La Iglesia Reformada de Holanda sería más famosa si en su lista de pastores hubiera conservado el nombre de Vincent van Gogh”, escribe con razón el pastor Tomás Gómez (“Vincent van Gogh: el pintor que quiso ser pastor”).
En Borinage, Vincent no solo predica, sino que atiende a los enfermos, da clases a niños y niñas, comparte todo lo que tiene, hasta su ropa; vive como ellos, llegando a dormir en el suelo de una choza abandonada e incluso baja a la mina. “Habría muerto de penuria, si su padre no lo hubiese convencido de regresar a una vida más normal. Allí lo recuerdan como un santo” (“La teología de los girasoles”).
Con ese compromiso social radical, comenzó a dibujar a las gentes de la comunidad local, haciendo los bocetos de la que será luego una de sus primeras grandes obras: ‘Los comedores de patatas’ (1885). “Es bueno ser un hombre honrado y tratar de serlo más y más –escribe a Théo en 1878, antes de ir a Borinage–; y se obra bien cuando se cree que es preciso también ser un hombre interior y espiritual” (carta 121). (…)
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Índice del Pliego
Hijo de pastor protestante, estudiante de teología y predicador
Vincent entre los pobres de Borinage
La primera gran crisis de Vincent
Artista apasionado y creyente religioso heterodoxo
La Escuela de Pont-Aven y la pintura de tema evangélico
‘La Piedad’
