Facundo Alexander García tiene 19 años, vive en el Raval de Barcelona y estudia Hostelería. Su camino no ha sido fácil, como el de muchos jóvenes que crecen en contextos de vulnerabilidad derivados de factores de desigualdad estructural. La falta de oportunidades que él y su familia han vivido ha condicionado tanto su desarrollo académico como sus expectativas de futuro.
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El punto de inflexión llegó cuando entró en contacto con la Fundación de la Esperanza, entidad de la red CaixaProinfancia que acompaña socioeducativamente a niños y jóvenes vulnerables mucho más allá del refuerzo escolar.
Al cruzar la puerta de la Fundación de la Esperanza, en el Barrio Gótico de Barcelona, Facundo saluda a los educadores y compañeros –muchos ya amigos– con la cercanía de quien se siente en casa.
En el aula, meriendan y charlan un rato antes de comenzar la rutina de estudio. “Me gusta tener un espacio cómodo donde centrarme en los estudios y también el apoyo de los educadores que me ayudan con las actividades”, explica.
Contar con un lugar estable para el aprendizaje marca una diferencia para estos jóvenes: “Muchos no disponen de un ambiente adecuado para estudiar en casa y algunas familias no pueden darles el acompañamiento necesario. Aquí pueden concentrarse y recibir el apoyo que requieren”, argumenta Gabriela Macchi, educadora de la Fundación de la Esperanza.
Según el estudio La educación en la sombra en la península ibérica, del Observatorio Social de la Fundación ”la Caixa”, en España el 25% de los estudiantes de 6 a 18 años recibe clases particulares fuera del sistema educativo formal.
Esa necesidad de apuntar a los hijos a clases de refuerzo amplifica las desigualdades educativas, al imponer una mayor presión financiera sobre las familias con pocos recursos, puesto que conlleva la reducción de su presupuesto en otras partidas.
La Fundación de la Esperanza atiende a familias en situación de vulnerabilidad que, según la educadora, “suelen estar además limitadas por no hablar el idioma o por el desconocimiento del entorno y del sistema educativo”.
Facundo Alexander García, usuario del programa CaixaProinfancia, saliendo de la Fundación de la Esperanza. Foto: La Caixa
Alcance global
En 2025, el programa atendió a más de 67.000 niños y jóvenes en situación de vulnerabilidad en toda España, ofreciéndoles refuerzo educativo, apoyo emocional, actividades de ocio y tiempo libre, y orientación profesional.
De los menores atendidos, el 84,7% logró terminar y graduarse en la ESO. Además, el porcentaje de abandono escolar entre los participantes se sitúa en torno al 3,54%, muy por debajo del promedio en contextos vulnerables.
Las entidades, además, trabajan en red coordinándose con institutos, escuelas y servicios sociales. “Esto nos ayuda a mover otros recursos si vemos que alguien necesita apoyo adicional”, apunta Macchi, subrayando el alcance global de la atención que ofrecen en la Fundación de la Esperanza.
En el caso de Facundo, este apoyo fue clave para afrontar sus dificultades educativas y mejorar sus habilidades de lectura y escritura, lo que le permitió avanzar en sus estudios y empezar a imaginarse un futuro profesional.
“Cuando Facundo llegó a la Fundación, le ayudamos a organizarse y a entender cómo gestionar sus estudios, y le orientamos para averiguar qué le gustaría hacer el día de mañana”, recuerda Macchi.
Actualmente, está cursando un ciclo formativo de grado medio en Hostelería, un sector que le motiva especialmente: “Mi objetivo es sacarme el título de la formación. En un futuro me veo trabajando de camarero, hablando con los clientes”, asegura.
