Editorial

Ser denuncia en la dictadura nicaragüense

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El 19 de julio, el presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, ratificó de manera pública que está al frente de una dictadura. “Aquí no volverá a haber elecciones”, expuso en el discurso con motivo del 47º aniversario de la revolución sandinista. El exguerrillero, hoy octogenario, gobierna el país centroamericano desde 2007 de la mano de su esposa, Rosario Murillo. Juntos han reducido los derechos y las libertades a la mínima expresión a golpe de fraudes electorales y de aniquilar a la oposición.



La Iglesia ha sido y es una víctima más del hostigamiento al que está sometida toda la nación. Y es que, aunque a menudo se habla de persecución a ‘lo católico’, en realidad los encarcelamientos y torturas que sufren los católicos, la expulsión de congregaciones religiosas, el exilio de obispos y sacerdotes, y el expolio de los bienes eclesiales no es sino el reflejo del martirio que están padeciendo todos los nicaragüenses.

Camiseta con la imagen de Ortega el 19 de julio durante la celebración en Managua del 47º

Camiseta con la imagen de Ortega el 19 de julio durante la celebración en Managua del 47º aniversario de la revolución sandinista. Foto: EFE

En favor del pueblo

Frente a ello, la Iglesia ha de continuar siendo voz de denuncia profética, sabiendo jugar sus cartas –especialmente, las de la diplomacia– siempre en favor del pueblo, pero sin temor a las represalias y, menos aún, sin confabulación alguna con el que ya es oficialmente un dictador.