Fernando Vidal
Director de la Cátedra Amoris Laetitia

Meditar con Félix Rodríguez de la Fuente


Las vacaciones estivales pueden convertirse en una gran experiencia de renaturalización de nuestras vidas si somos capaces de combinar la inmersión en la naturaleza con la reconexión, contemplación y fraternidad con sus criaturas, un estilo de vida sano y sostenible, y la unión con Dios a través de la Creación que nos regaló, que despliega las formas del amor y cuyo ser sigue sosteniendo cada día.



Lamentablemente, también los incendios que estamos sufriendo, el turismo masificado, la visión de los abusos inmobiliarios contra el paisaje y el consumismo forman parte de esa experiencia. Hechos que agudizan nuestra conciencia y nos urgen al compromiso activo.

El descanso veraniego abre nuestros sentidos y nos invita a meditar en naturaleza. El legado del naturalista Félix Rodríguez de la Fuente, padre espiritual de varias generaciones, nos ayuda a alimentar esa meditación. Para él, la contemplación curiosa, estudiosa y compasiva de los animales y plantas era una vía para el amor, porque, a su juicio, “del conocimiento nace el amor”.

Félix Rodríguez de la Fuente

Montaje sobre la figura de Félix Rodríguez de la Fuente. Foto: IA

Admirar la silueta del vuelo de la aves, descubrir el secreto de los pequeños insectos o asombrarse ante el salto de los peces llevó a Félix a que le invadiera “un profundo sentimiento de ternura, de amor a la Madre Tierra, de hermandad con sus criaturas”.

Mano destructora

Se escandalizaba Félix de que la mayor obra de la creación divina, la que es a su imagen y semejanza, fuese su destructora: “Todas cuantas criaturas poblamos el planeta hemos salido de las manos del Creador y dependemos de su eterna Providencia. ¿Va a ser precisamente el ‘Homo sapiens’, el más favorecido por el Sumo Hacedor, quien se atreva a enmendar la plana de su Obra?”.

Dejemos que el verano nos hermane con todas las criaturas, sean piedras, flores o zorros, cuidemos y celebremos la comunidad de vida que formamos bajo el sol de Dios.