El análisis economicista de la sociedad cree que nuestra satisfacción económica depende únicamente del número de bienes, servicios y experiencias que disfrutamos. Por ello opina que cuando más tenemos, mejor vamos a estar. De hecho, acepta como un principio de la economía que “más es siempre mejor que menos”. Es lo que se denomina el principio de no saturación. Siempre podemos estar mejor de lo que estamos por lo que cuando más tengamos mejor.
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Sin embargo, como ya hemos visto en otras ocasiones en este mismo blog, esto no siempre sucede. Todos tenemos la experiencia de conocer a gente que, a pesar de tener mucho, siente que su bienestar económico no ha crecido. Personas que, a pesar de ser ricas, siempre quieren más porque les parece que no tienen suficiente. ¿Es esto compatible con la afirmación de que más es siempre mejor que menos? ¿No se contradice una cosa con la otra?
El análisis economicista es incorrecto, entre otras cosas, porque olvida el papel de las expectativas en la satisfacción de las personas. La constatación de esto es bien sencilla y los profesores la vivimos constantemente entre nuestros alumnos. Hay personas que con un simple aprobado están muchísimo más satisfechas que otras con un notable.
Porque lo que cuenta para la satisfacción percibida no es únicamente la calificación obtenida, sino también la calificación esperada, es decir, la expectativa previa. Si un alumno esperaba suspender, un aprobado le sabe a gloria (y si saca un notable levita de la alegría). Si otro esperaba sacar un sobresaliente, un notable no le da ninguna satisfacción y un aprobado le proporcionaría un gran disgusto.
Varias estudiantes revisan sus apuntes antes de los exámenes de la EBAU en la Ciudad Universitaria de Madrid. Foto: EFE
Lo mismo sucede en economía, la satisfacción percibida por el disfrute de un bien, servicio o experiencia o por por el nivel global de la renta de la que se dispone, no depende únicamente de ellas, sino también de qué esperamos, de qué creemos que nos merecemos, en resumen, de las expectativas que tenemos. Personas con unas altas rentas o que consumen o disfrutan de unos bienes y servicios numerosos, tienen una satisfacción reducida porque no se cumplen sus expectativas, mientras que otras con unas rentas bajas tienen una satisfacción más amplia que los anteriores.
Insatisfechos
Por ello, si queremos alcanzar una alta satisfacción, el único camino no es incrementar nuestra renta, porque podemos ampliar esta y que nuestra satisfacción disminuya si previamente nuestras expectativas también se han elevado. Con mayores expectativas el “más es siempre mejor que menos” no se cumple. Reduciendo las expectativas también podemos mejorar nuestro bienestar.
Si no contemplamos estos dos caminos, puede ser que siempre nos sintamos insatisfechos a pesar de tener unos ingresos crecientes que nos permitan disfrutar de muchos bienes y servicios. Es una pena que nuestra sociedad nos impulse, precisamente, a lo contrario, a tener cada día más y más expectativas, porque eso reduce la satisfacción general.

