Tribuna

Desde el Mundial, una parábola

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Desde hace unos años, la única esperanza que me da el Mundial de fútbol, es la posibilidad de que países en conflicto logren alguna tregua por un par de días. Así sea al interno de las propias naciones cada vez más fragmentadas por ideologías y polarizaciones. Se da el increíble acontecimiento de que el vecino deja de ser enemigo para, casi sin querer, encontrar un punto en común y reconocerse parte de lo mismo.



Unos y otros logran trascender llegando a la experiencia de saberse y estar unidos cordialmente: corazón-con-corazón. Recuerdo alguna oportunidad como ante un gol, en las calles, la gente se abrazaba sin ascos con el que tenía al lado y celebraban juntos. Una cosa al parecer simplísima, pero en una sociedad donde cada uno se mantiene como burbuja y considera al otro un erizo, es un gesto radical.

No en vano, ni por “modernidad”, León XIV pedía el mes pasado a todos los católicos, orar juntos por los valores del deporte. Todo lo que contribuya al encuentro con el otro, a su reconocimiento, a un caminar juntos en pos de algo común que contribuye a un bien que no es solo el propio, debe ser bienvenido con una buena algarabía. Si no somos capaces ni le damos importancia a entrar a esta “zona común”, no nos quejemos ni pretendamos “llegar” a los demás.

Ya sobre el final de este Mundial, tuve una sorpresa (recuerdo cómo Francisco pedía dejarse sorprender por Dios…). El testimonio de Luis de la Fuente, el director técnico de España, que está siendo replicado por las redes católicas. Sabemos que en la “infósfera” católica, cuando alguna figura pública o celebridad manifiesta un mínimo indicio de fe o devoción, enseguida se lo toma y se lo exhibe a los cuatro vientos.

Fútbol. Mundial. España

Partido de España contra Francia. Foto: EFE

Presumo que en buena parte de los casos lo queremos usar como una carta de presentación para decirle al mundo: “Los cristianos, o los católicos, no somos tan raros. Este, esta (al que ustedes aprecian) es de los nuestros”. Una forma de “ganarnos” a un resto de mundo para el que somos una extrañeza con poco poder cautivador.

Pero el caso de Luis de la Fuente (ni idea de quién era hasta hace 24 horas) me llamó poderosamente la atención más allá de su testimonio de que reza. Lo que compartió (porque así puede sentirse durante toda la rueda de prensa) va mucho más allá tanto de una anécdota o de una carta de presentación suya.

Muchos articulistas están comentando lo que dijo, yo rescato los puntos por los que me cautivó y creo que vale la pena que le prestemos atención:

1. La unidad fe-vida que manifiesta

Puede llamar la atención que una persona pública manifieste que ora, pero el testimonio de De la Fuente muestra que, porque la fe es parte de su vida, ella se encuentra naturalmente vinculada a lo que vive.

La fe no está recluida, no está en un compartimento estanco, sino, naturalmente, “impregna” sus experiencias. Se pone ante ella lo concreto de la vida y desde allí se lo vive. No hay ocultamiento ni “respeto humano”, tampoco hay pretensiones ni “fanatismo”, hay “naturalidad” y sencillez. Dos cualidades del Evangelio, fundamentales y a veces ausentes en nuestras instituciones y relaciones con el “mundo”.

2. ¿Por qué reza De la Fuente?

“Rezo porque rezo todos los días, no para que me ayude más. Creo que sería injusto pedirle para que me ayude a mí y no ayude al rival…”.

Este punto sea quizá el más desconcertante y contracorriente, porque, bromas aparte, nos recuerda por dónde va por buen cauce una espiritualidad madura: por un lado, ni disfrazar la superstición con un ropaje de oración, ni instrumentalizarla. Por otro, reza sabiéndose en una comunidad de hermanos, y a los hermanos siempre se les anhela el bien.

No deja de ser importante señalar que así pone el deporte en su lugar (es un juego en el que va a ganar solo uno)  pero lo interesante de su testimonio es que reza no como un solitario ni despegado del resto, sino sabiéndose parte de una humanidad.

Reza no como “hijo único” sino tomándose en serio el “Padre nuestro”. La dimensión comunitaria de la oración cristiana, aún a nivel personal, es inherente a la oración que nos enseñó y pidió Jesús.

3. Parábola del Cuerpo

Cuando habla del trabajo-juego del equipo me es imposible no pensar en la famosa parábola del Cuerpo, de la carta a los Corintos: cada uno es importante, cada uno tiene sus talentos, pero cada uno trabaja-juega por todos y es muy significativo cuando un periodista le pide individualizar el aporte de uno de los jugadores, el de Dani Olmo, que al parecer es realmente bueno.

De la Fuente reconoce su talento, pero hace ver su desempeño en el juego de todo el equipo. Lo valora, no hay ningún indicio de menosprecio (reitera su valor tanto al inicio como al final de la respuesta) pero contempla su acción como inseparable del equipo. Señala que su crecimiento se encuentra vinculado al equipo y no al revés, a la vez que destaca la singularidad de su aporte (es un “genio” dice).

Como líder, en su rol de director técnico, de la Fuente mira el conjunto valorando al cada uno, reconoce, y trabaja, con el talento personal,  reconociendo que ese talento está en vínculo con los otros. No hay rivalidades ni competencias enfermizas, están para lo mismo; lo mejor de uno redundará para el bien de todos. ¡Ahí está la gracia!  

Qué bonita y certera parábola moderna para entendernos y trabajarnos como parroquia, y como Iglesia. Qué necesarios, sacerdotes, catequistas, guías de grupos… que asuman sus liderazgos desde este lugar. Qué necesario sabernos jugadores de un equipo y jugar como tal. Nadie duda que los agentes pastorales dejamos la vida en la cancha… Pero la cuestión no es solo jugar, lucir el talento, tener la pelota, darlo todo…

Gol de España ante Francia en el Mundial 2026

Gol de España ante Francia en el Mundial 2026. Foto: EFE

La parábola es simple, y el mensaje clarísimo… El partido se juega en equipo. No hay otra forma. Podremos ser Messi, Cristiano, Olmos, pero…

Los invito a que vean la rueda de prensa completa. No tiene desperdicio. En vez de fútbol, piensen en nuestras comunidades, grupos, pastorales, en cómo trabajamos y cómo nos desempeñamos… Pensemos en la Iglesia. Muy posiblemente nos vuelva a desempolvar algunas cosas fundamentales del Evangelio.

Les dejo un fragmento de la intervención de De la Fuente, a quien agradezco estas lecciones. Donde dice “los futbolistas”, sustitúyanlo por el grupo, la parroquia, comunidad o el carisma del que son parte:

“… este grupo de trabajo, no solo los futbolistas sino todos los que componemos la expedición, trabajamos con un objetivo común, trabajamos con la misma mira, y somos gente normal, generosa… que queremos buscar el bien común antes que el bien particular. Así se hace un viaje mucho mejor”.