La zona cero del terremoto en Venezuela, un lugar “apocalíptico”

Cáritas Venezuela
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Con 38 años, Marcus Tulius Oliveira, coordinador del Área de Comunicaciones de Cáritas Latinoamérica, no había visto nada tan apocalíptico en su vida como la zona cero del doble terremoto de Venezuela. Se refiere a Los Corales, una de las más emblemáticas y conocidas urbanizaciones del estado La Guaira, ubicada en la parroquia Caraballeda del municipio Vargas, que al estar construida sobre suelos costeros sedimentarios quedó destruida en su totalidad.



“Lo que nos llegaba a mi país, Brasil, a través de redes sociales no era ni un 10% de lo que efectivamente sucedió”, cuenta a ‘Vida Nueva’ tras regresar de acompañar a una delegación de Cáritas Estados Unidos y España. El agente describe un paisaje desolador, con todos los edificios derrumbados y una putrefacción penetrante que puede sentirse con intensidad.

Oliveira pudo constatar un sufrimiento que parte el alma en pedazos: familiares aún buscando entre los escombros a sus seres queridos con la remota esperanza de encontrarlos con vida, “aunque las probabilidades sean mínimas a estas alturas”. A pesar de todo este cuadro tan desalentador, también ha podido comprobar cómo se ha activado una red de solidaridad, surgida desde las entrañas del propio pueblo ante la lenta respuesta de las autoridades, porque “lo más bonito se activa”.

Venezuela-Terremoto

Zona destruida tras los terremotos en La Guaira (Venezuela). Foto: EFE

También en el silencio y la escucha, Oliveira ha encontrado una forma de comunicarse con quienes han perdido todo. No quiere tocar esas heridas ni mucho menos atosigar con preguntas incómodas en situaciones extremas como esta.

Fue entonces cuando “me encontré con una señora. Buscaba entre los escombros de su casa unas ropas. Ahí solo me puse a escuchar. Me habló de su vida, de su casa, de sus seres queridos, me dio la llave para seguir abriendo las puertas de las siguientes entrevistas”. Un nudo en la garganta, sentimientos encontrados, recuerdos que “atesoraré hasta el último día de mi vida”.

Menos voluntarios

Areli González, nombre ficticio para resguardar su identidad, el 24 de junio a las 18:04 le llegó la alerta sísmica a su teléfono. Segundos después sintió el impacto, “lo que hicimos fue ponernos en una columna que teníamos cerca de la sala”. Pasados los 60 segundos de terror, corrió con sus hijos al estacionamiento, donde durmieron durante tres días.

Tras la inspección, pudieron regresar a su casa que quedó solo con las paredes agrietadas, pero “nuestros vecinos no contaron con suerte, aún siguen en el estacionamiento”.  Aseguró que después de la tragedia “la única ayuda que hemos recibido es de la Iglesia”. Cerca de su casa, en la parroquia Virgen del Carmen, en la avenida Soublette de Catia La Mar, hay un centro de acopio de la Cáritas diocesana.

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