La palentina Ana Isabel Gento es una misionera todoterreno que estuvo 20 años en América Latina (en Ecuador, Paraguay y Chile) y que, en 2022, vio cómo su vida daba un giro de 180 grados al ser enviada por su congregación, las Carmelitas Misioneras Teresianas, a África.
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Al principio estuvo entre Ruanda y la República Democrática del Congo, aunque finalmente, desde el año siguiente, ya se instaló definitivamente en Goma, en el segundo país.
También es enfermera
Por su otra condición de enfermera, allí se volcaba a diario atendiendo a mujeres embarazadas y a sus hijos recién nacidos, así como a menores con desnutrición severa. Tristemente, hace algo más de un año, tuvo que acometer otro gran cambio vital; este, en absoluto deseado.
Y es que, tras décadas de violencias sin fin, la crisis en RD Congo derivó a un punto de máxima tensión ante el avance de la milicia M23, que se hizo con el control de buena parte de la región de Kivu, incluidas sus capitales en el norte, Goma, y en el sur, Bukavu.
En plena catarsis de violencia, con horribles matanzas y miles de desplazados internos y exiliados, Gento fue evacuada del país por su comunidad. Tras unos meses en Palencia, pensaba que podría volver, pero, finalmente, se decidió que iniciara un nuevo reto. Y así es como, en octubre, le tocó volver a reinventarse en otro país africano como Senegal.
Los imanes que llaman a la oración
Eso sí, ahora parece que la calma la embarga. Eso es, al menos, lo que transmite a Vida Nueva: “Ahora mismo estoy escuchando la voz de los imanes que llaman a la oración… Desde que vivo en este país de mayoría musulmana, he comprobado que la tierra de los ‘baobab’ (el árbol nacional) es la tierra de la ‘teranga’, la hospitalidad”.
Algo que experimenta a diario en “un pueblo llamado Diamaguene, donde las hermanas Carmelitas Misioneras Teresianas comparten vida y misión desde hace más de 25 años; estamos a una hora de Dakar, aunque algunos dicen que este es un barrio de la capital”.
De ahí que le impresione que “la mayor parte de las calles son de arena… Sí, arena de la playa. Al principio, me parecía que podría descubrir el mar desde la terraza de la casa, pero está un poco más lejos. Lo que sí se siente es la humedad, el calor… Y los mosquitos”.
Malaria, dermatosis, fiebre tifoidea, malnutrición…
De hecho, “la malaria es una de las enfermedades que más se diagnostican en el dispensario que tenemos en esta comunidad, junto con distintos tipos de dermatosis, fiebre tifoidea, malnutrición”.
Frente a ellas lucha cada día, pero, mientras, se refugia en lo que oye: “Aunque no entiendo la llamada a la oración desde el minarete de la mezquita, sé que son palabras en árabe y que recogen una oración del Corán. No lo comprendo, pero no soy la única. Y es que muchas personas de aquí tampoco lo entienden, pues no es en su lengua”.
Eso sí, “lo que voy entendiendo es que aquí, en el barrio, no hace falta hablar de diálogo ecuménico o colaboración con otras religiones. Aquí se respira al mismo Dios. Aquí se celebra la misma historia y se viven todas las fiestas: el final del Ramadán y la Pascua, Pentecostés y la Fiesta de los Corderos…”.
Comparten sus celebraciones
En sus días de fiesta, “cada familia musulmana comparte con los vecinos cristianos pollo, cuscús, cordero. Y, en los días de fiesta de los cristianos, ellos también comparten el ‘ngalakh’ (pasta de cacahuete, mijo y pan de mono)”.
En ese sentido, “cada cristiano sabe cuándo sus vecinos musulmanes marchan en peregrinación a Tuba, y cada familia musulmana sabe cuándo sus vecinos cristianos marchan en peregrinación a Popenguine, santuario mariano nacional… Y a veces se comparte esa marcha. Ya se trate de un matrimonio en casa del vecino musulmán, o de la primera comunión en casa del amigo cristiano, la presencia del ‘otro”’ es un hecho, no una opción”.
Para Gento, “hay dos palabras que se aprenden enseguida en ‘wolof’, la lengua que más se habla aquí: ‘yàlla’, Dios; y ‘jâmm’, paz. Aquí se viven en comunión y, en cada conversación, fluyen con toda naturalidad”.
Emigran por una situación económica precaria
De ahí su apunte final: “En España se conoce más Senegal por los emigrantes. Aún no conozco mucho de los porqués concretos de esa marcha, aparte de la que todos sabemos: la situación económica precaria. Los sueldos son bajos, y eso cuando hay trabajo…
Así que, “ojalá, entre todos podamos ir construyendo la esperanza de los que aquí se quedan. Y, sobre todo, que todos aprendamos a vivir con su hospitalidad”.
