Tribuna

Alzar la mirada con León XIV hacia los abusos

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¡Polémica a la vista! Hasta ahora, en la agenda de la inminente visita del Papa a España, no hay previsto ningún encuentro oficial con víctimas de abusos. Cuesta creer que el papa León no anhele abrazar a quienes se les provocó tan grave herida psico-espiritual. Seguramente lo quiera hacer de forma privada para no exponerlas al ruido mediático.



La misión de Pedro es confirmar la fe de sus hermanos (Lc 22, 32) y son precisamente las víctimas y sus familias quienes más necesitan ser fortalecidos en su fe vulnerada. De no producirse, se transmitiría la preocupante señal de que las víctimas no existen y que esto de los abusos ¡es algo ya superado! Esperemos que no se cumpla de nuevo la profecía: “Sabedor de dolencias, ante quien se vuelve el rostro, despreciable, y no lo tuvimos en cuenta” (Is 53, 3).

Desafíos pendientes

Por otro lado, en la Iglesia española se perciben posiciones de triunfalismo y autocomplacencia. Nos colgamos medallas, nos refugiarnos en estadísticas comparativas como si el problema pudiera medirse por porcentajes y creemos que ya hemos hecho lo suficiente (oficinas de escucha, plan PRIVA, protocolos, etc.). Todas esas medidas, que en general se han dado tarde y forzadamente, han ayudado, pero permítanme alzar la mirada hacia algunos de los desafíos pendientes, aunque sea a modo de titulares:

Un instante del acto de reparación a las víctimas de abusos en la catedral de la Almudena

Un instante del acto de reparación a las víctimas de abusos en la catedral de la Almudena

• No está claro que el clericalismo, alentado también por muchos laicos, disminuya. Al observar los perfiles de ciertos seminarios o comunidades, se ve que este sigue muy presente. Mientras no hagamos una profunda revisión de la teología del sacerdocio ordenado, estaremos perpetuando abusos de todo tipo. Todavía creemos que se trata solamente de unas pocas manzanas podridas, a las que convertimos en chivos expiatorios.

Prioridad pastoral y transversal

• Nos falta mucho para que la cultura de la prevención sea una prioridad pastoral y transversal en la que la rendición de cuentas y la transparencia sean costumbre.

• No podemos engañarnos por el hecho de que los casos sean menos numerosos, porque los abusos actuales solo saldrán a la luz dentro de unos años, cuando las víctimas despierten.

• Si pensamos en la urgente necesidad de reformar y humanizar los procesos penales en la Iglesia, ¡queda tanto por hacer!

Humildad para mejorar

• Necesitamos humildad para mejorar cada día los procesos de reparación integral y aprender continuamente del magisterio de las víctimas. El cómo, el cuánto y el hasta dónde de la reparación se deberían hacer mirando a los ojos de cada una de ellas.

• El sentido de justicia exige no olvidar ni blanquear tales crímenes. Se equivocan quienes piensan que esto se soluciona poniendo unos cuantos millones sobre la mesa para que ya no se hable más del tema. Si la motivación final es “que no se vuelva a hablar” y no “que ayuden a sanar”, tenemos un problema. Honrar su memoria es clave para luchar contra la cultura del abuso y del encubrimiento.

Abusos de poder

• No podemos olvidar que los abusos sexuales acostumbran a ir de la mano de los abusos espirituales y de conciencia, ambos preocupantemente presentes en los movimientos a los que recurrimos, precisamente, para llenar las plazas en las visitas del Papa. Lo peor es que los abusos de poder se conocen ¡y se permite que sigan destrozando vidas!

Víctimas de abusos en la Asamblea Plenaria de los obispos

Víctimas de abusos en la Asamblea Plenaria de los obispos

• ¿Y si abrimos la caja de pandora de los abusos en el seno de la vida consagrada?

¿Tolerancia cero?

• Muchas víctimas aún siguen esperando justicia y reparación. ¿Qué pasará con los casos que se están juzgando y no están prescritos? ¿Y con quienes sufrieron agresiones sexuales siendo adultas? ¿Y las que sufrieron gravísimos abusos de poder, espirituales y de conciencia? ¿Habrá tolerancia cero con las derivas sectarias de tantas comunidades?, etc.

No quiero ser el aguafiestas de este momento de subidón eclesial. Pero, desde luego, ni los abusos ni las víctimas “son cosa del pasado”.