Editorial

León XIV en España: alcemos (todos) la mirada

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León XIV aterriza el 6 de junio en el aeropuerto de Barajas, donde arranca su primer viaje a España, que le llevará a Madrid, Barcelona, Gran Canaria y Tenerife hasta el 12 de junio. Siete días que constituyen el estreno europeo del Pontífice agustino y una indudable puerta a América Latina. Solo estos datos permiten hacerse una idea de la relevancia internacional que adquiere esta visita apostólica, más allá de lo significativo de su presencia justo en un momento especialmente convulso. Y es que el Papa norteamericano llega a nuestro país con las cotas de polarización política en un grado mayúsculo.



La agenda de Robert Prevost no se mantendrá ni mucho menos al margen los gozos y las sombras sobre las que el Concilio Vaticano llama a la Iglesia para que se implique, un compromiso con la actualización y aplicación de la Doctrina Social de la Iglesia que el propio Papa ha rubricado hace unos días a través de su primera encíclica, ‘Magnifica humanitas’.

León XIV aplicará personalmente durante esta semana lo que él mismo ha escrito de puño y letra: “Cuando la dignidad de los hermanos se ve desfigurada, cuando la política no responde a los dramas de la humanidad, cuando la economía se vuelve contra la persona o la ciencia traspasa los límites de su método, la Iglesia debe hacer oír su voz no para dominar, sino para servir a la comunión”. Eso sí, apostilla que “la verdad del Evangelio no se impone desde lo alto, sino que crece con el tiempo, en el entretejido concreto de las vidas, las comunidades y las culturas”.

Visibilizar la Iglesia

Son múltiples los espacios y oportunidades que tendrá para materializarlo. Quizás el lugar más evidente sea en el Congreso de los Diputados. El lunes 8 de junio se convertirá en el primer Papa de la historia en pronunciar un discurso en una sesión conjunta de las Cortes. A buen seguro, además de defender los derechos y libertades fundamentales, invitará a los presentes a ejercer esa “mejor política puesta al servicio del verdadero bien común” que abanderó el papa Francisco en ‘Fratelli tutti’.

También será una ocasión privilegiada el encuentro convocado en la tarde del domingo en el Palacio de los Deportes de la Comunidad de Madrid, donde se busca visibilizar una Iglesia que deja su burbuja y autorreferencialidad para tejer redes lo mismo con los empresarios que con los sindicatos, con la educación pública que con el mundo del deporte. No se queda atrás ese diálogo con el arte que nace desde el basílica de la Sagrada Familia de Barcelona, que es faro desde la imponente Torre de Jesús y la humilde genialidad de Antoni Gaudí.

Montaje del escenario para la misa del Papa León XIV que se celebrará en la plaza de Cibeles de

Montaje del escenario para la misa del Papa León XIV que se celebrará en la plaza de Cibeles de Madrid. Foto: EFE

Y, por supuesto, si se trata de encarnar a Cristo en medio de cada calle y cada plaza de nuestro país, ahí está la discreta pero indispensable opción preferencial por los pobres, que es el eje transversal del viaje, que arranca con el centro para personas sin hogar en el madrileño barrio de Lucero, se subraya en la cárcel de Brians y en la parroquia agustina del Raval, y se intensifica en Canarias, conjugando en primera persona del plural la acogida, promoción, protección y integración de los migrantes.

Manos a la obra

Junto a estos desafíos, el obispo de Roma afronta otra tarea no menor: confirmar en la fe a la Iglesia que peregrina en España. Una expresión que, si bien puede considerarse manida, adquiere especial relevancia ante una secularización galopante, algunos signos que confirman una búsqueda interior de jóvenes y adultos, pero también de alertas que hablan de una deriva emotivista y pentecostal, con la sombra latente de los abusos.

Esta es la España que recibe a León XIV, regada por una tendencia individualista del ‘sálvese quién pueda’, con el riesgo de desbarrar hacia una torre de Babel y una concepción cortoplacista que atrapa a una clase política que solo busca supervivencia cada cuatro años. El Papa se moverá en otros parámetros. León XIV desembarca con el empeño de que todos y cada uno de los que quieran escucharle se pongan manos a la obra para alzar la mirada a Dios y, sobre todo, a los hermanos, para reconstruir esa nueva Jerusalén desde la que conformar una magnífica humanidad.