León XIV ha completado su primera gira por el continente africano, entre el 13 y el 23 de abril, que comenzó en Argelia y que le ha llevado también a Camerún, Angola y Guinea Ecuatorial. Tres destinos con realidades identitarias diferentes, pero con desafíos compartidos.
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Tanto es así que, respetando y poniendo en valor precisamente la pluralidad de cada uno de los países, Robert Prevost se ha erigido en una voz creíble en defensa de la dignidad de una población que continúa castigada por la pobreza y las desigualdades.
Máxime cuando los territorios que habita cuentan con una riqueza natural que está siendo explotada, tanto por quienes tienen el poder en sus naciones como por los agentes externos que ejercen un colonialismo financiero que parece no tener fin.
En este contexto, el Papa agustino se ha remitido de forma constante al Evangelio y a la Doctrina Social de la Iglesia para denunciar estas estructuras que perpetúan la marginación. Para ello, ha tomado como referencia más directa el magisterio de Francisco, con la ecología integral y la fraternidad universal como ejes vertebradores.
Es más, ha hecho suyo el lema de Jorge Mario Bergoglio contra el fenómeno de la globalización que atrapa hasta la última aldea de la selva: “Esa economía mata”. En su último viaje al continente negro, el Pontífice argentino lanzó un grito contra la asfixia de la población, para que alzara la voz: “¡África, levántate!”.
León XIV ha dado un paso más, para encauzar el aguante de los africanos frente a la adversidad hacia la acción y que no se torne resignación e impotencia ante una realidad que está en sus manos cambiar.
“¡El futuro es vuestro!”, exclamó un espontáneo obispo de Roma en la vigilia que presidió en el estadio de Bata, en la etapa final de este periplo. Una invitación que busca despertar la conciencia crítica de los jóvenes, para que tomen las riendas de su destino, consciente de la existencia de contextos políticos marcados por la falta de libertades y la vulneración de los derechos humanos.
Los ‘recados’ del Papa
Más allá de que los responsables políticos tomen nota de los ‘recados’ que el Papa les ha mandado, las iglesias que peregrinan en Camerún, Angola y Guinea Ecuatorial han de asumir como propio este desafío de liberar de las nuevas esclavitudes. La Iglesia sirve al pueblo africano y también es pueblo.
Por eso, los líderes católicos están llamados a ser motor de transformación de África como mejor sabe hacerlo la Iglesia: educando a mujeres y hombre libres, que sean capaces de denunciar la injusticia y la corrupción, que sean cómplices de los débiles y no de los poderosos, que sean luz para otorgar carta de ciudadanía a los enfermos sin recursos de Duala, a los ancianos abandonados en Saurimo o a los presos de Bata.