León XIV ha presidido este lunes la misa en la explanada de Saurimo (Angola), donde ha advertido contra una vivencia superficial de la fe reducida a interés o consumo, y ha llamado a redescubrir el seguimiento de Cristo como camino de libertad, justicia y vida nueva en medio de las desigualdades.
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“En todas partes del mundo, la Iglesia vive como un pueblo que camina en pos de Cristo, nuestro hermano y Redentor”, ha dicho el Papa, señalando que “esta es la Buena Noticia, el Evangelio que corre como sangre por nuestras venas, sosteniéndonos a lo largo del camino”.
A partir del Evangelio, León XIV ha explicado que “cuando el Hijo de Dios se hace hombre, en efecto, realiza gestos elocuentes para manifestar la voluntad del Padre”. Sin embargo, ha advertido de una tentación siempre presente: “Me buscan, no porque vieron signos, sino porque han comido pan hasta saciarse”, una frase que, ha subrayado, pone al descubierto una fe interesada.
“Esto ocurre cuando la fe auténtica se sustituye por un comercio supersticioso, en el cual Dios se convierte en un ídolo al que solo se recurre cuando nos conviene”, ha continuado, añadiendo que incluso los dones de Dios “pueden convertirse en una exigencia, un premio o un chantaje”.
Trabajar por la vida eterna
“Cristo nos llama a la libertad; no quiere siervos ni clientes, sino que busca hermanos y hermanas a quienes dedicarse con todo su ser”, ha aseverado. Por ello, ha insistido en que “no basta con oír hablar de Jesús, hay que acoger el sentido de sus palabras”.
Por eso, ha animado a los presentes a trabajar “no por el alimento perecedero, sino por el que permanece hasta la Vida eterna”. Y es que Jesús “no nos da un alimento que perece, sino un pan que hace que no perezcamos, porque es alimento de vida eterna”.
Así, ha advertido que “cuando la injusticia corrompe los corazones, el pan de todos se convierte en posesión de unos pocos”. Ante esta situación, ha recordado que “Cristo escucha el clamor de los pueblos y renueva nuestra historia. ¡Cristo vive! Él es nuestro Redentor”.
“No hemos venido al mundo para morir”, ha continuado el pontífice. “No hemos nacido para convertirnos en esclavos ni de la corrupción de la carne, ni de la del alma. La obra de Dios es que ustedes crean en aquel que él ha enviado”, ha aseverado.
Además, ha subrayado que “es el Señor quien traza el camino para este recorrido, no nuestras urgencias ni las modas del momento”. Por ello, la Iglesia es “un Sínodo de la resurrección y de la esperanza” que no solo “anuncia la Buena Nueva no sólo a través de la proclamación de la palabra”, sino que también lo hace “mediante el testimonio de la vida”.