Este viernes 3 de abril, Viernes Santo, la Iglesia llama a los fieles de todo el mundo a participar en la Colecta especial para Tierra Santa, una jornada dedicada a recordar la Pasión del Señor y a ayudar de manera concreta a las personas de los santos lugares. Esta iniciativa ha sido instituida con el propósito de fortalecer el vínculo entre los cristianos de todo el mundo y la Tierra Santa. De hecho, esta recaudación representa el principal recurso para sostener la vida y las actividades que se desarrollan en torno a estos espacios santos.
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Más que piedras
Desde hace ocho siglos, la Custodia de Tierra Santa ha sido confiada a los frailes franciscanos, quienes mantienen su presencia en basílicas como las del Santo Sepulcro, la Anunciación y la Natividad. El franciscano brasileño Rodrigo Machado Soarez, actual guardián del convento de San Salvador en Jerusalén, destaca la profundidad de esta labor. “Custodiar la memoria y la historia de la tradición es más que la simple custodia de edificios o de las piedras”, señala el religioso, destacando que lo primordial es amar y hacer que esa memoria esté viva y presente hoy en la historia.
El trabajo de la Custodia no se limita a celebrar los oficios y recibir a los peregrinos, sino que abarca especialmente el cuidado de la población local, a la que se denomina cariñosamente como las “piedras vivas”. El fraile explica que la atención a estas comunidades implica no solo una dimensión espiritual, sino también humana, buscando devolver la dignidad en un lugar golpeado por la guerra. Para evitar que la población local abandone la Ciudad Santa, la Custodia desarrolla proyectos sociales de suma importancia, como el mantenimiento de diversas casas que permiten a los habitantes permanecer arraigados a su historia y cultura.
Esperando a los peregrinos
Tanto a nivel espiritual como material, los cristianos locales necesitan profundamente el retorno de los peregrinos para sostener su frágil economía local. Sin embargo, el estallido de un nuevo frente de guerra obligó a los peregrinos que ya estaban allí a regresar a sus países e impidió las nuevas llegadas, dejando a Jerusalén vacía una vez más. Ante esta dura realidad, el franciscano insiste en que el primer deber en la actualidad es “hacerse próximos a las personas y manifestar el rostro del Señor”; y, en segundo lugar, “en la medida de lo posible, sostener materialmente esta emergencia que se hace cada vez más evidente”.
La generosidad de las comunidades parroquiales, cuyas ofrendas son canalizadas a través de los Comisarios franciscanos de Tierra Santa hacia la Custodia, se traduce en ayuda vital y concreta. Los donativos de la Colecta permiten, por ejemplo, sostener 630 viviendas para familias necesitadas y financiar 15 escuelas que educan a 12.000 estudiantes. Además, la aportación de los fieles es indispensable para mantener 1.100 puestos de trabajo, apoyar la labor de 270 misioneros y preservar 55 santuarios, así como sostener seis casas de peregrinos, tres institutos académicos y cinco hogares destinados a enfermos y huérfanos.