“La gloria de Dios es el hombre vivo”
San Ireneo de Lyon
“¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él, el ser humano para que te ocupes de él? Lo hiciste poco menos que un dios lo coronaste de gloria y dignidad; le diste el mando sobre las obras de tus manos todo lo sometiste bajo sus pies: los rebaños de ovejas y toros y hasta las fieras salvajes, las aves del cielo, los peces del mar que trazan sendas por el mar. ¡Señor, dueño nuestro, qué admirable eres tú en toda la tierra!” (salmo 8, 4-9).
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En estos días, he reflexionado sobre la importancia del ser humano, no solo el salmo 8: ¿Qué es el hombre? Sino ¿Para qué existe el hombre? como un ser humano integral, que aunque es limitado y frágil, contiene una gran riqueza espiritual.
Porque es un himno de alabanza a Dios por haber creado al hombre capaz de contemplar los cielos, de dominar la creación y de alabar por ella y con ella a Dios. Cuando habla del hombre que domina la creación en una época en la que no se tenían los progresos científico-técnicos que ahora tenemos, sólo podía mencionar el hecho de que él dominaba sobre los “animales del campo, las aves del cielo y los peces del mar” (Génesis 1,26).
El reconocimiento del alma raciona sobre las vidas des-almadas
Recuerdo al monje Fray Antón Montesinos: “Decid, ¿Con qué derecho y con qué justicia tenéis en tan cruel y horrible servidumbre aquestos indios? … ¿Cómo los tenéis tan opresos y fatigados, sin dalles de comer ni curallos en sus enfermedades en que, de los excesivos trabajos que les dais? … ¿Estos, no son hombres? ¿No tienen ánimas racionales? ¿No sois obligados a amallos como a vosotros mismos? ¿Esto no entendéis, esto no sentís? ¿Cómo estáis en tanta profundidad, de sueño tan letárgo, dormidos?” (Fr. Antón Montesinos, O.P. Isla Española.
Cuarto Domingo De Adviento, 21 de Diciembre de 1511). Aunque parece exagerado traer este relato al hombre de hoy, lo interesante es que estamos en una relación muy parecida de explotación del hombre de hoy, las injusticias en el mundo laboral, la falta de respeto y dignidad por las personas que menos tienen, porque no han tenido la posibilidad de llegar lejos en la vida.
¿Cuántas personas no pueden estudiar una carrera profesional? ¿Cuántas personas explotadas en un trabajo de obrero? ¿Cuántas esclavitudes observamos hoy? No solo en el mundo obrero, en el mundo de la tecnología que nos absorbe, el mundo de las multinacionales que nos tratan como a menores de edad, todavía y en la actualidad, la Inteligencia Artificial (IA).
Las múltiples fácetas del ser humano
Me encontré con un poema maravilloso de Rumi que me lleva a reflexionar en este tiempo de cuaresma sobre el ser humano y la mirada que debe ser integral en nuestro mundo que tiende a olvidarse de sí:
“El ser humano es una casa de huéspedes
Cada mañana llega alguien nuevo
Una alegría, una depresión, una mezquindad,
alguna conciencia momentánea llega como un visitante inesperado.
¡Dale la bienvenida!
Aunque sea una multitud de penas que barren violentamente tu casa
y la despojan de todo mueble, aún así, trata con honores a todo huésped.
Puede que te esté preparando para algún nuevo deleite.
El pensamiento oscuro, la vergüenza, la malicia,
recíbelos en la puerta riendo, e invítalos a entrar.
Agradece la llegada de todos,
porque cada uno te ha sido enviado como guía desde el más allá” (Helminsky, K. (1990), Rumi. Versos desde el corazón. México: Shambhala, p. 190).
No somos islas
Pienso que tiene mucho que ver con el salmo 8, en su esencia pregunta sobre la misma humanidad, somos frágiles, espontáneos, no estamos solos, sino que formamos un continente, porque como diría Tomas Merton: “no somos islas”, nos subraya que los seres humanos están intrínsecamente conectados, no son autosuficientes y forman parte de un todo mayor. Las decisiones que tomemos hoy, afectan el conjunto y así sucesivamente.
En fin, hoy hablar de ser humano es mucho más complejo, que en otros tiempos, pero en medio de su fragilidad, miramos con esperanza el presente y el futuro: “Con fe, esperanza y caridad, estamos llamados a emprender cada día el seguimiento poniendo nuestra confianza en el Señor. Comunión, sinodalidad y misión no pueden realizarse, en efecto, si en el corazón de los sacerdotes la tentación de autorreferencialidad no cede paso a la lógica de la escucha y el servicio” (León XIV, Carta Apostólica, “Una fidelidad que genera futuro”, fidelidad y servicio n. 12-13). Frente a los retos, sigue vigente saber escuchar a los laicos e incluso personas que son diferentes, pueden ser de otras denominaciones, u otros credos o no creyentes; lo interesante es que no podemos olvidar que el servicio se realiza con amor, con pasión y con ese gran corazón de ser misioneros de la misericordia.
Por Wilson Javier Sossa López. Sacerdote eudista del Minuto de Dios
