El pasado 9 de marzo, fruto de los ‘daños colaterales’ en la última escalada bélica en Oriente Medio y, concretamente, del enfrentamiento entre el grupo terrorista libanés Hezbolá y el Gobierno israelí de Benjamin Netanyahu, fue asesinado el sacerdote católico maronita Pierre el Rahi, párroco de San Jorge, en Kleya, al sur de Líbano.
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Tal y como confirmó a Vatican News Toufic Bou Merhi, franciscano de la Custodia de Tierra Santa que es párroco de los latinos en la zona meridional del país, los hechos se produjeron en una ofensiva de Israel contra militantes de Hezbolá que habían llegado esos días a la población.
Atacados al ir a ayudar
Así, “hubo un primer ataque que alcanzó una casa cerca de su parroquia, en las montañas, hiriendo a uno de los feligreses”. Entonces, “el padre Pierre corrió con decenas de jóvenes a ayudarle”. Desgraciadamente, fue ahí “cuando se produjo otro ataque, con un segundo bombardeo sobre la misma casa”. En un primer momento, “el párroco resultó herido. Fue trasladado a un hospital local, pero falleció. Murió casi en la puerta del hospital”.
Dos días después, el miércoles, sus fieles de Kleya le despidieron en una bella ceremonia. Ante una gran imagen suya colgada sobre la puerta del templo, una multitud emocionada trasladó su ataúd blanco y lo depositó en el altar, donde había varios de sus compañeros sacerdotes (así como el arzobispo de Tiro o el nuncio) para acompañarle en este tránsito final. Teniendo en cuenta que, en el censo que Cáritas realizó en 2024 se señalaba que había 1.200 habitantes en el municipio, se puede dar por hecho que hoy estaban todos… O, al menos, los que aún permanecen en medio de tantas pruebas. También hay que señalar que había fieles de distintas confesiones cristianas, estando ante un pueblo unido.
Ese mismo día, en la audiencia general, el papa León XIV, quien ya le dedicó un mensaje el día de su asesinato, le recordó con emoción, destacando que “el padre Pierre ha sido un verdadero pastor que se quedó al lado de su pueblo con amor y sacrificio. Con ese amor de Jesús Buen Pastor, apenas escuchó que algunos fieles habían resultado heridos por un bombardeo, sin dudarlo, corrió en su ayuda. Quiera el Señor que su sangre derramada sea semilla de paz para el amado pueblo del Líbano”.
Las bombas, “por encima de nuestras cabezas”
Cinco días después del asesinato, Vida Nueva contacta con la parroquia de San Jorge, donde nos atiende Jaqueline Hokayem, asistente social de Cáritas en Kleya y en la vecina Marjayoun. Era una de las principales colaboradoras de El Rahi y, en las jornadas previas, ya explicaba a esta revista que la situación era muy complicada, pues “las bombas pasan, hacia uno y otro lado, por encima de nuestras cabezas”.
Así, nos contaba cómo “una casa ha sido destruida por un avión. Conozco al dueño y está desolado. Me cuenta que milicianos de Hezbolá entraron bajo su techo… y ahora él se ha quedado sin hogar y esos soldados han muerto. ‘¿Cuál es mi culpa?’, se pregunta”. Además, “otro misil lanzado por Hezbulá hacia Israel ha impactado en la plaza del pueblo y hay varias casas dañadas. Gracias a Dios, no hay heridos”.
Por ello, Hokayem lamentaba que “los pueblos cristianos de la zona estamos rodeados y la gente no puede salir, salvo para cosas muy urgentes. El camino hacia Beirut u otras grandes ciudades no es seguro, hay mucho peligro”. Algo que experimentó “una familia amiga de Kleya. Habían salido de su hogar y, de repente, una mujer y su hijo se toparon con unos soldados israelíes. Les gritaron y les dijeron que volvieran dentro y no salieran. Por suerte, gracias a unos militares españoles, avisados por el propio padre Pierre, pudieron irse con ellos y se trasladaron a un sitio seguro”.
Bajo la gracia de Dos
En nuestra nueva conversación con ella, Hokayem, abatida, reconoce que “hemos perdido a un gran hombre… No tenemos a otro que tenga su fuerza y que pueda asumir su responsabilidad. Además de que, en lo personal, ya le hecho mucho de menos. He trabajado cinco años junto al padre Pierre y era un amigo, un hermano y un padre. Siempre me trató muy bien. No pudimos hacer nada por él y seguimos igual, únicamente bajo la gracia de Dios y de su Espíritu”.
Tras unos segundos de silencio y un “¡qué pena!” salido del alma, reitera que “estoy muy triste por el padre Pierre. Aunque me consuela la seguridad de que va a descansar en paz, pues es un mártir, un verdadero mártir”.
Además, “la situación se agrava”, pero, tal y como les animaba su párroco ante la exigencia de Israel de que evacuaran la zona, “la gente se va a quedar. Nadie quiere dejar atrás sus casas”. Un afán en el que se sienten arropados por la Iglesia: “Hoy ha venido a visitarnos el nuncio, Paolo Borgia. Ha venido a entregarnos ayuda material y a darnos ánimo. También nos ha transmitido que el Papa está rezando y trabajando por nosotros. Nos ha recalcado que va a dedicar todo su esfuerzo a ayudarnos”.
Sin duda, van a necesitar mucha: “Tenemos dos casas afectadas por los bombardeos y las familias piden ayuda. La primera es la vivienda en la que murió el padre Pierre. El hombre al que fue ayudar sigue herido y continúa en el hospital. La otra casa, el mismo día, recibió el impacto de un misil de Hezbolá. La familia dormía y creo que estamos ante el primer milagro del padre Pierre, pues nadie resultó herido. El hogar ha sido muy dañado y no tiene electricidad ni agua. Tampoco tienen muebles y las dos familias nos piden ayuda. Ojalá, desde España, alguien nos pueda apoyar con alguna colecta”.