Jueves 12 de marzo a las nueve y media de la mañana. Es la fecha señalada por la Justicia para que tenga lugar el procedimiento de ejecución del desahucio de las ex monjas de Belorado, después de que en mayo de 2024 decidieran romper con la Iglesia y, por tanto, dejar de ser administradoras legítimas del convento burgalés.
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Tal y como anunciaba el portavoz de las clarisas cismáticas, Francisco Canals, “a las 2:46 horas las monjas de Belorado han abandonado el Monasterio para emprender camino hacia un nuevo proyecto”. “En un gesto cargado de simbolismo, la abadesa ha subido al altar del monasterio y ha apagado la última vela que permanecía encendida. Acto seguido, ha procedido a apagar los interruptores de la luz, quedando el monasterio completamente a oscuras”, relataba el comunicador. Ya fuera de Belorado, las ex clarisas se han dividido en dos grupos: unas se refugiarán en la Puebla de Montalbán, una localidad toledana donde uno de sus familiares les cederá una casa, mientras que las otras tienen la intención de refugiarse en el convento de Derio, previo paso por Orduña. Ambos monasterios también están pendientes de la resolución de sus correspondientes demandas de desahucio.
Un letrado y la procuradora
Con esta teatralización de su salida como fondo, en las próximas horas toca una escenificación más prosaicas. Tal y como han anunciado las ex monjas, sus representantes legales entregarán al Letrado de la Administración de Justicia las llaves del convento. Según ha podido saber ‘Vida Nueva’, el letrado forma parte de una comisión judicial en la que participaría la procuradora de los monasterios, como representante legal del comisario pontificio, el arzobispo de Burgos, Mario Iceta. Una vez que se entregan las llaves, los representantes legales de las antiguas inquilinas abandonan el recinto.
Es en ese momento cuando el letrado y la procuradora llevan a cabo una inspección del monasterio para comprobar si todo está en orden. Es la letrada quien está llamada a levantar un acta de todo lo que se encuentre y de todo lo que no se encuentre. Se trata de un acta escrita.
Registrar lo que falta
Por ello, abogados especialistas en okupas consultados por esta revista, recomiendan que la procuradora vaya acompañada de un notario para que pueda elaborar un inventario de lo que hay con fotos y videos, esto es, para verificar si está en perfecto estado el inmueble, y si permanecen intactas las obras de arte, el archivo conventual, los objetos litúrgicos. “Todos aquellos desperfectos o material que falte que no se registren en este momento no podrá ser reclamado más adelante”, advierte el especialista consultado.
El abogado de las exmonjas de Belorado, Florentino Aláez, antes de la entrega de llaves. EFE/Santi Otero
En caso de detectar incidencias, si son desperfectos de gravedad causados por el uso, por ejemplo, una tubería rota o una pared con humedades, se puede denunciar por la vía civil. En cambio, si hay destrozos a propósito o faltan objetos de valor, se puede interponer una denuncia por la vía penal.
Futura comunidad
En cualquier caso, Belorado ha vuelto a manos de la Iglesia. La administración del convento de forma temporal está en manos del comisario pontificio nombrado por la Santa Sede, que en este caso, es Mario Iceta. Esta labor de ‘abadesa’ en funciones es solo provisional hasta que lo considere el Vaticano porque se ha superado la crisis.
En ese momento, la gestión del convento de Belorado pasaría a la nueva abadesa, en caso de que se conforme una comunidad con las clarisas auténticas o con un grupo de clarisas enviadas desde otros conventos. De no ser posible por no contar con un número suficiente, su administración quedaría en manos de la presidenta de la Federación de Clarisas de Arantzazu. El edificio pertenece al Monasterio de Belorado como entidad jurídica, que a su vez forma parte de la Iglesia católica. No hay ninguna persona física como tal que sea la dueña última del convento.