Pliego
Portadilla del Pliego, nº 3.448
Nº 3.448

Interioridad y discernimiento con san Juan de la Cruz en la era digital

Vivimos en una época paradójica. Nunca habíamos tenido tantas posibilidades de comunicación, de acceso a la información y de contacto inmediato con los demás. Y, sin embargo, muchas personas experimentan una gran dispersión interior, un cansancio profundo, una dificultad real para estar presentes –consigo mismas, con los otros, con Dios–. Estamos conectados casi todo el tiempo, pero no siempre estamos ‘en casa’.



No se trata de un fallo personal. Habitamos un entorno que reclama nuestra atención de forma constante y que nos educa –sin pedir permiso– en la prisa, la fragmentación y la reacción inmediata. En este contexto, hablar de interioridad puede parecer un lujo, cuando en realidad es una cuestión de supervivencia humana y espiritual. Sin interioridad, no hay discernimiento; sin discernimiento, no hay libertad real.

En este contexto, surge la pregunta: ¿cómo cultivar la interioridad y el discernimiento en un mundo dominado por pantallas y notificaciones?

Pensar, amar y creer

No se trata de demonizar la tecnología ni de idealizar un pasado sin pantallas. La tecnología ha venido para quedarse. La cuestión decisiva es qué tipo de relación estamos estableciendo con ella y qué precio estamos pagando –a menudo, sin darnos cuenta– en atención, profundidad, silencio y sentido.

Menor utilizando un móvil

Porque aquello a lo que prestamos atención acaba configurando nuestra manera de pensar, de amar y de creer. Donde va la atención, va la vida.

Ofreceremos, primero, un breve diagnóstico de lo que está ocurriendo; después, abriremos caminos posibles. No recetas mágicas, sino claves sencillas y exigentes para recuperar el centro. Dejándonos acompañar finalmente por la sabiduría sorprendentemente actual de san Juan de la Cruz, buscaremos aprender de nuevo a habitar la propia vida, también en la era digital. Quizá la interioridad sea, hoy, volver a casa.

Ejercicio de honestidad

Para comenzar, me gustaría proponer un breve ejercicio de honestidad personal. Percibe qué sensaciones te suscitan estas preguntas:

¿Recuerdo la última vez que mantuve una larga conversación con otra persona sin mirar de reojo la pantalla del móvil?

¿Si paso algunas horas sin conectarme a las redes sociales, siento miedo a perderme algo?

¿Reviso continuamente las notificaciones del móvil?

¿Sustituye mi contacto digital con las personas al contacto real, cara a cara?

¿Me permiten los aparatos tecnológicos centrar mi atención sostenidamente o vivo con la atención dividida, dispersa?

Pérdida de control

Quizás, al escuchar estas preguntas, has sentido una cierta incomodidad, porque reconoces en ti una pérdida de control con respecto a la tecnología. A menudo, los adultos reprochamos a los más jóvenes su obsesión por los aparatos tecnológicos, por vivir más en el entorno virtual que en el real. Pero no son solo los más jóvenes. Cal Newport, profesor de Ciencias de la Computación en la Universidad de Georgetown (Estados Unidos), ha analizado en profundidad este fenómeno de la invasión de la tecnología en nuestra vida. Entre sus libros, destaca: ‘Minimalismo digital’. Algunos datos e ideas de su análisis nos van a servir para la primera parte de esta exposición. En la segunda, presentaremos pistas para vivir la interioridad en medio de esta situación.

Monja movil

Empecemos diciendo algo importante: la tecnología digital no es el enemigo. Internet, los móviles, las redes sociales son herramientas extraordinarias que nos han abierto posibilidades impensables hace apenas unas décadas. El problema no está en las herramientas mismas, sino en cómo las estamos usando y, sobre todo, en cómo ellas nos están usando a nosotros.

Relación de dependencia

No se trata simplemente de un uso excesivo de la tecnología; estamos desarrollando una relación de dependencia con ella que está transformando quiénes somos.

¿Por qué nos cuesta tanto desconectarnos? ¿Por qué esa compulsión de revisar el móvil cada pocos minutos, incluso cuando imaginamos que no habrá nada urgente?

La respuesta está en algo que Newport llama “la economía de la atención digital”. Facebook, Instagram, TikTok y YouTube son grandes empresas tecnológicas, pero su negocio no consiste en vendernos un producto, porque el producto somos nosotros. Lo que comercializan es nuestra atención, que ofrecen a los anunciantes, ya que la publicidad es la que sostiene todo el sistema. Para captar nuestra atención, y poder luego venderla, han contratado a los mejores ingenieros, psicólogos y diseñadores de experiencia de usuario del mundo con un único objetivo: capturar y retener nuestra atención el mayor tiempo posible.

Técnicas de manipulación

Estas aplicaciones no están diseñadas para darnos alguna utilidad y luego dejarnos en paz. Están diseñadas para ser adictivas. Utilizan técnicas de manipulación psicológica muy sofisticadas:

Refuerzo intermitente: no sabes cuándo llegará la próxima notificación interesante. Esta incertidumbre genera una compulsión constante de revisar.

Aprobación social: los “me gusta”, los comentarios, los seguidores… Todo está diseñado para activar nuestro sistema de recompensa social, haciéndonos buscar constantemente esa validación.

Desplazamiento (‘scroll’) infinito: hace que siempre haya “algo más” que ver, impidiendo un punto natural de parada.

Estamos, por tanto, ante equipos de expertos que explotan nuestras vulnerabilidades psicológicas para crear comportamientos compulsivos muy rentables para ellos. (…)

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Índice del Pliego

CONTEXTO DIGITAL

I. EL DIAGNÓSTICO

Las preguntas incómodas

El problema no es la tecnología en sí

La economía de la atención: cuando tú eres el producto

Las consecuencias: lo que estamos perdiendo

  • La pérdida de la atención profunda
  • La desaparición de la soledad
  • La superficialización de las relaciones
  • El vacío del ocio de baja calidad
  • El miedo a perderse algo (FOMO-‘Fear of Missing Out’)

No basta la moderación

El minimalismo digital

II. CUATRO CLAVES PARA CULTIVAR LA INTERIORIDAD A PARTIR DE SAN JUAN DE LA CRUZ

  1. “Olvido de lo criado”
  2. “Memoria del Criador”
  3. “Atención a lo interior”
  4. “Y estarse amando al Amado”

CONCLUSIÓN: UN CAMINO INTEGRADO DE LIBERACIÓN