Editorial

Los lefebvrianos y los expendedores de catolicidad

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El 2 de febrero, la Fraternidad Sacerdotal San Pío X dio a conocer oficialmente que, el próximo mes de julio, celebrarán la consagración de varios obispos, sin contar con el proceso establecido por la Santa Sede y, por lo tanto, sin la autorización del Papa. El movimiento fundado por Marcel Lefebvre replicaría el mismo órdago lanzado en 1988 que llevó a Juan Pablo II a declarar la excomunión ‘latae sententiae’ para el fundador y los cuatro presbíteros a los que entregó mitra y báculo. Antes de llegar a ese extremo, el 12 de febrero, el cardenal prefecto para la Doctrina de la Fe, Víctor Manuel Fernández, se reunió con el superior general del grupo, Davide Pagliarani, para abrir un diálogo. La condición vaticana es meridianamente clara: si hay consagración, se producirá un cisma, una ruptura que iría más allá de los protagonistas del acto.



A esta situación límite se llega después de siete décadas de tira y afloja, en las que los papas han tendido siempre la mano a la entidad en aras de la comunión.

Las concesiones realizadas por unos y por otros se han topado con un muro insalvable por parte de quienes cuestionan pilares fundamentales del Concilio Vaticano II. Y es que, detrás de su añoranza por la misa tridentina, se esconden otras cuestiones no menores que echan por tierra desde el diálogo interreligioso y el ecumenismo a la colegialidad episcopal.

El envite lefebvriano no es un caso aislado. Como ha podido constatar ‘Vida Nueva’ a través de voces de cuatro dicasterios romanos, en la Santa Sede hay algo más que una preocupación latente vinculada a grupos tradicionalistas, que constituyen una “inmensa minoría”.

Ordenaciones. Fraternidad Sacerdotal San Pío X en Alemania. Lefebvrianos

Es cierto que no representan más de un 0,2% de los 1.400 millones de católicos. Sin embargo, su capacidad para hacerse oír, gracias a un respaldo económico, mediático y político significativo, ha hecho que su relato intente condicionar lo mismo a diócesis locales que al Vaticano. El propio León XIV ha llegado a reconocer que “estamos en la ideología, ya no estamos en la experiencia de la comunión de la Iglesia”.

Actitudes cismáticas

La unidad en la diversidad, el “todos, todos, todos” que defendía el papa Francisco, también tiene sus líneas rojas. El desafío encabezado por la Fraternidad Sacerdotal San Pío X no solo denota un desprecio de la figura del sucesor de Pedro como autoridad, sino que esconde tras de sí un negacionismo mayor al propio Evangelio. Estas mismas actitudes cismáticas se palpan en las demás corrientes nostálgicas farisaicas que, más allá del derecho a discrepar, se presentan como únicas garantes de la verdad y expendedoras de carnés de catolicidad, tachando de hereje a cualquier cristiano, empezando y terminando por el Papa, se llame Jorge Mario Bergoglio o Robert Prevost.