José Beltrán, director de Vida Nueva
Director de Vida Nueva

Abstinencia de chismorreo


Compartir

JUEVES

CaixaForum. Sesenta años de Gravissimum educationis. “En el centro de la educación está la persona, no el expediente ni el algoritmo”. Reflexión en voz alta de Antonio Roura. Es complicado no dejarse enredar por burocracias y tecnologías para poner en el centro al alumno como persona, como sujeto, y no como un elemento más del engranaje. “Uno de estos, mis hermanos más pequeños”. Ese es el termómetro.



VIERNES

Almuerzo con Juan Mari. Me comparte que cuatro hijas de amigos suyos se han sumado al grupo. Enamoradas de las canciones. Enganchadas a la adoración. Apasionadas por la forma de orar. Pero solo una participa de la eucaristía dominical. Y no es que lleven unos meses de primer anuncio. Ya tienen un tiempo de iniciación.

Tarde de funeral. Susana nos comparte el cuento del hombre que se plantaba en medio del camino como un farol, no para que lo vieran, sino para iluminar el sendero a los demás. Definir así a un padre es presentarse también así como hija.

SÁBADO

Aparentemente, están acatando las restricciones impuestas. Solo aparentemente. Porque siguen haciendo de su capa un sayo. O de su medio hábito lo que les viene en gana. Ante cualquier intento de supervisión, han ideado como saltárselo y cómo disfrazarlo. Añádase un intento de judicializar la cuestión para ganar más tiempo. La vieja táctica de los recursos canónicos para congelar el proceso.

DOMINGO

Cuando uno lee de corrido el evangelio de hoy, da la sensación de que no tiene nada que hacer ante las exigencias del Maestro. Menos mal que, al principio, lo intenta dejar claro para no llevarse a equívocos con varas de medir erróneas. “No creáis que he venido a abolir la Ley y los profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud”. Menos mal.

Cuaresma

Imposición de ceniza. Foto: Unsplash

MÍERCOLES

Sede de SM. Imposición de la ceniza. Invitación de Nano a ayunar. No solo de alimentos. También del ego. Ese que se cuela y que nutre erradamente un ‘yo’ que se crece hasta sepultar al ‘otros’. También abstinencia del chismorreo facilón. Ese arranque que lleva a maldecir a los demás de manera gratuita, a sabiendas de que, además, suena y sabe divertido. Cuaresma para adelgazar tanto en individualismo como en mordacidad. Cuesta más que dejar a un lado la carne los viernes.