Después del debate y la aprobación en la Cámara de Diputados de la Nación del nuevo régimen penal juvenil, los Salesianos de Argentina, que trabajan cotidianamente con los menores y jóvenes, mostraron su desacuerdo con el proyecto legislativo.
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Por su lado, la Inspectoría Norte hizo un nuevo llamado a la reflexión centrado en la prevención: “Prevenir educando, educar acompañando”. Sostuvieron que el delito es una realidad dolorosa que exige respuestas que trascienden el impacto mediático y el oportunismo sectorial, y considerando la baja participación de adolescentes en procesos penales, creen que reducir la edad de imputabilidad no resuelve el problema, más bien profundiza la violencia y la reincidencia.
Cultura del cuidado
Como respuesta educativa ofrecen el Sistema Preventivo, herencia de Don Bosco, con gran presencia en la sociedad. Se trata de un modelo pedagógico vigente, reconocido y apropiado que acompaña y sostiene el crecimiento de miles de niños, niñas, adolescentes y jóvenes (NNAyJ). No es una medida de control sino el “arte de educar en positivo, donde con el acompañamiento las personas desarrollan su libertad y responsabilidad”,
Esta pedagogía prioriza la vida de los jóvenes y se fundamente en tres pilares: el amor que acoge, la razón que orienta y la fe que da sentido. Rescatan dos dimensiones inseparables: la satisfacción de las necesidades básicas y la acción educativa orgánica e integral que acompaña la formación social, moral y religiosa, ayudando a cada ser humano a descubrir el sentido de la vida.
Apelaron a la mirada del Buen Pastor porque inspira una acción pastoral que no abandona a los vulnerables ni los descarta. Por el contrario, se traduce en una cultura del cuidado que los reconoce, los dignifica y los mira con la esperanza de transformación.
Creen que todos, Estado y la sociedad, deben garantizar un entramado que incluya, respete, eduque y repare las vidas, priorizando políticas públicas de desarrollo humano integral por sobre el mero castigo. Manifestaron que no son números sino amigos y familias a quienes deben brindarse oportunidades reales.
Para concluir, plantean la necesidad de mirarlos a los ojos y pensar juntos acciones que no se limiten a reprimir, condenar o excluir.
Oportunidades reales
El Equipo de Obras y Servicios Sociales de la Inspectoría Salesiana Ceferino Namuncurá, también se pronunció sobre este debate y aseveró: “Necesitamos humanidad, ni palos, ni balas, ni encierro”.
Además, volvieron a aclarar que los menores no son la franja etaria que más delitos cometen ni los principales responsables de la inseguridad. La mayoría provienen de contextos de pobreza, exclusión, violencia y abandono, “donde el Estado y la sociedad llegamos, y seguimos llegando, tarde“.
A partir de la experiencia educativa, reafirman que la niñez y la juventud no son peligrosas; “están en peligro y, más que penas, son necesarias oportunidades reales”.
Asumen el compromiso de seguir acompañando a los chicos y a las chicas:
- para que tengan una educación que contenga, oriente y prepare para el futuro
- para garantizar el acceso a espacios comunitarios socioeducativos que ofrezcan pertenencia y les permitan buenos modos de expresión y de relacionamiento.
- para que cuenten con lugares para las artes, los oficios, el deporte y el tiempo libre
- para escuchar, cuidar y sostener procesos de crecimiento como comunidades de adultos que están a su lado
Aseguran que están convencidos que los chicos y las chicas no necesitan ser depositados en cárceles o institutos donde se reproduce la violencia y se aprenda a delinquir. “Bajar la edad de imputabilidad no resuelve el problema de fondo, solo amplía el castigo allí donde antes faltó cuidado”, resaltaron.
Finalmente, se manifestaron a favor de cuidar, acompañar y ofrecer un futuro digno a cada uno de los jóvenes.
