León XIV invita a vivir la Cuaresma desde la escucha y el ayuno: “El grito de los pobres interpela a la Iglesia”

En su primer mensaje para este periodo, el Papa anima a construir comunidades donde la Palabra genere caminos de liberación

León XIV, en la basílica de San Pedro

Una Cuaresma marcada por la escucha, el ayuno y la conversión personal y comunitaria. Esta es la propuesta del papa León XIV en su mensaje para este tiempo litúrgico, en el que el Pontífice recuerda que este periodo -que comienza el próximo 18 de febrero– es el momento en el que la Iglesia invita a “poner de nuevo el misterio de Dios en el centro de nuestra vida”, para que “la fe recobre su impulso y el corazón no se disperse entre las inquietudes y distracciones cotidianas”.



Desde esa clave, León XIV subraya que todo proceso de cambio comienza cuando el creyente se deja tocar por la Palabra: “Todo camino de conversión comienza cuando nos dejamos alcanzar por la Palabra y la acogemos con docilidad de espíritu”. De ahí que el itinerario cuaresmal sea una oportunidad privilegiada para “escuchar la voz del Señor y renovar la decisión de seguir a Cristo”, caminando con Él hacia Jerusalén, donde se consuma su pasión, muerte y resurrección.

Abrir espacio a la Palabra y al clamor de los pobres

El Papa sitúa la escucha como primer paso del camino cuaresmal. “La disposición a escuchar es el primer signo con el que se manifiesta el deseo de entrar en relación con el otro”, afirma, recordando cómo Dios mismo se revela a Moisés como un Dios que escucha: “Yo he visto la opresión de mi pueblo… y he oído los gritos de dolor”.

Para León XIV, esta actitud no es solo espiritual, sino profundamente concreta. Escuchar la Palabra en la liturgia educa también para una escucha más auténtica de la realidad. Entre las múltiples voces que atraviesan la vida cotidiana, las Escrituras permiten reconocer “la voz que clama desde el sufrimiento y la injusticia”, para que no quede sin respuesta.

“La condición de los pobres representa un grito que, en la historia de la humanidad, interpela constantemente nuestra vida, nuestras sociedades, los sistemas políticos y económicos, y especialmente a la Iglesia”, continúa el pontífice.

El Papa León XIV preside la Vigilia de Oración y el Rosario por la Paz – Jubileo de la Espiritualidad Mariana en la Plaza de San Pedro. EFE/EPA/GIUSEPPE LAMI

Ayunar: más allá del alimento

Junto a la escucha, León XIV propone el ayuno como práctica esencial de la conversión. Recuerda que la abstinencia de alimento es “un ejercicio ascético antiquísimo e insustituible”, porque ayuda a descubrir “de qué tenemos hambre” y qué consideramos realmente esencial.

Por ello, citando a san Agustín, explica que el ayuno ensancha el corazón y educa el deseo: “Mientras los hombres tienen hambre, se ensanchan… y, hechos capaces, en su momento serán repletos”. Vivido así, el ayuno no solo disciplina, sino que orienta hacia Dios y hacia el bien.

Pero advierte: para conservar su verdad evangélica, debe vivirse “con fe y humildad”, porque “no ayuna de verdad quien no sabe alimentarse de la Palabra de Dios”. Y añade que esta práctica debe traducirse también en un estilo de vida más sobrio, ya que “sólo la austeridad hace fuerte y auténtica la vida cristiana”.

En uno de los pasajes más concretos del mensaje, el Papa propone una forma de abstinencia poco habitual: “abstenerse de utilizar palabras que afectan y lastiman a nuestro prójimo”. Y anima a iniciar un verdadero desarme del lenguaje: “Renunciemos a las palabras hirientes, al juicio inmediato, a hablar mal de quienes están ausentes”. Frente a ello, invita a cultivar la amabilidad para que “muchas palabras de odio den paso a palabras de esperanza y paz”.

Una conversión que se vive juntos

León XIV insiste finalmente en la dimensión comunitaria de la Cuaresma. Recuerda cómo el pueblo de Israel se reunía para escuchar la Ley y ayunar, renovando así su alianza con Dios. Del mismo modo, hoy parroquias, familias y comunidades están llamadas a recorrer un camino compartido, donde la escucha de la Palabra y del clamor de los pobres se convierta en forma de vida.

La conversión, subraya, no afecta solo a la conciencia individual, sino también “al estilo de las relaciones, a la calidad del diálogo y a la capacidad de dejarse interpelar por la realidad”. AsEl mensaje concluye con una oración concreta: pedir “una Cuaresma que haga más atento nuestro oído a Dios y a los más necesitados”, un ayuno que alcance también a la lengua, y comunidades capaces de acoger “el grito de los que sufren” para generar “caminos de liberación” y construir, juntos, la civilización del amor.

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