El cardenal prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, Victor Manuel ‘Tucho’ Fernández, se ha reunido hoy en el Vaticano con el superior general de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX), Davide Pagliarani, para dialogar sobre el anuncio unilateral de los lefebvrianos de consagrar obispos, que supondría la excomunión automática de los seguidores de Marcel Lefebvre.
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Según explica el Dicasterio en un comunicado, la reunión, que contaba con el beneplácito de León XIV, ha sido “cordial y sincera”. No obstante, el Vaticano no cede ante los lefebvrianos. El prefecto propuso “un camino de diálogo específicamente teológico, con una metodología precisa, que abordara cuestiones aún no suficientemente aclaradas, como la diferencia entre un acto de fe y la ‘sumisión religiosa de mente y voluntad’, y los diferentes grados de adhesión que exigen los diversos textos del Concilio Vaticano II y su interpretación”.
Como recoge el comunicado firmado por el purpurado, apoyándose en el Código de Derecho Canónico y los documentos magisteriales de Juan Pablo II, “este camino tendría como objetivo destacar, en los temas tratados, los requisitos mínimos para la plena comunión con la Iglesia católica y, en consecuencia, esbozar un estatuto canónico para la FSSPX, junto con otros aspectos que se explorarían más a fondo”.

La Santa Sede ha reiterado que la ordenación de obispos sin el mandato del Papa, “quien ostenta la suprema potestad ordinaria, plena, universal, inmediata y directa, implicaría una ruptura decisiva de la comunión eclesial (cisma), con graves consecuencias para la FSSPX en su conjunto”.
Por lo tanto, “la posibilidad de mantener este diálogo presupone que la FSSPX suspenda la decisión sobre las ordenaciones episcopales anunciadas”. El superior general de la FSSPX presentará la propuesta a su Consejo y dará su respuesta al Dicasterio. Si la respuesta es positiva, se acordarán de común acuerdo los pasos, etapas y procedimientos a seguir.
Después de años con numerosos intentos de acercamiento por parte de la Iglesia, el anuncio unilateral de ordenar obispos el próximo 1 de julio sin el visto bueno de León XIV consumaría una nueva ruptura entre la Santa Sede y la FSSPX.
Algo que ya ocurrió hace casi 40 años y que desembocó en la excomunión de los protagonistas directos de un acto considerado ilegítimo. Todo tuvo su origen mucho antes, en 1970, cuando nació (con el beneplácito de Pablo VI) la FSSPX, fundada por el arzobispo francés.
Desde entonces, los conocidos como lefebvrianos han sido el bastión de un tipo de tradicionalismo que, aunque se define “católico” y “fiel a Roma”, no ha dudado en arrastrar varias veces ese espíritu de comunión con el Papa. En esencia, al no reconocer el Concilio Vaticano II (en 1974, en un manifiesto, su superior recalcó que “nos negamos y nos hemos negado siempre a seguir la Roma de tendencia neomodernista y neoprotestante que se manifestó claramente en el Concilio Vaticano II y después del Concilio en todas las reformas que de éste salieron”). Pero el 30 de junio de 1988 ya se dio un paso sin retorno: Lefebvre consagró a cuatro obispos para su comunidad y todos ellos fueron excomulgados por Juan Pablo II.
Bajo el pontificado de Benedicto XVI hubo un claro intento de reconducir las relaciones con la FSSPX. Así, Ratzinger acordó con su entonces superior, Bernard Fellay (uno de los cuatro obispos consagrados por Lefebvre), el establecimiento de una comisión de diálogo para poner fin al conflicto. Esta estuvo varias veces a punto de lograr un pacto de mínimos, pero finalmente nunca llegó rúbrica alguna. Con todo, el Pontífice alemán tuvo en 2009 un gesto de buena voluntad y levantó la excomunión a los cuatro prelados (Lefebvre había fallecido en 1991).
Rechazo de la “utopía apóstata” de Francisco
En estos últimos años, ha habido un ‘impasse’ en el que, sin llegar a una ruptura total, se ha incrementado la tensión. De hecho, Pagliarani llegó a cargar contra la “utopía apóstata” de Francisco, según él, “de origen liberal, naturalista y masónico”. Y es que el actual superior de la FSSPX, elegido en 2018, es menos propicio al acuerdo con Roma de lo que era Fellay.
Pero ahora se ha vuelto a alcanzar una línea roja. La razón última es que solo sobreviven dos obispos (Fellay y Alfonso de Galarreta) de los cuatro consagrados en 1988 por Lefebvre. Así, teniendo en cuenta que solo ellos son los que pueden ordenar a sacerdotes para su comunidad, los lefebvristas temían que pudieran llegar a un momento de ‘muerte natural’, pese a contar con más de 700 presbíteros en todo el mundo.
Por ello, Pagliarini, que ha desvelado que ha contactado en varias ocasiones con la Santa Sede para hacer ver que necesitaban que el Papa nombrara nuevos obispos para su realidad eclesial, al no ver respondido satisfactoriamente su reclamo, ha decidido seguir el paso unilateral de Lefebvre en 1988. Así, si no aceptan el diálogo, el 1 de julio León XIV tendrá que repetir la respuesta de Juan Pablo II: la excomunión automática de los obispos falsamente consagrados.