Ha culminado la 125.ª asamblea plenaria de obispos venezolanos en medio del complejo contexto político a raíz de los sucesos del 3 de enero. Bajo un nuevo escenario, los prelados han podido expresar esta vez sin cortapisas las demandas que millones de venezolanos callaban por miedo.
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La primera, la soberanía popular que se vio mancillada tras omitir la publicación de los resultados electorales del 28 de julio de 2024. Consideran que allí está el origen de la falla que desencadenó los hechos del 3 de enero, que so pena de una violación del derecho internacional, “muchos estiman que abren caminos para lograr la democratización del país”.
En medio de esta crisis – más allá de los matices legales – apelan al llamado que León XIV hiciera el 4 de enero de 2026 cuando pidió velar por “el bien del querido pueblo venezolano” para que prevalezca por “encima de cualquier otra consideración”.
Por tanto, para alcanzar la anhelada paz y libertad se debe primero resolver la crisis política y social. Ello amerita “reconstruir la institucionalidad democrática” a través de la independencia de los poderes públicos.
Es urgente — dicen los obispos — contar con un Tribunal Supremo de Justicia y un Consejo Nacional Electoral creíbles que garanticen elecciones libres y justas.
Amnistía para todos
Los obispos venezolanos vuelven al punto de la soberanía. A pesar de que muchos sectores de izquierda en el mundo reclaman que la incursión de Estados Unidos en territorio venezolano fue una violación al derecho internacional, ellos denuncian presencia de factores externos desde “hace varios años”.
“Cabe destacar las actuaciones de grupos irregulares que controlan extensos territorios de nuestra geografía y comunidades urbanas populares e indígenas, así como las de grupos foráneos que han venido ejerciendo impunemente la extracción irregular de recursos minerales, especialmente en el sur de nuestro territorio”, agregaron.
Por tanto, buscan matizar el debate para dar paso a un tema urgente: recuperar la libertad de expresión, voto libre y derechos fundamentales consagrados en la Constitución Nacional y los Convenios Internacionales.
Superar la pobreza
Otro aspecto fundamental en el camino hacia la libertad es la superación de la pobreza, que “hoy azota a un porcentaje mayoritario de la población, y que es una de las causas del inmenso y doloroso éxodo de muchísimos compatriotas”.
Para ello “es imperativo que los recursos que se reciban por la reactivación de la industria petrolera se destinen a mejorar la calidad de los salarios y a implementar programas sociales”.
Estas mejoras no deben ser concebidas desde “un clientelismo partidista, sino generando iniciativas personales, comunitarias y empresariales, que aseguren trabajo y remuneración digna”.
“Como Iglesia católica, nos comprometemos a que nuestras diócesis, parroquias, comunidades, instituciones educativas y sociales, sean espacios de encuentro, escucha y acompañamiento, que generen signos claros y creíbles de fraternidad y reconciliación” finalizaron.