León XIV clama contra la trata de personas: “La Iglesia está llamada a poner fin a este grave crimen”

El Papa denuncia la “esclavitud cibernética”, alerta del impacto de las guerras en la explotación humana y llama a una movilización global ante la XII Jornada Mundial contra la Trata

León XIV, en la audiencia general

Con motivo de la XII Jornada Mundial de Oración contra la Trata de Personas, el papa León XIV ha lanzado un mensaje bajo el lema ‘La paz comienza con la dignidad’, renovando “la urgente llamada de la Iglesia a afrontar y poner fin a este grave crimen contra la humanidad”.



Partiendo del saludo del Resucitado —’La paz esté con ustedes’ (Jn 20,19)—, el Pontífice ha subrayado que estas palabras no son una simple fórmula litúrgica, sino “un camino hacia una humanidad renovada”. Para León XIV, la auténtica paz solo puede construirse desde el respeto radical a la persona: “La verdadera paz comienza con el reconocimiento y la protección de la dignidad que Dios ha dado a cada persona”.

Sin embargo, el Papa advierte de que vivimos en un contexto marcado por la violencia creciente, donde muchos siguen intentando imponer la paz “mediante las armas como condición para afirmar el propio dominio”. Una lógica que banaliza la muerte, hasta el punto de que, en los conflictos armados, las vidas humanas son tratadas como simple “daño colateral”, sacrificadas en nombre de intereses políticos o económicos.

Guerras, migraciones y terreno fértil para los traficantes

León XIV establece un vínculo directo entre esta cultura de dominación y el auge de la trata de personas. “La misma lógica de desprecio por la vida humana alimenta también el flagelo de la trata”, denuncia, señalando cómo la inestabilidad geopolítica y las guerras crean el escenario perfecto para que las redes criminales exploten a los más frágiles.

Las principales víctimas siguen siendo quienes ya viven al límite: personas desplazadas, migrantes y refugiados. Dentro de este sistema roto, el Papa subraya que “las mujeres y los niños son los más afectados por este comercio atroz”. A ello se suma una brecha social cada vez más profunda entre ricos y pobres, que empuja a miles de personas a aceptar promesas falsas de trabajo o seguridad, convirtiéndolas en presas fáciles de los reclutadores.

La nueva frontera: la “esclavitud cibernética”

Por otro lado, el mensaje del Papa pone el foco en una realidad emergente y especialmente inquietante: la llamada “esclavitud cibernética”. De esta manera, León XIV alerta de cómo muchas víctimas son atraídas a esquemas fraudulentos y actividades delictivas —desde estafas online hasta tráfico de drogas— y obligadas a convertirse, bajo coacción, en ejecutores del crimen.

“En estos casos, la víctima es forzada a asumir el papel de perpetrador, agravando sus heridas espirituales”, explica el Pontífice, quien insiste en que no se trata de episodios aislados, sino de “síntomas de una cultura que ha olvidado cómo amar como Cristo ama”.

Víctimas de trata de personas

Víctimas de trata de personas

Oración, conciencia y acción

Ante esta situación, el Papa propone dos caminos inseparables: oración y sensibilización. La primera es definida como “la pequeña llama que debemos custodiar en medio de la tormenta”, capaz de sostener la esperanza y resistir la indiferencia. La segunda permite descubrir los mecanismos ocultos de explotación, tanto en los barrios como en los entornos digitales. Solo desde esta mirada renovada —subraya— será posible reconocer a cada persona como lo que es: “un hijo amado de Dios”.

León XIV agradece expresamente el trabajo de quienes acompañan a las víctimas “con delicadeza y consideración”, así como el compromiso de las organizaciones internacionales y el testimonio de los supervivientes que hoy ayudan a otros a salir del infierno de la trata.

El mensaje concluye confiando esta jornada a la intercesión de santa Josefina Bakhita, símbolo de esperanza tras haber sufrido la esclavitud, y con una invitación clara a toda la Iglesia y a la sociedad: caminar juntos hacia un mundo donde la paz no sea solo ausencia de guerra, sino una paz “desarmada y desarmante”, fundada en “el pleno respeto de la dignidad de todos”.

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