Cierre ¿en falso? del Camino Sinodal alemán

Lejos de los murmullos de cisma, en la sexta y última asamblea celebrada en Stuttgart del 29 al 31 de enero, se habló de implicación de las diócesis o de acompañamiento mutuo en una Iglesia con mayor participación de todos

Última Asamblea del Camino Sinodal Alemán celebrada en Stuttgart del 29 al 31 de enero de 2026

Cuando en la Asamblea Plenaria de primavera de 2019 los obispos alemanes escucharon los datos de un informe sobre los abusos en ámbitos eclesiales tomaron la determinación de que no podían quedarse quietos. Así pusieron en marcha el llamado Camino Sinodal como reacción para reformar la pastoral de la Iglesia en Alemania.



Para ello, la Conferencia Episcopal se alió con el Comité Central de los Católicos (ZdK), la principal federación de asociaciones laicales, y en la lista de temas se abrió el foco de los abusos y entraron cuestiones como la gestión de la autoridad, la moral sexual, el celibato o el papel de la mujer en la Iglesia. Finalmente, en muchos temas, se llegaron a acuerdos puntuales en cuestiones pastorales.

A lo largo de cinco asambleas se fue clarificando que una Iglesia particular no puede cambiar la doctrina y –con un Sínodo de la Sinodalidad por medio– se fue conformando un modelo de participación quizá demasiado inspirado en las organizaciones políticas y los acuerdos parlamentarios.

En este tiempo no han faltado los reproches y las tensiones, teniendo que intervenir el propio papa Francisco con una carta a los católicos alemanes, ya en 2019. Finalmente, una de las disposiciones sobre cómo mantener el proceso sinodal ha ido coleando hasta la última asamblea, no prevista inicialmente, la sexta, que se ha celebrado en Stuttgart, del 29 al 31 de enero.

Misa de la última Asamblea del Camino Sinodal Alemán celebrada en Stuttgart del 29 al 31 de enero

Misa de la última Asamblea del Camino Sinodal Alemán celebrada en Stuttgart del 29 al 31 de enero de 2026

De la asamblea a la Conferencia

Con esto, seis años después, el Camino Sinodal ha llegado a su meta y dado paso a la siguiente etapa, la creación de una Conferencia Sinodal –el Vaticano ha impuesto que no se emplee el nombre de “comité”– que empezará a funcionar en otoño.

Sin embargo, previamente, debe contar con el voto positivo a sus estatutos de la Plenaria de la Conferencia Episcopal y el consentimiento del Vaticano, ya que hay reuniones periódicas entre el Episcopado y la Curia romana.

Por el camino, el Episcopado deberá elegir nuevo presidente, previsiblemente el próximo 24 de febrero, tras la dimisión del obispo Georg Bätzing, que renuncia también a seguir un segundo mandato, quemado por todo este proceso y las resistencias internas entre los prelados.

Estas tensiones se han materializado en la baja en esta última Asamblea de los más críticos: el cardenal arzobispo de Colonia, Rainer Maria Woelki y sus dos auxiliares, y los obispos de Ratisbona, Rudolf Voderholzer; Passau, Stefan Oster, y el emérito de Eichstätt, Gregor Maria Hanke, OSB.

El presidente de los obispos en la última Asamblea del Camino Sinodal Alemán celebrada en

El presidente de los obispos en la última Asamblea del Camino Sinodal Alemán celebrada en Stuttgart del 29 al 31 de enero de 2026

Por el contrario, lejos de los murmullos de cisma, en Stuttgart, mayoritariamente se habló de implicación de las diócesis o de acompañamiento mutuo en una Iglesia con mayor participación de todos, frente a quienes reclaman una supervisión y control mayor a los obispos –de los 32 presentes, diez votaron en contra de esto–.

Actualmente el meollo para la jerarquía no está en los temas morales o doctrinales, sino en el de la autoridad del obispo en la diócesis y el temor a un órgano que tome decisiones vinculantes para los pastores. Esta línea roja de Roma ha sido garantizada por parte de Bätzing, quien aceptó reformular la propuesta de comité sinodal a la de conferencia.

Aunque no todos están tranquilos. La presidenta del ZdK, Irme Stetter-Karp, lamenta que se excluya a los seglares de ese diálogo con el Vaticano y espera algún movimiento al respecto por parte de León XIV –quien como cardenal participó en los encuentros conjuntos–.

En cada paso del camino, los laicos han sentido que recibían un jarro de agua fría, pero hay cierta esperanza. Hasta ahora, el Papa lo único que ha dicho sobre el futuro de este proceso es un enigmático “ya veremos”.

Noticias relacionadas