Hay un dato importante que deben tener quienes se dispongan a visitar la Capilla Sixtina, el espacio más preciado de cuantos se accede con la entrada de los Museos Vaticanos. Y es que ha comenzado la fase de montaje del andamio para la limpieza y el mantenimiento extraordinario del fresco del ‘Juicio Final’ de Miguel Ángel. Durante los próximos tres meses la capilla de los cónclaves permanecerá abierta pero trabajadores del Laboratorio de Restauración estararán trabajando in situ sobre el gran mural que se levanta sobre el altar.
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Puesta a punto
Los Museos Vaticanos ha informado a través de un comunicado que llevan adelante este mantenimiento extraordinario poco más de treinta años después de la “restauración del siglo”, inaugurada por Juan Pablo II y que devolvió los colores originales a una pintura que se había oscurecido con el tiempo. Ahora, explica el jefe restaurador del Laboratorio de Restauración de Pinturas y Materiales Lignosos de los Museos Vaticanos, Paolo Violini, la “presencia de una veladura blanquecina difusa” obliga a esta nueva intervención.
Esta sustancia se debe al “depósito de micropartículas de sustancias extrañas transportadas por los movimientos del aire, que con el tiempo atenuaron los contrastes claroscuros y uniformaron los colores originales del fresco”. Nada que ver, por lo tanto, con la estufa instalada en los cónclaves para quemar las papeletas y anunciar a la Plaza los resultados de los escrutinios.
Los restauradores estarán tras una lona que reproduce en alta definición la imagen del Juicio Final ya que el andamio ocupa todo el espacio de 180 metros cuadrados de superficie pintada con 391 figuras entre salvados y condenados –incluido un autoretrato del propio Miguel Ángel–. Además, señalan los promotores, el Laboratorio de Restauración ha puesto en marcha un programa de mantenimiento preventivo de todo el conjunto decorativo para eliminar sistemáticamente los depósitos acumulados a lo largo del tiempo, algo en lo que se trabaja fundamentalmente por las noches.