Peris Carbonell: el espíritu de la Resurrección

Peris Carbonell, maestro del expresionismo místico, expone en O_LUMEN ‘Por la cruz a la Luz’

Sí. Hay artistas que siguen preocupándose por representar la figura de Cristo, su vida, la Pasión, y todo lo que aporta a la fe. Antonio Peris Carbonell (Valencia, 1957) es uno de ellos. Y no uno más, es el gran maestro del expresionismo místico español. “No me centro solo en el sufrimiento o en la Pasión de Cristo, sino en la esperanza, que es la luz que germina después de un ‘Via Crucis’, que es lo más significativo, y que no es tristeza, sino alegría”, afirma el pintor tras inaugurar en O_LUMEN la exposición ‘Por la cruz a la Luz’.



Sus colores vibrantes hablan de lo espiritual, el exceso de óleo sugiere trascendencia, las pinceladas enérgicas transmiten una emoción desbordante, y toda esa luz atraviesa –y vence– a lo dramático. “En el ‘Via Crucis’, por ejemplo, siempre hay puntos de iluminación que dan como una válvula de escape al espectador para que no lo vea; incluso en la flagelación, que es tétrica, que no tiene luz. Y, al final, se representa la Resurrección, que vence a la muerte”, añade.

Ese ‘Via Crucis’ que cita Peris Carbonell es una serie pintada en 2014 y que, en cierto modo, es el origen de la muestra, como confirma el poeta dominico Antonio Praena, ahora al frente del espacio para las artes y la palabra de la Orden de Predicadores en Madrid. “Sí, pero al Via Crucis se suma una tabla más alusiva a la Resurrección. Y luego hay varias escenas de la vida de Francisco de Asís, que a mí me gustan mucho porque en ellas experimenta otro lenguaje más basado en la paleta, en el grumo, en las texturas. Son cuadros de una simplicidad enorme, como sin acabar, con la materia todavía sin expandir, con una paleta gruesa. Muy, muy interesantes”, asegura Praena.

“Y luego tenemos también varios ‘Ecce Homo’ en distintas formas narrativas –prosigue–. En la ‘Verónica’, llevada al formato del óleo. Un ‘Ecce Homo’ en acero corten muy expresivo, duro en sus aristas, pero a la vez con mucha presencia escénica, que toca los órganos sensoriales del espectador, casi los dedos”.

Peris Carbonell, maestro del expresionismo místico, expone en O_LUMEN ‘Por la cruz a la Luz’

En ‘Por la cruz a la Luz’, Peris Carbonell reúne hasta el 26 de febrero “una muestra de los dos mundos en los que trabajo”, describe el propio artista. Veintiséis obras de distintos formatos y épocas. “Contiene otras facetas de mi obra, igual de importantes que la mística, realizada en diversos países: desde El Cairo, Londres, Ámsterdam, París, muchísimos sitios, quería abarcar así una muestra conjunta de mi trayectoria personal”, declara.

La luz es la que une ambos mundos. Es Praena quien lo define. “Convive también con otras temáticas. Quizás es un material un poco ecléctico, pero que recoge su trayectoria. Y que tiene el denominador común de la luz. Esa luz es la meta y es la que también se proyecta desde el final, sobre todo a la visión de la realidad de las ciudades, de las playas, del campo, que Antonio tiene”.

Lo que sobresale es la mirada de Cristo. “El arte, si es religioso, siempre es evangelizador –afirma el pintor al valorar su obra–. Ya desde Giotto, que se expresó en unas formas de algún modo más infantiles, era su manera de que esa obra fuera comprendida. Era una lectura para quien no sabía leer en ese momento; a través de esa obra, podía conocer y asimilar lo que quería representar. La obra de arte siempre es así. Si es religiosa, siempre tiene un contenido, una trascendencia, pero es el espectador quien la tiene que descubrir”.

Peris Carbonell, maestro del expresionismo místico, expone en O_LUMEN ‘Por la cruz a la Luz’

Carbonell sostiene que, “de algún modo, las obras de arte, cuando están realizadas, las termina el propio visitante”. Su pintura es expresiva, busca la esencia, lo más profundo, y deja lugar a la mirada del espectador, a que penetre en esa obra y la culmine. “La propia persona que disfruta de la obra, en su casa o en un museo, hace su propia obra –insiste–. Es decir, el artista ha ofrecido una manifestación o un punto determinado, pero la obra siempre la terminará el espectador. Siempre”.

La esencia del paisaje

Lo mismo sucede, por ejemplo, ante un paisaje. “En esta exposición, vemos la faz de Cristo, que nos va a transmitir unas evidencias –sigue explicando–. Damos una vuelta, vemos un cuadro de Venecia, que nos transmitirá el ambiente veneciano, el carisma, la luz. Vemos otra obra, una marina, por ejemplo. Hay dos marinas: una pintada en la zona de Brasil y otra en el Mediterráneo. Si observas ambas, no tienen absolutamente nada que ver una con la otra. ¿Por qué? Porque está captada la esencia de lo que es el paisaje. Por eso se llaman obras expresionistas, porque expresa eso”.

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